Poniendo límites al 'Gran Hermano': el reconocimiento facial en el espacio público, en entredicho

La tecnología que permite verificar la identidad de una persona a partir de una imagen digital choca contra derechos fundamentales en Europa y Estados Unidos

por Ismael Marinero /


El reconocimiento facial sigue abriéndose paso, aun a riesgo de atentar contra la privacidad de los ciudadanos. Lo usamos para desbloquear nuestros móviles, para sacar dinero en cajeros automáticos y lo empiezan a implementar los cuerpos de seguridad del Estado, que han encontrado en esta tecnología un recurso muy útil contra la delincuencia y el terrorismo. Mientras China perfecciona sus propios sistemas, presentes en la mayoría de grandes ciudades del gigante asiático, el resto del mundo se plantea cuáles deberían ser sus límites y hasta qué punto está en juego nuestro anonimato.

Una cámara de reconocimiento facial en Berlín

Una cámara del sistema de reconocimiento facial presente en la estación de trenes de Südkreuz en Berlín (Getty Images)

En la última semana, dos noticias han vuelto a poner sobre la mesa el difícil equilibrio entre seguridad y privacidad. San Francisco, hogar de algunas de las mayores empresas tecnológicas del mundo, se ha convertido en la primera ciudad de Estados Unidos en prohibir el uso de la tecnología de reconocimiento facial, aunque puertos y aeropuertos están exentos de aplicar esta medida, porque son operados por agencias federales. "Podemos tener una buena policía sin ser un estado policial", declaró Aaron Peskin, supervisor de la ciudad, en el pleno en el que fue aprobada la medida por diez votos contra uno.

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Al mismo tiempo, en Reino Unido, un tal Ed Bridges ha denunciado a la policía de Gales del Sur, que captó su rostro mientras estaba realizando unas compras navideñas en el centro de la ciudad de Cardiff. Bridges, un oficinista que no había dado su consentimiento para que su imagen fuera captada e introducida en una base de datos, argumenta que se trata de una invasión fundamental en su privacidad y confía en que el juez encargado de dictar sentencia marque una jurisprudencia restrictiva aplicable a todo el país. Liberty, el grupo de derechos civiles que apoya la denuncia de Ed Bridges, sostiene que el uso de la tecnología de reconocimiento facial es similar a la incautación de huellas dactilares o muestras de ADN sin consentimiento de los ciudadanos.

Cada vez más políticos y expertos en la materia sostienen que la tecnología de reconocimiento facial ha sido implementada sin un debate público adecuado y urge una regulación a nivel global. Actualmente, hay cerca de 50 agencias en los Estados Unidos que utilizan software de reconocimiento facial y 117 millones de estadounidenses están incluidos en una o varias bases de datos, ajenos al funcionamiento y consecuencias del uso de su imagen.

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Son crecientes las voces que reclaman a Amazon que deje de vender Rekognition, su software de reconocimiento facial con tecnología de Inteligencia Artificial, capaz de analizar el rostro de una persona para determinar sus emociones, identificar cien caras en una sola foto o seguir a una persona a lo largo de un vídeo, aunque esta salga del encuadre y vuelva a entrar posteriormente. Es una poderosa herramienta de vigilancia y agencias como la CIA y las fuerzas de seguridad son sus principales clientes.

El otro grave problema al que se enfrentan estos sistemas es su inexactitud, en particular cuando se trata de identificar a mujeres o personas pertenecientes a minorías étnicas. Dadas las terribles consecuencias que podrían resultar de una imprecisión (si el software confunde a una persona con otra), no resulte sorprendente que se extiendan las protestas contra su uso por parte de distintas entidades gubernamentales y policiales.