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‘Mujeres en la Historia’: Inés de Atienza, el ’Dorado’ era ella

Fue una mujer de cautivadora belleza y enamorada del capitán que dirigió una de las últimas expediciones en busca de ese paraíso inexistente

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Inés de Atienza

La bella Gabriela Roel como Inés de Atienza en la película “El Dorado” de Carlos Saura.

© Custom

Todos los testimonios que se conservan sobre Inés de Atienza (1532-1561) apuntan a la misma dirección: una mujer de cautivadora belleza, joven y viuda, mestiza, acaudalada y enamorada de Pedro de Ursúa, capitán navarro que dirigió una de las últimas expediciones en búsqueda del inexistente el Dorado y, sin duda, la más célebre y trágica de todas. Ella participó en aquella dramática aventura, al igual que Lope de Aguirre, protagonista principal de la orgía cainita de sangre que se cernió por la selva amazónica y que causó decenas de muertes entre los españoles, entre ellas, la de la propia Inés.

Pero, ¿quién era Inés de Atienza y por qué se vio inmersa en aquella locura? Su padre fue Blas de Atienza, veterano conquistador y fiel compañero de Francisco Pizarro en la conquista del Perú. Él fue el primer alcalde de San Miguel de Tangarará, primera ciudad fundada por los españoles en el Perú y posteriormente lo fue varias veces de la ciudad de Trujillo. Por sus méritos y servicios obtuvo una importante fortuna, herencia que en parte llegó a su hija natural, doña Inés, concebida tras su relación con una india de la zona de Jauja.

Su ya acomodada posición se vio incrementada de manera importante cuando Inés enviudó poco tiempo después de su matrimonio con el encomendero Pedro de Arcos, muerto en un incidente violento con el sobrino del virrey del Perú, quizás defendiendo el honor de su joven y atractiva esposa… Así fue como Inés de Atienza se convirtió en una joven rica y viuda en aquél Perú de la década de 1550. Una mujer que atraía las miradas de todos por su extraordinaria belleza… Fue allí, en esa sociedad criolla y mestiza, donde se conocieron aquella regia mujer y el capitán Pedro de Ursúa, comenzado una apasionada historia de amor entre ellos. El navarro, triunfador contra los indios muzos en la actual Colombia y fundador de varias ciudades, anhelaba la gloria y bebía los vientos por su joven amante.

El Perú había vivido años muy convulsos con importantes rebeliones contra la Corona por parte de conquistadores descontentos con los nuevos dictámenes que llegaban desde la corte para poner orden en el Nuevo Mundo. Las Leyes Nuevas promulgadas en 1542 suponían un recorte importante en su poder, casi omnímodo hasta entonces, y bastantes de ellos no estuvieron de acuerdo, planteando importantes y sangrientos pulsos contra la autoridad. Hablamos de los Gonzalo Pizarro, Hernández Girón, Sebastián Castilla... Recién pacificado al fin el territorio, pero con ecos recientes de aquellos hechos, el virrey del Perú –marqués de Cañete- otorgó el mando de una expedición a Pedro de Ursúa. ¿Objetivo? Hallar las míticas tierras de Omagua y el Dorado, tan presentes en la mente de muchos de aquellos hombres que buscaban la fama y mejorar su hacienda y posición.

Comenzaron los preparativos, reclutándose hombres entre aquellos que se encontraban ociosos en el Perú, soldados veteranos muchos de ellos y rufianes pendencieros de más que dudosa reputación en otros casos. De hecho, aquella nueva partida se formaba en parte para alejar del Perú por un tiempo a semejantes tipos, siempre inquietos y peligrosos, incapaces de llevar una vida tranquila y alejada de tumultos, broncas y revueltas. Entre ellos se encontraba el ínclito Lope de Aguirre, veterano, cojo, violento y con un carácter de mil demonios. El capitán Pedro de Ursúa, altivo y profundamente enamorado, reunió poco a poco a unos trescientos hombres pero, ni él quería separarse de su doña Inés un solo día ni ella tampoco, así que la joven y bella mestiza acompañó a su amado y a tan singular tropa en su marcha hacia las profundidades de la Amazonía… De hecho, ella contribuyó a reunir los pertrechos necesarios.

