DESDE EL MOTOR A LA FINANCIACIÓN PASANDO POR SU MANTENIMIENTO

10 errores que no debes cometer al comprar un coche

Equipar el coche con sistemas innecesarios, escoger un motor de diésel para circular por una ciudad con restricciones, comprar un SUV porque está de moda… Estos son algunos de los fallos más frecuentes

por Elena S. Bartolomé /


Como otras tantas decisiones, la de comprar un coche necesita su tiempo. No en vano suele ser una de las inversiones más altas a las que se enfrenta una familia por detrás de la adquisición de una vivienda. En el sector de la automoción apuntan a que la compra de un vehículo se dilata entre dos y tres meses, un periodo en el que al conductor se le pueden llegar a acumular muchas preguntas: ¿Qué necesidades reales existen? ¿Cómo se hará frente al pago? ¿Qué gastos posteriores a la comprar puede tener? ¿Cómo se puede acotar el estudio de la extensa oferta del mercado?

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Hay que tener claras las necesidades reales del conductor para no dejarse llevar por las modas (GTres).

No es fácil responder a estos interrogantes sin cometer algún fallo que pueda frustrar la compra de un coche. Con el objetivo de no saltarse ningún paso y, sobre todo, de elegir el vehículo ideal para cada conductor sin gastar de más, recopilamos los errores más frecuentes para no tropezar en la misma piedra dos veces.

No tener claras las necesidades reales y comprar por capricho


A la hora de comprar coche, se antoja necesario hacer un ejercicio previo en el que el conductor debe ser lo más sincero posible al responder a una pregunta básica: ¿qué necesita realmente? Para ello, no está de más hacer una lista con los requisitos básicos a los que no está dispuesto a renunciar y otra con aquellos de los que podría prescindir sin problema. Además, es una manera rápida de hacer una primera criba.

Por otro lado, a las necesidades más actuales hay que sumar las que pueden llegar en un futuro. Bien es cierto que no se pueden predecir aquello que está por venir, pero el conductor puede adelantarse a determinados acontecimientos. Hay que tener en cuenta que el coche es un bien que acompaña al consumidor durante mucho tiempo. Por ejemplo, no termina de ser lógico comprar un coche biplaza cuando en sus planes a medio o largo plazo entra tener familia. Tampoco es cabal hacerse con un 4x4 cuando no se va a salir de la ciudad.

Al hilo de esto, es recomendable mantener la cabeza fría para evitar comprar por capricho. La oferta es muy amplia y variada, algo que puede jugar en contra del conductor ya que puede dejarse llevar por las modas. La consecuencia inevitable de esto es que no se respetan los límites económicos, se ignoran las necesidades reales y se acaba con un SUV Premium en el garaje cuando lo que, de verdad, necesita es un urbano para el día a día. Por lo tanto, no está de más recopilar la información necesaria, pero sólo de los modelos que se ajustan a todas las necesidades del consumidor.

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No esperar a la época del año adecuada


Existen muchos mitos alrededor de cómo fluctúan los precios de compra de un coche. Son muchos los que aseguran que a final de mes, de trimestre, de semestre y, sobre todo, cuando acabe el año, las marcas gozan de suculentos descuentos para vender el mayor número de vehículos y cumplir con sus objetivos. Lo cierto es que esto cada vez ocurre con menos frecuencia ya que, teniendo en cuenta el estado del mercado, los fabricantes optan por matricular los coches y convertirlos en parte de su stock.

Si el conductor no tiene prisa, hay momentos en los que sí existen rebajas que pueden dar una alegría a su bolsillo. ¿Cuáles son? Algunas grandes campañas importadas del extranjero como el Black Friday, que algunas marcas aprovechan durante una semana o, incluso, durante el mes de noviembre. A esto se unen los lanzamientos de nuevas generaciones y los restyling de determinados modelos; siempre que al comprador no le importe tener un coche un poco menos actual, es una buena opción. Finalmente, no está de más prestar atención a los cambios de las leyes vigentes ya que los fabricantes deben adaptar sus modelos a las nuevas normativas y para ello deben deshacerse de una gran cantidad de vehículos; es lo que ocurrió con el tema de las emisiones y el paso del ciclo WLTP al NEDC.

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Recorrer los concesionarios de una misma marca es una buena forma de comparar precios (Getty Images).

Descartar la financiación


En la parte más económica de esta decisión se encuentra, evidentemente, la comprar y cómo hacer frente a ella. Igual que en los pasos anteriores, conviene invertir tiempo para hacer las cuentas del coste real que supone comprar un coche. Cuando se trata de uno nuevo, la vía más frecuente y, en muchas ocasiones, la más recomendable pasa por la financiación. Ahora bien: ¿qué es mejor: pedir un préstamo o utilizar la financiera de la propia marca?

Como ocurre en otras tantas decisiones, no existe una respuesta universal que satisfaga a todos por igual. Dependerá de la situación de cada conductor, pero lo que siempre conviene conocer es la cantidad final que se va a pagar añadiendo los intereses, las comisiones, etc. Además hay que tener en cuenta que muchas de las ofertas que los fabricantes proponen al comprador están condicionadas a financiar el coche y que existen otras opciones que no está de más valorar como, por ejemplo, la multiopción, el renting o el leasing.

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No saber sacar partido a tu antiguo coche


Son muchos los conductores que cuando deciden comprar un coche nuevo aún tienen uno en el garaje. Es recomendable no ignorar a ese vehículo al que se le está buscando sustituto porque todavía puede hacer un último servicio.

