'Reinas de España': María Josefa Amalia de Sajonia, poesía, inocencia y ataques nerviosos

Llegó a España con apenas 15 años para casarse con Fernando VII. Tímida, religiosa y muy inocente, nunca concibió el heredero que se esperaba. Palió su soledad escribiendo versos de dudosa calidad literaria

por Cristina Barreiro Gordillo, Universidad CEU - San Pablo /


María Josefa Amalia de Sajonia nació en Dresde, en el entonces Sacro Imperio Romano Germánico (hoy Alemania). Era la hija del soberano y con apenas tres años sufrió el duro golpe de la muerte de su madre. Criada en un instituto religioso cerca del río Elba –en Europa central- la niña salió del convento para desposarse con el Rey de España. Fernando acababa de enviudar de su tercera esposa, María Isabel de Braganza y había que concertar un nuevo matrimonio. El encargado de las negociaciones fue el Marqués de Cerralbo. La joven llegó a España en 1819 y contrajo matrimonio pocos días después. Había que apresurarse: aportaba una espléndida dote valorada en casi un millón de reales.

María Josefa Amalia de Sajonia

María Josefa Amalia de Sajonia, en un retrato de Vicente López Portaña.

De ojos claros, era guapa y culta. Pero también tímida, inocente y fervientemente religiosa. Mucho se ha escrito sobre la tormentosa noche de bodas que Amalia se vio obligada a pasar con el tosco Fernando VII y más de la intervención del Papa Pío VII en aras de consumar el matrimonio. Lo cierto es que no debió resultar sencillo para la alemana compartir alcoba con el abotijado Rey ducho en exhibir su afamada virilidad. La Reina cumplió, pero ni las batidas de Fernando ni las visitas a los balnearios de Solán de Cabras (Cuenca) y Sacedón (Guadalajara) en busca de la fertilidad buscada, bendijeron a la pareja con descendencia.

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En esos días, el liberalismo se abría camino en España de la mano de Riego y los militares. Fernando se veía forzado a jurar la Constitución y el país empezaba a marchar por 'la senda constitucional'. Sin embargo, el difícil equilibro internacional en esa Europa de Congresos forzaba una intervención francesa que, de la mano del Duque de Angulema –Luis Antonio de Borbón-  devolvía a Fernando el absolutismo en los asuntos de Gobierno. Los Reyes y la Corte se habían visto obligados a trasladarse a Sevilla y al Puerto de Santa María y ahora, regresaban flamantes a Madrid para reiniciar un periodo servil. Amalia de Sajonia siempre odió a los liberales.

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Era el año 1823 y la Reina no solo asistía con gusto a la creación de las Juntas de Depuración, sino que se vio obligada a ponerse en manos de curanderos que velaban por estimular su ansiada fertilidad. Presa de sus ataques nerviosos, temblores y miedos a las aglomeraciones, Amalia de Sajonia se refugió en la escritura de versos de carácter religioso. Editados por la Imprenta Real –no podía ser de otro modo- su calidad literaria fue siempre discutible pese a la supervisión previa de Juan Bautista Arriaza, maestro en artes literarias. Pero sus versos servían para exhibir su exacerbada religiosidad. Su obra se ha equiparado a la de María Estuardo o Isabel de Austria-Hungría, las Reinas que vertieron sus desvelos personales en la poesía.

María Josefa Amalia de Sajonia

Escribía versos de carácter religioso y dudosa calidad literaria (H. Cardón).

Josefa Amalia de Sajonia procuraba evitar cualquier evento festivo, aunque si acompañó al Rey en la visita a la Iglesia de San Miguel Arcángel de Villafranca del Ebro o a la vista al Hospital de Santa María de Esgueva en Valladolid, una de las muchas obras apadrinadas por la Junta de Beneficencia. En Madrid, la Reina apoyó la Inclusa de los niños, el Hospital de los Incurables y el Establecimiento de Ciegos. Porque eran días de mucha necesidad. En 1827 asistió con verdadero fervor a la inauguración de un altar dedicado a la Casa Real de Sajonia en la Iglesia de San Antonio de Aranjuez. Faltaba poco tiempo para su muerte.

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La Reina Amalia contrajo una pulmonía acompañada de fuertes fiebres. La trasladaron a Aranjuez donde las intensas lluvias de esa primavera desbordaron el río Tajo. La humedad y el ambiente eran irrespirables. María Josefa Amalia de Sajonia fallecía en mayo de 1829 a los veintiséis años. Al no haber concebido un heredero, sus restos reposan en el Panteón de Infantes del Monasterio del Escorial.