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'Mujeres en la Historia': Doña Sancha, doña Urraca y doña Elvira, las tres infantas de León

Doña Sancha fue reina de León y madre de doña Urraca y doña Elvira

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Infantas de León

Conjunto escultórico en León en homenaje a las tres infantas

© Daniel Arveras

Una moderna y singular escultura, ubicada en las cercanías de la colegiata de San Isidoro, forma parte del rico recorrido monumental, histórico y artístico que uno debe realizar por la bella ciudad de León. Tres figuras femeninas de estilizadas y angulosas formas hacen detenerse al paseante para contemplarlas mientras con curiosidad se pregunta quiénes son y cuál es la razón de que estén allí. La ya desgastada placa del suelo nos lo indica, "Doña Elvira, doña Urraca, doña Sancha, infantas de León", además de los apellidos de la autora del conjunto escultórico, Parada Morollón, y la fecha de su obra, diciembre del año 2002.

Un reciente homenaje para tres mujeres importantes en la historia de aquel reino de León que nació en el siglo X. Las damas aquí representadas fueron infantas de León y una de ellas también fue reina, desempeñando roles relevantes en aquellos tiempos trufados de disputas entre familias, reinos y señoríos del siglo XI en el que vivieron. Permítanme hacer una breve semblanza de ellas, una muy somera aproximación a sus vidas, al contemplar mil años después sus estampas en su León natal. Para situarnos, déjenme apuntarles que doña Sancha fue reina de León y madre de las infantas doña Elvira y doña Urraca. Así, no es casualidad que la escultura nos muestre a doña Sancha frente a sus dos hijas y tampoco lo es que un servidor comience por referirme a ella.

Doña Sancha (1018-1067) fue infanta de León y además hija, hermana y madre de reyes. Por si fuera poco, también fue reina. Su hermano mayor Bermudo III fue quien primero sucedió en la corona leonesa a su padre Alfonso V en 1028 mientras Sancha se criaba como infanta. El condado de Castilla había pasado por entonces a Fernando, hijo de Sancho III de Pamplona, y ambos soberanos, Bermudo y Sancho, acordaron el matrimonio entre Fernando y Sancha. Así sucedió, siendo ungido Fernando como rey de León en 1038 tras la muerte de Bermudo, ya que este no tenía descendencia, haciendo valer el castellano los derechos de su esposa Sancha sobre el reino de León. A este matrimonio entre Fernando y Sancha, reyes de León, se debe la construcción de la colegiata románica de San Isidoro, donde se trasladaron los restos del santo hispalense, doctor de la Iglesia, por iniciativa de los monarcas.

A la muerte de Fernando en 1063 siguió la de Sancha en 1067, siguiéndose la voluntad dejada por el rey en su testamento. Es decir, se dividió su extenso patrimonio territorial entre sus vástagos. Así, a Sancho le dejaron Castilla; a Alfonso, León; a García, Galicia... y a sus hijas, Urraca y Elvira, los señoríos de Zamora y Toro, respectivamente. Sancho, el primogénito de entre los varones considero injusto dicho reparto, ya que anhelaba heredar todo y no repartir los reinos con sus hermanos. Las tensiones estaban servidas y pronto comenzaron entre ellos, sucediéndose siete años de conflictos.

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La placa donde se recuerda a las infantas está junto a las estatuas ©Daniel Arveras

Sancho II, apodado 'el fuerte', nombró a Rodrigo Díaz de Vivar alférez real, personaje clave para vencer batallas y extender los dominios de su señor. Así, además de ser el primer rey de Castilla entre 1065 y 1072, Sancho fue rey de Galicia tras arrebatársela a su hermano García en 1071 y también de León en 1072 tras derrotar a su hermano Alfonso. Sancho había logrado unificar y asumir los tres reinos legados por su padre Fernando I, aunque fallecería asesinado muy pronto, en el sitio de Zamora.

Doña Urraca (1033-1101), fue la mayor de todos los hijos de los reyes Fernando y Sancha. Infanta de León, a ella le correspondió en herencia el señorío sobre la ciudad de Zamora así como sobre todos los monasterios del reino junto a su hermana Elvira. La condición para ello es que nunca se casaran. Más cercana y encariñada con su hermano menor Alfonso -malas lenguas y enemigos diversos la acusaron incluso de mantener relaciones incestuosas con él- fue su consejera y protectora al desatarse el enfrentamiento entre sus hermanos Alfonso y Sancho. Tras huir un derrotado Alfonso a Toledo, Sancho puso cerco a Zamora durante varios meses sin poder tomar la ciudad por la fiera defensa que plantaron doña Urraca y los suyos. De hecho, durante el asedio, Sancho encontraría la muerte tras ser apuñalado a traición por el leonés Vellido Dolfos.

Tras la muerte de Sancho, su hermano Alfonso recuperaría el reino de León y siempre tuvo cerca a su hermana doña Urraca, como asesora en diferentes asuntos de su gobernación. La infanta es también célebre por el 'cáliz de doña Urraca', espectacular muestra de orfebrería románica que se conserva y puede admirarse en el museo de San Isidoro de León. El rico aspecto que hoy presenta se debe a las propias joyas que doña Urraca donó para su realce y ornato. Según algunos historiadores e investigadores podría ser incluso el santo grial, la copa que utilizó Jesús en la última cena con sus discípulos, ya que su peana y el cuenco son piezas muy antiguas, de aquellos tiempos. Para otros es un fraude y no es posible que así sea…

Doña Elvira (1038-1099), fue también infanta de León y, tras la muerte de sus padres, recibió el señorío de ciudad de Toro y sobre los monasterios del reino junto a su hermana Urraca. En las guerras civiles entre sus hermanos, la ciudad de Toro fue tomada por Sancho, aunque tras su muerte Elvira volvió a asumir el dominio sobre su señorío. Fallecida en 1099, doña Elvira realizó numerosas donaciones a iglesias y monasterios, al igual que su hermana doña Urraca.

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Estatua de Doña Sancha en la Plaza de Oriente de Madrid ©Daniel Arveras

Doña Sancha, doña Urraca y doña Elvira descansan hoy en el panteón real de San Isidoro de León, compartiendo su última morada, junto a otros muchos miembros de la realeza leonesa. Tiro de hemeroteca y leo sobre el acto de inauguración de esta escultura de las tres infantas de León en marzo del año 2003. Políticos de turno al margen –no me interesa mucho lo que digan o les hayan escrito para que digan- el abad de la Colegiata de San Isidoro, Antonio Viñayo, resaltó que estas tres mujeres "eran lo más selecto del pueblo leonés", encargadas de gobernar y administrar todos los monasterios del reino, lo que las hacía ostentar un gran poder. Además, el abad recordó que gracias a ellas fue ampliándose y cobrando importancia la colegiata de San Isidoro, entre otras razones por el apoyo y donaciones que recibieron de las infantas (cáliz de doña Urraca incluido).

Por su parte, la autora de la obra, María Salud Parada, declaró que doña Sancha, doña Urraca y doña Elvira eran "muy espirituales, piadosas y muy cultas", reclamando una mayor atención y estudio sobre ellas así como de otros personajes relevantes del reino de León. Cuando paseen por León acérquense a saludarlas, recuerden sus historias y el importante papel que desempeñaron hace mil años, en un mundo fundamentalmente de hombres...

Daniel Arveras es periodista y escritor. Su último libro es 'Conquistadores olvidados. Personajes y hechos de la epopeya de las Indias'.