Existen un par de opciones. La primera pasa por venderlo por tu cuenta a un particular, una fórmula con la que el conductor obtendrá más dinero que si se dirige a un concesionario de vehículos de ocasión o si lo entrega en la compra del coche nuevo. Y es que esta es la segunda posibilidad de la que hablamos: dirigirse a cualquiera de estos establecimientos y lograr que la valoración que hagan sea justa. Al hilo de esto, conviene recordar que para beneficiarse de algunas ofertas y fórmulas de financiación que proponen las marcas, es necesario entregar un coche antiguo y propiedad del conductor.

No comparar precios en diferentes concesionarios


Cuando el conductor sólo tiene claro qué tipo de coche quiere comprar, un compacto por ejemplo, es recomendable buscar un calzado cómodo y recorrer los concesionarios de las diferentes marcas para comparar los precios y saber qué alternativas existen. Los márgenes con los que trabajan estos establecimientos no son muy amplios y aunque es una tarea que, a veces, puede resultar tediosa, tiene su efecto positivo en la compra.

Por otro lado, existen conductores que saben a ciencia cierta el coche que quieren y el proceso para ellos no es muy distinto. Es recomendable comparar cuánto cuesta el modelo en cuestión en los diferentes concesionarios de la misma marca; incluso, si la distancia no es mucha, no está de más preguntar en otras provincias. Las diferencias pueden llegar a ser de miles de euros.

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Los coches de stock y de kilómetro cero son una opción a considerar (Getty Images).

Ignorar la posibilidad de comprar un coche de kilómetro cero o de stock


A la hora de comprar un coche nuevo, muchos conductores desconocen que existen otras alternativas… igual de nuevas. Se trata de los vehículos de stock y de kilómetro cero.

Los primeros no están matriculados, pero sí fabricados ya que son los que esperan en las campas de las marcas a ser vendidos. El problema es que no pueden ser personalizados ya que equipamiento está preestablecido en función de los gustos y necesidades generales de los conductores. Debido a esto, tienen precios más asequibles que un coche nuevo hecho a medida.

Los kilómetro cero no están usados, simplemente ya han sido matriculados por diversas razones y acumulan los kilómetros necesarios para su traslado y entrega; un rodaje que suele ser el mínimo y por lo tanto pocas veces superan unos cientos de kilómetros. Estas razones, unido a que tampoco se puede personalizar, hacen que el coche pierda algo de valor y tenga un precio más asequible que uno nuevo. Eso sí, siempre será el conductor el que lo estrene.

No pedir una prueba del coche


El proceso previo a la compra de un coche consiste en recopilar una gran cantidad de información que ayudará a hacer la compra más adecuada para cada conductor. El problema es que esto es la teoría y un vehículo tiene mucho de práctica. Por lo tanto, nunca está de más pedir una prueba del coche elegido en un concesionario de la marca ya que es la única forma de comprobar cómo se comporta el motor, cuál es el equipamiento de seria, la comodidad, amplitud y espacio de almacenamiento y carga, etc. Sólo así el conductor podrá saber si el vehículo por el que se ha decantado es el idóneo para él… antes de desembolsar miles de euros.

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Pedir una prueba del coche es la forma más adecuada de conocer cómo se comporta (GTres).

No saber escoger el motor adecuado


No hace falte tener un gran conocimiento técnico sobre motores, pero sí es necesario evaluar qué tiene a favor y en contra cada uno.

Es aconsejable que el conductor se pregunte qué va a necesitar por parte de coche, es decir, si va a recorrer grandes distancias con mucha frecuencia puede que un diésel le resulte algo más económico por los costes de mantenimiento y porque el precio del combustible es un poco más bajo. Si simplemente necesita un coche para hacer trayectos cortos o urbanos en su día a día, la opción más recomendable pasaría por uno de gasolina. Y si su caso es uno de los anteriores, pero vive en una ciudad con restricciones de tráfico como Madrid, la opción más adecuada sería un coche eléctrico, híbrido o de gas.

Además de tener claros los beneficios de cada motor y las diferencias entre unos y otros, conviene tener en cuenta otros factores como el consumo o las distintas posibilidades mecánicas que puede tener un mismo modelo: desde opciones menos potentes (y más baratas) a otras más simples o con mejores prestaciones.

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Elegir equipamiento innecesario


Cuando un conductor se plantea comprar un coche, lo normal es que, dentro de sus posibilidades, pretenda hacerse con el mejor. Esta es una posición que si no se controla puede provocar que se cometa un error con el equipamiento. Para evitarlo, no está demás saber qué es imprescindible, qué es recomendable y qué es lo que no se necesita. Por ejemplo, en algunos casos un navegador puede llegar a incrementar el precio en casi 1.000 euros. ¿Merece la pena cuando todos el smartphone que está en nuestro bolsillo puede solucionar esa papeleta?

Por otro lado, conviene tener claro qué incluye cada gama y cada versión del coche elegido porque algunas están acotadas y para añadir un único extra es obligatorio adquirir un paquete o una línea superior. Y, además, hay algunos elementos del equipamiento que no se pueden añadir cuando el coche ya ha salido de tráfico y si se puede, suele ser bastante caro.

No calcular costes como el mantenimiento o el combustible


Otro de los puntos que mucha gente pasa por alto a la hora de evaluar la parte más técnica de un coche es el coste del mantenimiento. En algunas ocasiones, hay vehículos con un precio bastante asequible y ese descuento es el factor que provoca la decisión final del conductor; el problema llega tiempo después con las revisiones, los recambios, las averías… Por ello, es aconsejable invertir algo de tiempo en calcular cuánto costarían las revisiones, los neumáticos, el cambio de los líquidos, etc. A estos gastos no está de más sumar la inversión necesaria en combustible o el precio del seguro de coche.