Atención conductores: estas son las averías que podéis causar sin daros cuenta

Si hay algo que los conductores temen es el paso por el taller, pero hay algo que pueden hacer para ahorrarse ese mal trago: corregir los malos hábitos al volante

por Elena S. Bartolomé /


Empiezan como un pequeño gesto al que no le damos importancia porque parece lógico e innato y acaba convirtiéndose en algo rutinario, en una de nuestras manías al volante. A veces, estas costumbres que adquirimos a medida que vamos recorriendo kilómetros son positivas, pero en otras ocasiones pueden perjudicar tanto al coche como al conductor… sin que éste se dé cuenta de ello. Estos malos hábitos (de los que muchas veces no somos conscientes) pueden ser los causantes de diferentes averías. Es hora de repasar cuántos de estos vicios has adquirido para evitarte un disgusto a ti y a tu bolsillo. Ya se sabe, más vale prevenir que curar.

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Conducir de forma equilibrada ayuda a no ir al taller antes de tiempo (Gtres).

Las formas al volante y el motor

Empecemos por lo más importante: el motor. Nuestra forma de conducir influye directamente sobre su vida útil y por lo tanto, cuando estemos al volante, tenemos que ser equilibrados. Los gestos bruscos, estirar el motor al máximo, conducir con las marchas incorrectas o abusar de los acelerones y frenazos hacen que toda la mecánica se desgaste más rápido y esto puede llevarnos al taller antes de tiempo, una vista que nos puede costar en torno a los 1.000 euros.

Por otro lado, acelerar con el motor frío acelera el desgaste interno del motor. Por ello, es mejor dar unos segundos al coche para que caliente el aceite, se expanda y al acelerar, el motor no se fuerce. Además, conducir con revoluciones muy bajas puede dañar el propulsor. Si tenemos un coche diésel tendrá consecuencias directas sobre la vida útil de la válvula EGR, que acumula la carbonilla, y sobre la del catalizador, algo que también ocurre con los de gasolina. A esto hay que añadir que puede provocar la saturación del filtro de partículas o dañar el cigüeñal o las bielas.

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El pie y el embrague

Muchas veces no nos damos cuenta, pero cuando estamos al volante hay un gesto que se repite con frecuencia: apoyar levemente el pie izquierdo en el embrague, incluso cuando estamos parados. Esto genera fricciones y rozamientos en la parte interna del disco del embrague que puede obligarnos a pasar por el taller antes de tiempo y desembolsar, de media, unos 400 euros, que es lo que cuesta cambiar el embrague.

La mano y la palanca de cambio

Coger bien el volante es clave, no sólo para llevar a cabo una conducción correcta y, sobre todo, segura, sino para cuidar la caja de cambios. En algunas ocasiones nos olvidamos que las manos deben situarse en la misma posición que las agujas de un reloj cuando marcan las 9:15 y buscamos una postura más cómoda como, por ejemplo, llevar la mano derecha en la palanca de cambios. Esto puede causar holguras en elementos como los engranajes o los rodamientos, que están situados entre la palanca y la caja de cambios… cuyo coste de reparación puede llegar a los 1.500 euros.

La acera y las suspensiones

Aparcar el coche en la calle puede convertirse, en algunas ocasiones, en todo un reto. Y más aún en las grandes ciudades. Dentro de la amplia gama de maniobras que muchos conductores se ven obligados a realizar, está la de subir el coche a la acera. Además de ser una práctica incorrecta, es algo que perjudica al vehículo porque cuando las ruedas no están a la misma altura las suspensiones sufren más de la cuenta, algo que se agudiza cuando el desnivel supera los 5 centímetros. Además, pasar por encima de los badenes a una velocidad inadecuada también perjudica a las suspensiones y a los ejes, entre otros elementos.

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Aparcar mal perjudica de forma directa a las suspensiones del coche (Gtres).


Ojo con los líquidos

En otras ocasiones hemos recalcado la importancia de cuidar los líquidos del coche y esta vez no va a ser menos. Un despiste en esa vigilancia llevará nuestro vehículo al taller cuando se podría haber evitado. 

  • Anticongelante: hay que ser especialmente precavido en los meses más fríos porque las bajas temperaturas pueden llegar a congelar el agua rompiendo la parte más débil: el manguito. La reparación no es muy cara, pero si la rotura se produce mientras conducimos puede suponer la completa pérdida del líquido y una avería más cara y grave.
  • Aceite: su recalentamiento puede causar problemas más graves; además, si al comprobarlo regularmente tiene un color oscuro o lleno de impurezas, algo no va bien.
  • Combustible: el 26% de las averías más comunes están provocadas por una negligencia, error o despiste al repostar. Una equivocación que puede llegar a costar 400 euros ya que hay que limpiar el depósito y los conductos además de cambiar el combustible y los filtros.

Cuidado con los neumáticos

Los neumáticos son el punto de contacto del coche con el suelo y esto influye directamente en la conducción. Si las ruedas no tienen la presión adecuada o están demasiado gastadas, durarán menos y el coche responderá peor. A esto hay que añadir que pueden causar malformaciones que generen vibraciones o un pinchazo en marcha.