'Mujeres en la Historia': Francisca Pizarro Yupanqui, mucho más que la hija del conquistador del Perú

Se convirtió en la máxima representante de una nobleza mestiza que se iba asentando en España en tiempos de Felipe II

por Daniel Arveras /


El extremeño Francisco Pizarro (Trujillo, 1478–Lima, 1541) era un veterano de las Indias cuando comenzó la conquista del Birú (Perú), uno de los denominados baquianos por su larga estancia y participación en diferentes expediciones de exploración por el Nuevo Mundo. Pasada la cincuentena, se mantenía soltero y no se conoce hasta entonces ninguna mujer especial en su vida. Los cronistas más bien reflejan el carácter adusto del extremeño y su escasa o no significativa afición por el encuentro carnal –si me permiten la expresión- lo contrario de lo que ocurría con muchos otros conquistadores. Además, Francisco Pizarro nunca se casó.

Francisca Pizarro Yupanqui

El imponente escudo esquinero del palacio de la Conquista. Junto a él figuran los bustos de Francisco Pizarro, Quispe Sisa, Hernando Pizarro y Francisca Pizarro Yupanqui (Daniel Arveras).

Sin embargo, sí tuvo hijos durante la conquista del imperio inca, su hazaña más recordada y por la que pasó a la historia. Fue en Cajamarca cuando el cautivo Atahualpa le ofreció a una de sus hermanas como presente y el trujillano la aceptó por la alta alcurnia de aquella mujer y los beneficios que podía sacar de esa unión. Ella era Quispe Sisa, hija del fallecido Huayna Cápac, último gran mandatario del incario antes de la disputa entre sus hijos Huáscar y Atahualpa por heredar aquellos inmensos dominios. Fue bautizada como Inés Huaylas y le dio a Pizarro dos hijos: Francisca Pizarro Yupanqui y Gonzalo, que murió de niño.

Francisca Pizarro Yupanqui nació en Jauja 1534 y su padre le procuró una educación cortesana y elevada. Pronto fue legitimada aquella niña como hija de Francisco Pizarro junto a su hermano Gonzalo por cédula del emperador en 1537. Este importante reconocimiento coincidió en el tiempo con la separación de su madre, pues el conquistador entregó a Inés Huaylas a su capitán Francisco de Ampuero, con quien se casaría y tendría tres hijos más.

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Así pues, apartada de su madre cuando comenzaba a balbucear sus primeras palabras, fue criada en la incipiente corte de la Ciudad de los Reyes –Lima- bajo el amparo de su padre y de su entorno más cercano. Sin embargo, un hecho cambió su destino para siempre: Francisco Pizarro era asesinado en su propio palacio por Diego de Almagro 'el Mozo' y sus partidarios en 1541. Francisca fue protegida de un destino funesto por Inés Muñoz, cuñada del conquistador, quien la puso a salvo junto a su hermanito Gonzalo y la sacó de la convulsa Lima. Tenía entonces tan sólo siete años de edad y era la niña mestiza más afamada y refinada del Perú, pues había recibido una esmerada educación en letras, música y arte.

También gozó de la protección de su tío Gonzalo Pizarro, quien incluso valoraba casarse con ella cuando pasaran unos años para consolidar su poder y aunar el inmenso patrimonio que entre ambos atesoraban. Gonzalo no pudo nunca consolidar esa idea al fracasar su rebelión de los encomenderos y ser degollado en 1548. En aquellos años, la joven Francisca se había vuelto a reunir con su madre y vivió un tiempo con ella y su padrastro, Francisco de Ampuero. Ante la inestable y peligrosa situación que vivía el Perú en aquellos años, la Corona decidió que lo mejor era que los dos hijos de Francisco Pizarro –Francisca y Gonzalo- se trasladaran a España, pues su presencia en el Perú podría provocar tensiones, nuevas revueltas o convertirse en objetos muy codiciados por los numerosos personajes que pululaban por aquellas tierras.

Francisca Pizarro Yupanqui

La estatua ecuestre de Francisco Pizarro en la localidad cacereña de Trujillo (Daniel Arveras).