Inés de Atienza
Otro fotograma de ‘El Dorado’, de Carlos Saura, donde también aparece doña Inés. ©Custom

A partir de entonces, todo se torció desde el principio como no podía ser de otra manera... La selva asfixiante, los bergantines dañados, las lluvias torrenciales, el mando déspota de Ursúa, la posterior dejación de funciones del navarro, los celos y envidias por su bella amante, la propia composición de la hueste, la codicia de Aguirre, los castigos y crímenes, la huida hacia ninguna parte, sangre y más sangre... Aquellos hechos son de sobra conocidos por el testimonio de quienes sobrevivieron a aquella locura de violencia cainita. Francisco Vázquez, uno de ellos, nos dejó muchos detalles y culpó en parte a nuestra protagonista de los trágicos sucesos acaecidos...

“… Doña Inés, su amiga, quisieron decir que le había hecho en alguna manera mudar la condición y aún que le había hechizado, porque de muy afable y conversable que solía ser con todos, se había vuelto grave y desabrido y enemigo de toda conversación; comía solo y pesábale que le estuviesen mirando comer; no convidaba a nadie; habíase hecho amigo de la soledad y aún se alojaba siempre solo y apartado lo más que podía de la conversación del campo, y junto a su alojamiento la dicha doña Inés, sólo al fin, según parecía, de que nadie le estorbase sus amores…”

Casi todos los testigos de aquella expedición coinciden en lo mismo. Una tropa de bellacos, un capitán enamorado, una ruta infernal en la que yace con su amada mientras los demás le miran con odio, rencor y celos, una selva sin salida que les engulle, un Dorado que no existe... todo ello dio inicio a la masacre. El primero en caer fue el capitán Pedro de Ursúa y a él le siguieron muchos otros, dejando un reguero de sangre a su paso... Custodio Hernández, otro superviviente, contó la tristeza profunda de doña Inés ante el asesinato de su amado Ursúa...

“Querer encarecer aquí lo que doña Inés sintió cuando vio muerto a Pedro de Ursúa será nunca acabar; pero meta cada uno la mano en su pecho y sentirá lo que la pobre señora, que uno le decía puta, y otro le decía que ella había muerto al Gobernador con hechizos. A todo la señora callaba, aunque de llorar era imposible”. ¿Qué fue de doña Inés? Sobrevivió poco tiempo a la muerte de su amado, refugiándose para tratar de salvar su vida en la protección primero del capitán La Bandera y luego de Lorenzo Salduendo, ambos profundamente atraídos por ella, como la mayor parte de aquellos hombres. Los dos serían ajusticiados en las siguientes semanas por Lope de Aguirre y sus secuaces, corriendo ella la misma suerte poco después. Si Ursúa era asesinado en el Año Nuevo de 1561, doña Inés cayó a estocadas en abril del mismo año... En fin, una trágica historia la de esta mujer que lo tenía todo: salud, dinero, amor y belleza… demasiado para salir con vida de aquella expedición con tan mala compañía.

Para nosotros ella siempre será una joven y linda Gabriela Roel, con quien volvió a cobrar vida en la película “El Dorado” de Carlos Saura… En cuanto al capitán navarro, El Dorado de Pedro de Ursúa era ella, “la mujer más bella del Perú”, de eso me quedan pocas dudas… lo demás ya poco le importaba cuando comenzó aquella fatídica expedición en las profundidades de la selva.

Daniel Arveras es periodista y escritor. Su último libro es ‘Conquistadores olvidados. Personajes y hechos de la epopeya de las Indias’.