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Victoria Eugenia Henao, viuda de Pablo Escobar: ‘Su sombra aún me persigue hasta en sueños’

La mujer que vivió junto a uno de los narcotraficantes más peligrosos del mundo cuenta en una entrevista con ‘Tu Otro Diario’ cómo ha dejado atrás un pasado que todavía la atormenta

5 Minutos de lectura
Por ALMUDENA CASADO/TU OTRO DIARIO
Victoria Henao y Pablo Escobar

© Ed. Península

Victoria Eugenia Henao conoció a Pablo Escobar siendo una niña. Él tenía 24 años, ella tan solo 13. Con 15 años aceptó, cegada por el amor, casarse con el que fuera el hombre de su vida, aunque también el que la llevaría al mismo infierno. Más de dos décadas ha necesitado Victoria -cuya voz está ya curtida por el tiempo- para conocer la cara más oscura de Escobar, aunque también para descubrirse a sí misma como mujer y madre. Para poder alzar su propia voz por el dolor que su familia, y toda Colombia, ha vivido durante los años en los que Pablo era el líder del cartel de Medellín. Ahora, Victoria Eugenia Henao ha sacado hasta la última gota de valor que guardaba en su corazón para investigar, conocer y reconocer el daño que su marido hizo. Lo cuenta todo en ‘Pablo Escobar: mi vida y mi cárcel’ (Ed. Península 2018). Escribir este libro ha sido una catarsis para ella. El punto de inflexión que necesitaba para dar por cerrado este capítulo y emprender un futuro alejada de la sombra de Pablo. A través de sus más de 600 páginas, con imágenes inéditas, la viuda del narco se abre en canal para dejar atrás, de una vez por todas un pasado que le hace sentir “dolor”, ”tristeza” y ”vergüenza”.

Remontémonos al inicio de su relación con Pablo Escobar. Año 1974. Usted tiene 13 años y él 24. A los 15 se casó con él y tuvieron su primer hijo. ¿Alguna vez ha pensado qué le diría a esa niña una vez ocurrida su dramática historia?

(Suspira) Es algo muy fuerte, ¿no? Aunque con la experiencia vivida, yo le diría que agarre un cohete y se vaya. Que desaparezca del universo. Cuando la historia empezó a tornarse negra, sentí que el mundo se desplomaba, que no tenía opción, que era muy dolorosa la vida. Era muy desesperante ver cómo fue tomando fuerza la situación, porque nuestra seguridad dependía solo de Pablo Escobar.

La foto de la portada es llamativa. Aparece usted junto a Pablo. Él la agarra por el cuello de la misma forma que se agarra a un rehén, aunque ambos sonríen. ¿Qué significado tiene para usted esa foto?

Esa foto la elegí porque me gustó mucho. Fue tomada en el principio de nuestra relación, desde mi niñez, desde mi juventud y mi ingenuidad. Iba a cumplir apenas los 14 años y es un recuerdo de aquel comienzo. Cuando se hizo no sabía lo que me esperaba, para nada. Yo en ese momento soñaba con tener un hogar, unos hijos y vivir en paz. Lo mismo que ocurre cuando veo las imágenes que aparecen dentro del libro. Es muy fuerte porque cuando yo las tomaba, sentía que tenía mi hogar, que Pablo tenía un compromiso con sus hijos, que estaba apostando por que viviéramos en paz y nada de eso desafortunadamente sucedió.

¿Qué le ha motivado a escribir ‘Pablo Escobar: mi vida y mi cárcel’?

Tuve que hacer un proceso de 24 años para poder empezar a encontrarme con la mujer, con la madre de familia, para poder encontrar mi voz, que hace más de 35 años que no la tengo. Siento una responsabilidad con mis hijos, no quiero que ellos ni mis nietos conozcan la historia de su abuela y de su madre por las series de televisión que tan alejadas están de la realidad. Por eso quise ser responsable de mi relato, además, también, por el dolor de Colombia. Por sus víctimas. Porque es cierto que tengo un compromiso moral y de respeto con ellos.

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©Ed. Península

Una vez hecho ese proceso del que habla, ¿qué capítulo le costó más escribir?

