'Mujeres en la Historia': María de Estrada, valiente soldado de Hernán Cortés

Esta española que formó parte de las huestes del conquistador extremeño y varios cronistas de la época la citan

por Daniel Arveras /


Cuando se cumplen 500 años de la llegada de Hernán Cortés y su expedición a tierras del actual México, quiero recordar a algunas de las mujeres que le acompañaron en aquella extraordinaria gesta. Esta serie de “Mujeres en la Historia” comenzó precisamente con la más célebre, con doña Marina –la Malinche- traductora y consejera del hidalgo extremeño que jugó un papel determinante para la conquista de aquél territorio. Pero hubo otras que tenemos menos frescas en nuestra memoria.

María de Estrada

María de Estrada, junto a Hernán Cortés, en un fragmento del lienzo de Tlaxcala.

En esta ocasión, quiero referirme a María de Estrada, mujer citada por varios cronistas de la época como una de las pocas españolas que formaron parte de las huestes de Hernán Cortés. A través de diferentes textos posteriores a aquellos hechos, nos ha llegado a nuestros días su imagen de mujer valiente, que no duda en tomar la espada como cualquier soldado cuando el peligro es más inminente en lugar de ponerse a salvo en la retaguardia.

Como en tantas ocasiones, las sombras se ciernen sobre buena parte de su biografía hasta que aparece inmersa en la conquista de México. Diferentes historiadores e investigadores apuntan como más factible que fuera de origen sevillano y que se embarcara hacia las Indias, concretamente a la isla de la Española, junto a su hermano Francisco en la primera década del siglo XVI. Como tantos otros, buscando una vida mejor...

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Posteriormente, María de Estrada aparece en Cuba, cuando se está explorando esta isla por parte de los españoles y es capturada por un cacique local junto a otros soldados, sufriendo cautiverio durante varios años. Así lo indica Bernal Díaz del Castillo en su “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España” cuando la cita sin nombrarla expresamente. Deducimos que es ella porque efectivamente se casó con el hombre que refiere Bernal...

“Yo conocí a la mujer, que, después de ganada la isla de Cuba, se quitó el cacique de poder de quien estaba, y la vi casada en la misma isla de Cuba, en una villa que se dice de Trinidad, con un vecino della que se decía Pedro Sánchez Farfán”. Poco después, su esposo y ella se unen desde Cuba a la expedición de Hernán Cortés y ambos participan en hechos significativos de la conquista de aquellas tierras. Así, Sánchez Farfán es a quien se rinde un herido Pánfilo de Narváez cuando se ve ya perdido junto a sus hombres, también es quien custodia al nuevo señor de Texcoco puesto por los españoles, y luego protege junto a su esposa la posterior llegada de refuerzos y víveres desde Tlaxcala tras la batalla de Otumba.

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Pero volvamos a María de Estrada y el porqué ha pasado a la Historia. Básicamente por el heroísmo que mostró en los momentos más críticos de la conquista de México, luchando como uno más por su vida, espada en mano, sin arredrarse ante el sonido incesante de los tambores y las riadas de mexicas que se abalanzaban en oleadas incesantes sobre los españoles. Sí, me estoy refiriendo a la célebre “noche triste” del 30 de junio de 1520 y a la posterior batalla de Otumba, dos de las situaciones más extremas afrontadas por los españoles y sus aliados tlaxaltecas. El soldado y cronista Bernal Díaz del Castillo, testigo de vista de todo ello, la cita con alegría y alivio en su obra cuando recuerda cómo se halló entre los supervivientes tras la dramática noche en la que cientos perecieron escapando de Tenochtitlan… “Pues olvidado me he de escribir el contento que recibimos de ver viva a nuestra doña Marina y a doña Luisa, la hija de Xicotenga, que las escaparon los puentes unos tlaxaltecas, y también una mujer que se decía María de Estrada, que no teníamos otra mujer de Castilla en México sino aquella”.

