Mujeres en la Historia: Malinalli, doña Marina, Malintzin, la Malinche... mucho más que la amante de Hernán Cortés

Cuatro nombres, cuatro visiones de una mujer que tuvo un papel crucial en la conquista del actual México por Hernán Cortés y los suyos hace ahora 500 años

por Daniel Arveras /


Repudiada y alabada por unos y otros a lo largo de los siglos, ha sido calificada como traidora, "chingada", además de otros muchos epítetos cargados de odio y rencor, pero también ha sido definida como la madre del mestizaje y madre del México actual. Nunca comprendida y siempre juzgada siglos después de su existencia, veamos lo que nos ha llegado sobre ella... Malinalli Tenepal, pues así parece que se llamaba originalmente, era hija de un cacique o señor principal de la zona costera del actual estado mexicano de Veracruz. Nacida en los últimos años del siglo XV, aquella niña de elevada posición social entre los suyos vio cómo cambiaba su suerte al fallecer su padre y ser vendida como esclava a unos tratantes de Xicalango. La noble Malinalli pasaba de golpe a ser una mujer para servir y obedecer, una más de las muchas de aquellos tiempos en los que la esclavitud era moneda corriente en Mesoamérica.

Lienzo de Tlaxcala

Fragmento del famoso  Lienzo de Tlaxcala, donde se representa a doña Marina junto a Hernán Cortés.

Poco después, tras una contienda entre mayas de Potonchán y mexicas de Xicalango, Malinalli cambió de amo nuevamente, siendo cedida a Tabscoob, cacique maya de Tabasco. Aquella adolescente aprendió pronto el maya que se hablaba en aquella zona, hecho fundamental que cambiaría para siempre su vida y que la haría pasar a la historia.

Doña Marina fue su nombre una vez bautizada en 1519 por Fray Bartolomé de Olmedo, capellán de las huestes de Hernán Cortés. Precisamente se acaban de cumplir ahora 500 años de la batalla de Centla, en la que los españoles derrotaron a los tabasqueños en marzo de 1519. Tras la victoria, Cortés recibió diferentes presentes como muestra de vasallaje y servidumbre por parte de los recién derrotados. Para aquellos castellanos, veinte mujeres fueron, sin duda, el regalo más apreciado. Así lo cuenta gráficamente Bernal Díaz del Castillo, soldado, testigo y cronista de aquellos hechos...

"... no fue nada este presente en comparación de veinte mujeres, y entre ellas una muy excelente mujer, que se dijo Doña Marina, que así se llamó después de vuelta cristiana... e de las otras mujeres no me acuerdo bien de todos sus nombres mas éstas fueron las primeras cristianas que hubo en la Nueva España. Y Cortés las repartió a cada capitán la suya, e a esa doña Marina, como era de buen parecer y entremetida e desenvuelta, dio a Alonso Hernández Portocarrero,..."

Malinalli era ya doña Marina tras ser entregada a aquellos hombres blancos tan extraños a sus ojos. Como Portocarrero fue enviado a la Corte para dar cuenta de los avances de la expedición, Hernán Cortés tomó a aquella mujer como su amancebada, aunque muy pronto sería mucho más que su amante...

Efectivamente, un Cortés que seguramente se sintió atraído en principio por su "buen parecer" vio en ella a un elemento clave para continuar avanzando hacia el interior de aquel territorio tan inmenso y fascinante que prometía gloria y riquezas para él y sus hombres. En la tropa del extremeño iba Jerónimo de Aguilar, clérigo recientemente rescatado de su cautiverio durante años en la zona del Yucatán. Aguilar había aprendido el maya de aquellas gentes y doña Marina ya lo hablaba también además del náhuatl, lengua de los mexicas. Así, aunque el maya que ambos manejaban era un tanto diferente, se conseguían entender y el clérigo trasladaba a los españoles informaciones muy valiosas que le contaba doña Marina sobre aquellas tierras y el poder de los mexicas, quienes sometían a otros pueblos y a los que debían pagar tributos y esclavos para ser sacrificados en lo alto de los templos de la inmensa Tenochtitlán.

Lienzo de Tlaxcala

Fue mucho más que la amante de Hernán Cortés, de hecho, a los mexicas se referían a él como "el que va con Manilalli".

Según iban adentrándose los españoles en aquel universo, el papel de doña Marina se tornó determinante. Con los tlaxaltecas, para que estos se sumaran a las tropas de Cortés, en Cholula, al avisarles de una celada que les iban a tender, con los enviados de Moctezuma que iban y venían para tantear a Cortés y conocer sus intenciones y, finalmente, en la mismísima Tenochtitlán cuando al fin los españoles llegaron allí en noviembre de 1519. No es casualidad que en los lienzos y códices que se conservan sobre aquellos hechos aparezca casi siempre doña Marina junto a Hernán Cortés e incluso a veces ella sola negociando y conversando con los mexicas.

Para los mexicas, Malinalli, doña Marina, fue Malintzin, lo que muestra la importancia de aquella mujer, pues así se referían a ella y también al propio Hernán Cortés, "el señor de Manilalli" o "el que va con Manilalli". Luego, con el tiempo, Malintzin fue derivando en Malinche. Conquistada finalmente Tenochtitlán en agosto de 1521, Hernán Cortés tuvo un hijo con doña Marina en torno a 1523, Martín Cortés, a quien el conquistador amaba de veras, pues fue legitimado por bula papal en 1529 y viajó con su padre a España, donde fue educado y sirvió como paje al príncipe Felipe, futuro Felipe II.

¿Qué fue de doña Marina? Poco después del nacimiento de su hijo, quizás ya cansado de aquella mujer que tan bien le había servido o por otros intereses, Cortés la entregó a Juan Jaramillo, uno de sus fieles conquistadores, en el curso de una nueva expedición a las Hibueras, en la actual Honduras. Con él se casó y tuvo una hija, María. Hernán Cortés, quien la mencionó por su nombre (Marina) una sola vez en su quinta carta de relación al emperador Carlos, la había recibido en su día como regalo e igualmente la cedió a su amigo Jaramillo, concediéndoles, eso sí, una generosa dote por los servicios prestados por ambos.

No conocemos el fin de doña Marina, parece que ocurrió pronto, pues Juan Jaramillo se casó de nuevo con Beatriz de Andrade en 1529, aunque algún autor apunta a que fue olvidada y vivió bastantes años más en algún lugar de aquellas tierras que comenzaban a ser conocidas como la Nueva España. Hoy en día, malinche o malinchismo siguen siendo términos despectivos en México para referirse a un traidor, a quien renuncia a sus orígenes y cultura abrazando lo extranjero. Es muy fácil juzgar con la mentalidad e ideología del siglo XXI pero se antoja muy injusto, ¿no creen?

Malinalli, doña Marina, Malintzin, la Malinche tuvo una vida intensa y compleja, en un Nuevo Mundo que estaba cambiando de una manera absoluta. Se adaptó como pudo y aprovechó su inteligencia para salir adelante. Además, cosa que a menudo se olvida, ella no era mexica o azteca... En cuanto a si amó realmente a Hernán Cortés o viceversa, no me atrevo a pronunciarme...

Daniel Arveras es periodista y escritor. Su último libro es 'Conquistadores olvidados. Personajes y hechos de la epopeya de las Indias'.