Su madre, Inés Huaylas, y su esposo Francisco de Ampuero cumplieron el encargo de la Corona en 1551 y se embarcaron hacia España junto a los hijos del conquistador asesinado para que estos pudieran llevar una vida mucho más tranquila que en el pendenciero Perú de entonces. Enterado de su llegada, su tío Hernando Pizarro la puso bajo el cuidado de su hermana, aunque muy pronto vio en ella la mejor opción para incrementar su ya elevada fortuna y perpetuar por vía directa el linaje de los Pizarro, conquistadores del Perú. Vamos... lo que había pretendido hacer su hermano Gonzalo años antes. Él, único hermano vivo de su padre, lo iba a conseguir.

Francisca Pizarro Yupanqui contaba entonces con 18 años y su tío Hernando Pizarro rondaba los cincuenta. Aquella diferencia de edad no era infrecuente en muchos matrimonios que, como aquel, tenían claros visos de conveniencia mutua. Y el hecho de su parentesco tan estrecho no era óbice para el casamiento si se pedía la dispensa papal oportuna, que solía llegar si se regaba con una generosa aportación monetaria por parte del interesado. Así ocurrió finalmente. Tío y sobrina se casaron en el castillo de la Mota de Medina del Campo en 1552. ¿Por qué allí? Sencillamente –no se lo había dicho antes- porque en ese lugar cumplía pena de cárcel desde hacía unos años Hernando, condenado por el asesinato de Diego de Almagro en el Perú y por diversos abusos, además de fraudes contra la hacienda real.

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Pese a dicha condena, el mayor de los hermanos Pizarro conservaba un gran poder, influencias y altas rentas provenientes del Perú. De hecho, desde la cárcel y a través de una numerosa correspondencia, daba instrucciones a sus apoderados en el Perú y también en España para sacar el mayor provecho a sus tierras y diversas posesiones, además de gestionar y pleitear incansablemente por el patrimonio familiar. A este quehacer sumó la conservación y el provecho que había que sacarle a las múltiples propiedades y encomiendas de su ya esposa Francisca, hija y heredera legal de su hermano Francisco. Hernando gozó de bastante libertad de movimientos durante su cautiverio y pudo tener a su joven esposa junto a él, en una especie de condena voluntaria que ella aceptó. Así, en aquel castillo de la Mota nacieron los hijos de esta singular pareja, seis nada menos, aunque varios de ellos morirían de niños allí mismo.

Al fin, en mayo de 1561 Hernando fue liberado y se trasladó junto a su esposa e hijos a sus posesiones en Extremadura, en concreto al palacio de la Zarza heredado de su padre Gonzalo. Desde este lugar mandaron construir el célebre palacio de la Conquista, ubicado en la Plaza Mayor de la cercana Trujillo y donde vivió el matrimonio unos años. En 1578 cambió de nuevo la vida de Francisca, pues fallecía su esposo Hernando Pizarro, una de las fortunas más importantes de España, legando innumerables propiedades y rentas a sus herederos. Su esposa, Francisca Pizarro Yupanqui, contaba con 44 años y era también inmensamente rica.

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Es entonces cuando Francisca toma definitivamente las riendas de su destino y decide que su estancia en Trujillo debe terminar. Quiere codearse con lo más granado de la corte del todopoderoso Felipe II. Así, acuerda dos matrimonios para formar parte activa de la alta sociedad de la capital: su hijo mayor Francisco se casaría con la hija del conde de Puñonrostro –familia noble muy bien relacionada aunque venida a menos en lo económico- y ella misma, en una decisión que sorprendió a muchos, se casaría con el hermano mayor de su nuera en 1581.

Así ocurrió, llevando una vida social intensa, de boato y lujos en Madrid. El dinero le sobraba y no escatimó en gastos para relacionarse y agasajar a los más elevados personajes de aquellos años. Ella, que había luchado tantos años por recuperar y consolidar su inmenso patrimonio, quería ahora vivir y disfrutar, convirtiéndose en la máxima representante de una nobleza mestiza que se iba asentando en España. De esta manera vivió sus últimos años, destacando por su inteligencia, educación y la madura belleza misteriosa producto de su mezcla de sangres entre el Viejo y el Nuevo Mundo. La hija del conquistador del Perú, Francisco Pizarro, y de la ñusta o princesa inca, Quispe Sisa, murió en 1598, curiosamente el mismo año que Felipe II.

Daniel Arveras es periodista y escritor. Su último libro es 'Conquistadores olvidados. Personajes y hechos de la epopeya de las Indias'.