Fue precisamente después de aquella huida sangrienta de los españoles de Tenochtitlán cuando Hernán Cortés quiso mandarla a Tlaxcala para ponerla a salvo. Es en ese momento tan crítico para los españoles cuando el cronista Cervantes de Salazar pone en boca de María esta contundente respuesta: “No es bien, señor capitán, que mujeres dejen a sus maridos yendo a la guerra; donde ellos murieron moriremos nosotras y es razón que los indios entiendan que somos tan valientes los españoles que hasta las mujeres saben pelear”.

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Sobre estas palabras tan épicas escritas por Francisco Cervantes de Salazar deberían tomar con cautela su literalidad, ya que el cronista toledano no conoció a la susodicha, muerta bastantes años antes de que escribiera su “Crónica de la Nueva España”. Sin embargo, sí que tuvo acceso a numerosos escritos y testimonios sobre la conquista de aquél territorio, además de conocer a Hernán Cortés en sus últimos años de vida y también a Andrés de Tapia, fiel soldado del extremeño y a algún otro conquistador veterano, tanto en España como en México, donde llegó a ser rector de la Universidad. Con esas fuentes compuso su obra y resaltó en esa frase ya inmortal la entereza, gallardía y valor de María de Estrada.

Otro cronista, Diego Muñoz Camargo –hijo de un conquistador español y una india tlaxalteca- escribió en su “Historia de Tlaxcala” sobre María de Estrada y su coraje en la noche triste... “En esta tan temeraria noche triste, mataron a un paje de Hernán Cortés delante de sus ojos, llamado Juan de Salazar, donde asimismo se mostró valerosamente una señora llamada María de Estrada, haciendo maravillosos y hazañeros hechos con una espada y una rodela en las manos, peleando valerosamente con tanta furia y ánimo, que excedía el esfuerzo de cualquier varón, por esforzado y animoso que fuera, que a los propios nuestros ponía espanto...”

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El mismo cronista destaca su papel y tremendo arrojo en la batalla de Otumba que aconteció poco después... “A caballo y con una lanza en las manos, digno por cierto de eterna fama e inmortal memoria”. Y el insigne cronista Juan de Torquemada no obvió citarla en su obra fundamental “Monarquía Indiana”... “Tenía tanto coraje y ánimo en la batalla como si fuese uno de los más valientes del mundo”. En fin, lo que es más que evidente es que María de Estrada fue una de las pocas mujeres que siguieron a su esposo enrolado en la conquista de México comandada por Hernán Cortés, vivió mil peligros y penurias, tomó la espada cuando la situación lo requirió con gran valor y consiguió sobrevivir a aquellos trágicos hechos.

No fue ella la única mujer, aunque sí de las más nombradas y recordadas por los cronistas. Conquistado al fin Tenochtitlán en agosto de 1521, hubo banquete por todo lo alto de los vencedores. Habían llegado provisiones: vino, cerdos, maíz, pavos… y participaron los principales capitanes y soldados, además de las pocas mujeres supervivientes, entre ellas María de Estrada, Francisca, hermana de Diego de Ordás y las “Bermudas”. Corrió el vino, y hubo alegres bailes entre los soldados aún armados y las pocas damas citadas.

Por este testimonio y otros que se conservan, sabemos que en torno a una docena de mujeres españolas formaron parte de las tropas de Hernán Cortés durante la conquista de México, muriendo la mitad en aquellas feroces luchas contra los mexicas. Cinco de ellas fueron sacrificadas con gran tormento, tal y como refiere Bernal Díaz del Castillo. ¿Qué fue de María de Estrada? Fue recompensada por Hernán Cortés con algunas encomiendas –Hueyapan. Nepupualco y Tetela del Volcán- que le reportaron una reseñable fortuna. Pronto quedó viuda de Sánchez Farfán y se casó de nuevo con Alonso Martín, con el que vivió en Puebla hasta su muerte pocos años después.

Daniel Arveras es periodista y escritor. Su último libro es “Conquistadores olvidados. Personajes y hechos de la epopeya de las Indias”.