Sea of Solitude, cuando los videojuegos son un arte

El título multiplataforma de Electronic Arts pone al jugador en la piel de una heroína solitaria enfrentada a la depresión y sus causas

por Ismael Marinero Medina /


Los videojuegos son cultura. Lo dice Ana Santos, directora de la Biblioteca Nacional, que quiere que la institución albergue lo que considera un “valor cultural importantísimo como creación artística”. Y lo son sobre todo gracias a títulos como el reciente Sea of Solitude, desarrollado por el estudio independiente Jo-Mei Games y publicado por EA Originals, que se salen de la norma y presentan experiencias más ambiciosas y trascendentes que el habitual juego de disparos o las licencias deportivas.

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El título está disponible en PC, Xbox One y PS4 (Jo-Mei Games/EA Originals).

Kay, la protagonista, se despierta dentro de una barca de remos en una ciudad sin nombre, devastada por las tormentas y casi completamente sumergida en el agua. Utilizando una bengala, que funciona como fuente de luz en un mundo amenazado por la oscuridad, nuestra heroína comienza la búsqueda de una salida, mientras una siniestra criatura marina sigue cada uno de sus movimientos, lista para devorarla.

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Los monstruos, encarnación de la profunda depresión que sufre Kay, pueden dañarla físicamente, pero como jugador nunca utilizas la violencia, sino que debes atraer a tus enemigos a la luz o evitarlos por completo. Tu cometido es explorar una ciudad hundida inspirada en Berlín, saltar a través de los tejados o zambullirte en aguas turbulentas, con cuidado de no caer en las fauces de ese ser que acecha bajo la superficie. A la vez, irás transformando ese lugar oscuro y tormentoso en el que despiertas en un oasis urbano soleado y de colores pastel.

A medida que avanza la aventura, Kay se da cuenta de que este extraño mundo también alberga a su familia, que se encuentra en un estado similar al suyo. Escenarios como la destartalada oficina de su padre simbolizan no sólo los estados de ánimo de sus seres queridos, sino también una fuente potencial de problemas en forma de recuerdos desagradables y relaciones conflictivas.

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Sea of Solitude, diseñado por la alemana Cornelia Geppert, es similar al mítico Shadow of the Colossus de Playstation 2, en cuanto a que los monstruos gigantes a los que te enfrentas no son en el fondo un enemigo a vencer y que luchar por luchar no significa tener éxito. Sin embargo, esa originalidad se ve socavada en cierta medida por las mecánicas del juego, que consisten en eliminar una mancha oscura tras otra y ayudar así a Kay a superar su soledad. Es una concesión a lo que nos solemos encontrar en los videojuegos convencionales, donde los jugadores necesitan una forma obvia y repetitiva de ir avanzando hacia algún tipo de final.

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El encuentro con el lobo gigante es uno de los más trascendentales de todo el juego (Jo-Mei Games/EA Originals).

Sea of Solitude es a ratos surrealista y a ratos escalofriante y va diseccionando a través de metáforas visuales y encuentros con otros personajes temas de tanto calado como el divorcio, las ideas suicidas o el acoso escolar. El mensaje que lanza es una respuesta, más o menos elaborada, contra las simplezas de los libros de autoayuda, esos que garantizan que siempre estaremos bien si seguimos unas pautas y lo deseamos con toda nuestra fuerza. Sea of Solitude viene a decir que, aunque estemos mal, debemos confrontar nuestros miedos y reconocer los errores del pasado. A veces ganaremos, otras perderemos, pero nunca debemos rendirnos.