'Reinas de España': Los amores de Isabel II

Sobrados son los comentarios que han quedado en el imaginario popular. Casada con su primo, jamás soportó este matrimonio a cuyas desavenencias se atribuye –entre otras causas- el fracaso de su reinado

por Cristina Barreiro, Universidad CEU - San Pablo /


Isabel II era desenvuelta, apasionada y temperamental. Reina desde los tres años, en su infancia fue una niña consentida por tutores y preceptores que trataban de cubrir la ausencia de su madre. Pero al llegar a cierta edad adulta –los catorce años en los que pasó a desempeñar la titularidad de la corona- su matrimonio se convirtió en una cuestión de estado. La joven era un juguete con el que no se podía alterar el equilibrio europeo en un tiempo marcado por las revoluciones liberales y los movimientos románticos.

Isabel II

Isabel II con su marido, Francisco de Asís de Borbón (Wikimedia Commons).

La autoritaria María Cristina de Nápoles ahora sí intervenía en el casamiento de sus hijas y eligió para la mayor y Reina al apocado Francisco de Asís de Borbón, su primo (hijo del Infante Francisco de Paula y su sobrina Luisa Carlota, princesa de las Dos Sicilias). El fracaso estaba asegurado. Dicen que la joven le espetó a su madre: "He cedido como Reina pero no como mujer". La boda se celebró en 1846 en el Palacio Real y desde el principio, la llamada 'cuestión de palacio' resultó una catástrofe. Su hermana Luisa Fernanda saldría mejor parada al contraer, en esa misma jornada, matrimonio con el conspicuo Antonio de Orleans, Duque de Montpensier.

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Sabidas eran las sensibilidades amorosas del Rey consorte, de atildada presencia y afectuosidad marcada hacia el joven Antonio Meneses. La elección para Isabel no había podido ser más desafortunada. Francisco se instaló en el palacio segoviano de Río Frío mientras la Reina prefería Aranjuez para sus devaneos festivos con secretarios, ministros y gobernadores. Fue el líder progresista Salustiano Olózaga quien la inició en las artes amorosas en un episodio oscuro de su biografía. El general Serrano - "mi general bonito", como ella le apodaba- fue siempre su gran amor, aunque este llegase a traicionarla -a ella y a la causa borbónica- en los tiempos de La Gloriosa.

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Castiza y algo chabacana, mostraba en reuniones y consejos una ardiente sensualidad entendida como frivolidad en todas sus intervenciones institucionales. Isabel tuvo doce embarazos atribuidos, entre otros, al compositor Emilio Arrieta, el gobernador y ministro de Ultramar Carlos Marfori, el capitán José María Ruiz de Arana ("el pollo Arana"), el secretario Miguel Tenorio o el capitán Enrique Puig Moltó ("el pollo real"), considerado el padre biológico de Alfonso XII. Su vida llegó a convertirse en un desbaratado festín en el que las decisiones de alcoba, como la guerra de África, iban minando la imagen de la Reina. Leopoldo O'Donnell fue también resultado de sus desvelos. Tuvo muchos amantes y en cientos de ocasiones confesó su corazón roto a personajes intrigantes de la Corte como sor Patrocinio o su confesor, el padre Claret. Pero lo cierto es que esa "ligereza de costumbres" era normal en la aristocracia y realeza de la época.

Isabel II

Caricatura de las disputas por la sucesión, publicada en la revista satírica 'La Flaca'.

Isabel no era tonta. Carecía de instrucción, pero tenía cierto olfato político. Sin embargo, sus virtudes resultaron insuficientes para frenar el impulso revolucionario que progresistas, unionistas y demócratas habían puesto en marcha. Las caricaturas de los hermanos Bécquer, una serie de acuarelas de alto contenido satírico y pornográfico, fueron la puntilla. El triunfo de La Gloriosa en septiembre de 1868 terminaba con Isabel II y toda su familia en el exilio. La Reina se instaló con sus hijos en un palacete – "mi palacio de Castilla", decía- en el corazón de los Campos Elíseos.

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Su marido, el Rey consorte Francisco de Asís -a quien aborrecía- vivía en el Palacio de Epinay, una elitista zona a las afueras de París. Lo hacía en compañía de su fiel Meneses. Durante todo el tiempo que permaneció fuera de España, continuó manifestando su gran sensibilidad por el arte y recibió las visitas frecuentes de las Infantas Isabel, Paz y Eulalia y también del Rey Alfonso XII, a los que siempre reconoció como hijos. Francisco de Asís falleció en abril de 1902, dos años antes que Isabel II. Pese a las desavenencias y separación efectiva, sus restos reposan también en el Panteón Real del Monasterio de El Escorial.