'Mujeres en la Historia': María Bellido, heroína popular de la batalla de Bailén

Representa a todas aquellas mujeres que arriesgaron su vida para curar heridas, llevar agua e insuflar ánimos a los combatientes españoles

por Daniel Arveras /


Participar en el fragor de una batalla debe de dar mucha sed. El gaznate tiene que secársele a uno a la fuerza por la angustia, el miedo, los gritos, el polvo, la fatiga y el sudor, los zumbidos y explosiones, los muertos y heridos que ves caer a tu lado, la adrenalina del combate, de encontrarte con el enemigo frente a frente, de saber que eres tú o él… y si la lucha se produce en Bailén (Jaén) a mediados de un tórrido mes de julio de 1808, imagínense. La canícula apretaba de lo lindo en los campos cercanos a Bailén en aquél inclemente estío de 1808, haciendo de la lucha por el agua una de las claves de dicha contienda. Así lo reflejan las crónicas de generales, soldados y testigos de la que sería la primera derrota militar en campo abierto de las hasta entonces invencibles tropas imperiales francesas.  

Escultura María Bellido

Escultura en recuerdo de María Bellido, heroína en la batalla de Bailén (@darveras). 

Además del acierto en el mando de los generales Castaño y Reding, así como el valor mostrado por las tropas españolas a sus órdenes, fue un factor  fundamental en el fragor de la batalla, cuando las temperaturas ascendían más allá de los cuarenta grados a pleno sol y provocaban el sobrecalentamiento de los cañones de tanto disparar y el desfallecimiento de los soldados, agotados y sedientos entre un mar de polvo ardiente.

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El pueblo de Bailén -sus hombres y, sobre todo, sus mujeres- ubicado en la retaguardia del ejército español jugó un papel fundamental para el desenlace final de la batalla que se libraba a sus pies. Dada la asfixia reinante durante las horas más críticas del combate, fueron muchas las lugareñas que se jugaron la vida para llevar agua fresca a las tropas extenuadas y también para enfriar un tanto los cañones y que éstos pudieran seguir disparando a los gabachos. 

Homenaje a las aguadoras

Fueron muchas las lugareñas que se jugaron la vida para ir a dar agua a las tropas en la batalla de Bailén (@darveras)

Es aquí donde emerge la figura de María Bellido, una de las aguadoras que cargada con cántaros de agua iba y venía por el campo de batalla para auxiliar a sus compatriotas, exponiéndose abiertamente a las balas y cañonazos que lanzaban los franceses desde sus líneas.

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Se cuenta –así ha llegado esta historia hasta nuestros días- que fue María Bellido quien se acercó al general Reding con su cántaro de agua para paliar la sed del ilustre militar, momento en el que una bala francesa acertó justo en su vasija, rompiéndola en mil pedazos. Impertérrita, la aguadora recogió un fragmento en el que quedaba un poco de agua y se lo ofreció al general, quedando éste admirado de su valor y prometiendo recompensarla.

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Pero… ¿quién era esta mujer? No seré yo quien niegue la veracidad de su acción, pues es cierto que hubo mujeres de la zona que se jugaron el tipo para socorrer a los soldados españoles que luchaban contra el invasor francés. Además, hay testimonios que recogen el hecho narrado anteriormente… lo único que ocurre es que se refleja la anécdota pero conocemos muy poco en realidad de aquella María Bellido. Parece que era originaria de Porcuna, localidad distante unos 40 kilómetros de Bailén y donde esta heroína tiene también una estatua en su honor. De ahí, tras casarse, pasó a vivir en Bailén y era apodada la “culiancha” por sus generosas caderas.

Visión general de la escultura en honor a María Bellido

Visión general de la escultura en honro a María Bellido en Bailén (@darveras). 

No mucho más se conoce a ciencia cierta sobre ella y se cree que falleció pocos meses después de la batalla. Sin embargo, la cultura popular sí que la conservó en la memoria y sus vecinos la tenían muy presente en 1862, cuando la reina Isabel II visitó Bailén. De hecho, el regalo que le hicieron a la soberana fue una vasija y bandeja de plata con la bala que había roto el cántaro de María Bellido 54 años antes. La conservaba María Josefa Malpesa. Esta mujer, posible sobrina de nuestra protagonista, había conservado aquella bala como un trofeo muchos años y recibió por ello una pensión vitalicia en enero de 1863 que comenzó a percibir meses después –ocho reales diarios-.

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Más allá de las dudas que todavía perduran sobre su verdadera identidad y biografía, María Bellido representa a todas aquellas mujeres que arriesgaron su vida para curar heridas, llevar agua e insuflar ánimos a los combatientes españoles en aquellas duras y ardientes jornadas de mediados de julio de 1808 en las cercanías de Bailén. De hecho, el escudo de Bailén incorporó un cántaro roto a su escudo municipal en recuerdo y homenaje a todas ellas. No es el único rastro presente en Bailén de María Bellido. Una escultura de ella portando su vasija agujereada preside una placita a la entrada de la ciudad. A sus pies, un estanque que, por supuesto, está seco… No es de extrañar, pues el intenso y habitual calor del verano en estas tierras apretaba fuerte cuando pasé por allí hace pocos días.

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En mi paseo por sus ardientes calles descubrí también una reciente obra que rinde también homenaje a María Bellido y, por ende, a todas aquellas aguadoras que se jugaron la vida en auxilio de los soldados españoles en el campo de batalla. Su valor y generosa acción contribuyó sin duda a decantar la reñida batalla hacia el bando de los españoles. 

Se trata de un gran mural a color que ocupa el muro lateral completo de un edificio del centro de Bailén, con unas dimensiones de 15 x 10 metros. En él se ve a una mujer cargada con dos tinajas rebosantes de agua. Sus caderas son generosas y la mujer aparece de espaldas, lo que me parece un gran acierto, ya que así todos los que la contemplen pueden imaginar a su antojo el verdadero rostro de aquella María Bellido. El autor es el jienense José Ríos y culminó su obra hace muy poco, en el mes de marzo de 2019.

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Si pasan por Bailén, deténganse a recordar los heroicos hechos que aquí tuvieron lugar hace ya 211 años y, por supuesto, no dejen de visitar a nuestra aguadora favorita, heroína de la batalla de Bailén en julio de 1808. Sobre la lucha en sí de aquellos días en los campos de Bailén quiero recomendarles escuchar una genial recreación realizada por el colega y amigo Javier Santamarta. Su narración es impresionante, trasladándonos el valor, la angustia, los cañonazos, los gritos, el polvo, el tórrido calor de aquellas horas, el heroísmo de hombres y mujeres… y la épica victoria final española. Les dejo el link.

Daniel Arveras es periodista y escritor. Su último libro es “Conquistadores olvidados. Personajes y hechos de la epopeya de las Indias”.