Fue todo muy duro. El tema de las mujeres es una humillación absoluta para mí como mujer. Las mujeres y al mismo tiempo los riesgos de vida, los atentados terroristas. Fue muy doloroso. El capítulo de las infidelidades lo cuento porque esa fue mi vida cotidiana. Yo me sinceré al contar mi vida, mis dolores… Y eso también es poder contar al mundo que mientras sucedía un atentado terrorista, Pablo estaba viviendo con una amante. O imagínate, yo con seis meses y medio de embarazo, y que veas en todos los diarios que se va a casar con otra. Es terrible, así que me parece que no podía faltar en el libro. Y no solamente hablo de infidelidades, sino también me comprometo como mujer que ha sufrido un aborto. Yo tenía 14 años y Pablo nunca me comentó lo que me estaba pasando. Me llevó donde una señora y me dijo que eso era lo que debía hacer. Yo estaba muerta de miedo y ahí comenzó mi trauma. En ese momento yo empecé con una sumisión absoluta mientras él me encantaba y me encerraba en su jaula.

Tiene la oportunidad de llegar a miles de mujeres con su testimonio. ¿Qué les diría a aquellas que viven o han vivido cegadas por un amor que les hace daño?

Yo les diría que no tengan miedo, que tomen sus decisiones y que cuiden a sus hijos. A mí me paralizó durante muchos años el miedo y pasé 24 años muriendo de terror para poder hablar. Pasé una vida entera al lado de Pablo Escobar muerta de miedo. Aun con miedo, deben tener el coraje para salir de relaciones tóxicas, de proteger a sus hijos. Eso les llenará de fortaleza y valor.

¿En qué momento dejó de sentir ese miedo y de sentirse perseguida?

Aún la sombra de Pablo me persigue hasta en los sueños, sigo siendo una persona muy cuestionada por los medios, por las sociedades, por los espacios donde yo me educo, donde trabajo. Soy sacada de muchos espacios sociales por la historia que tengo. Y no hecho absolutamente nada de menos de lo que tuve durante mi vida junto a él. El Estado colombiano posee todas sus propiedades y la otra parte de su dinero y las obras de arte que tenía quedaron en manos de sus enemigos.

Juan Pablo y Manuela son los hijos que tuvo con Pablo Escobar. ¿Cómo se cría y se protege a unos niños en un ambiente así de conflictivo?

Mi hijo tenía 7 años cuando empezamos a huir y mi hija todavía estaba en mi vientre. Era muy difícil en aquellos tiempos tener una conversación. A partir de la muerte de Pablo, apenas empecé a dar mis primeros pasos y a conversar con Sebastián (el nombre actual de Juan Pablo). Con mi hija no pude conversar sobre eso hasta años después y todavía seguimos hablando de ello, porque nos cuesta entender esta historia.

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©Ed. Península

El 2 de diciembre de 1993, Pablo Escobar fallecía durante una persecución de la Policía por los tejados de Medellín. ¿Cómo logró reconstruir su vida tras la muerte del narcotraficante? ¿Alguién le sirvió de guía? Usted se describe en el libro como cristiana católica y creyente... ¿tuvo Dios un papel importante entonces?

Me dediqué a estudiar, a trabajar mucho con la espiritualidad. A meditar y a reconectarme con mi esencia. Empecé a estudiar la carrera de ‘coaching’, con la que me gano la vida ahora, y también empecé a acompañar a otros seres humanos en sus desafíos. Con ese proceso también crezco yo y encuentro el sentido de mi vida. Y sobre el papel de Dios, absolutamente que tuvo un papel importante. Lo tuvo entonces y lo tiene ahora, porque me ha dado la oportunidad de seguir viviendo. Me ha regalado la vida de mis hijos, mi nieto, así que me siento muy, muy feliz y muy agradecida con él, por dejarme conservar la vida cuando tuve muchas oportunidades de perderla.

En el libro explica que se ha encontrado en alguna ocasión con víctimas de Pablo Escobar. ¿Qué ha sentido en ese momento?

He sentido mucho respeto, un profundo dolor y un agradecimiento de que la vida me dé la oportunidad de poder mirar a estas personas a los ojos. De poderles pedir perdón. Siento que moralmente tengo una responsabilidad y un respeto por su dolor. Yo siempre estaba con mis hijos. Pablo estuvo prófugo de la justicia en esa guerra de nueve años mientras yo estaba encerrada, y es una realidad que existió. Yo he recibido mucha compasión por parte de ellos. He empezado a hablar con algunos y espero que la vida me dé muchas más oportunidades de abrir corazones, de poder pedir perdón y poder construir entre todos un mundo más agradable.