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¿Quién mató al niño Grégory? Anulan el testimonio clave en el caso que mantiene en vilo a Francia desde hace más de 30 años

Los padres del pequeño ya han manifestado su tristeza, pero aseguran que no piensan tirar la toalla

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Grégory

Imagen de archivo del pequeño Grégory, que apareció atado de pies y manos (Cordon Press).

© CordonPress

El crimen del pequeño Grégory, asesinado en 1984 cuando lo ahogaron en el río Vologne, al norte de Francia, con tan solo cuatro años, parece abocado a la confusión y el misterio. Más de 30 años de pesquisas, declaraciones, atención mediática, entrevistas de los implicados o libros sobre lo sucedido no han servido para arrojar luz en un caso que ha mantenido en vilo al país todo este tiempo y en el que esta semana se ha producido una novedad importante: el Consejo Constitucional ha anulado la detención preventiva y las declaraciones de Murielle Bolle, la testigo clave del caso, al entender que no se protegieron adecuadamente sus derechos como menor. Ella tenía entonces 15 años y señaló a su cuñado, Bernard Laroche, primo de los padres de Grégory.

La fiabilidad o no de la declaración que la joven Bolle hizo en 1984 ha sido una de las claves sobre las que ha pivotado siempre el caso. Declaró que vio a Bernard Laroche irse con el pequeño y regresar después solo en su coche. Sin embargo, posteriormente cambió su testimonio para asegurar que fueron las presiones policiales las que la llevaron a declarar en contra de su cuñado, con quien convivía, y que este no tenía en realidad ninguna implicación. Así lo vuelve a mantener en un libro recientemente publicado y del que se hace eco la prensa francesa, 'Briser le silence' ('Romper el silencio'). Otro primo señala, no obstante, que la adolescente cambió su declaración tras haber recibido una paliza de su familia. Finalmente, la acusación ha creído todos estos años que si hay alguien que conoce la verdad es ella.

Bernard Laroche fue detenido en su momento, pero al derrumbarse el testimonio de Bolle y ante la imposibilidad de encontrar pruebas concluyentes, la Policía terminó soltándolo. Jean-Marie Villlemin, el padre del pequeño Grégory, se tomó la justicia por su mano y lo mató con un fusil de caza. Un crimen por el que cumplió cuatro años de cárcel.

Todo cuanto rodea el caso Grégory es de una crueldad extrema. No solo porque el asesinado fuera un niño pequeño, sino por los escritos anónimos que la familia recibió tras su muerte. “Espero que te mueras de pena, jefe. Tu dinero no podrá devolverte a tu hijo. Esta es mi venganza, pobre imbécil”, decía uno de ellos. Los investigadores se centraron desde un primer momento en la pista familiar porque, al parecer, el ascenso de Jean-Marie a capataz de una fábrica había suscitado grandes envidias entre sus familiares, que llegaron a desembocar en odios.

Murielle Bolle
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Murielle Bolle (izquierda) y Marie-Ange Laroche (derecha), la mujer del principal sospechoso, cuando presentaron una denuncia contra la Policía en 1986 por presuntas presiones a la menor (Getty Images).©GettyImages

En 2017 un giro inesperado pareció que aproximaba la resolución del caso: nuevas pesquisas y pruebas grafológicas desembocaron en la detención de Marcel y Jacqueline Jacob, tíos abuelos del pequeño y una nueva detención de Murielle Bolle. A todos ellos se les imputaba "detención seguida de muerte". Sin embargo, se han mantenido en silencio durante todos estos meses y el pasado mes de mayo, ante la falta de avances, se les tuvo que soltar de nuevo.

Los padres de Grégory, que se mudaron y ahora viven cerca de París con sus otros tres hijos, han dicho estar descorazonados y tristes con las novedades. No obstante, aseguran que seguirán adelante. "Su búsqueda de la verdad no cesará jamás. Este drama es evidentemente intemporal para los padres", explica su abogado en 'Le Parisien'. Y añade: "No van a tirar la toalla. Habrá nuevas etapas procesales. El camino será todavía largo, pero no van a abandonar el compromiso que ha adquirido con Grégory".

Padres Grégory
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Jean-Marie y Christine Villemin en una fotografía de archivo de 1989 (Getty Images).©GettyImages

Estos años han sido terriblemente duros para los padres de Grégory. No solo por la irremediable pérdida, sino porque incluso la madre del pequeño, Christine Villemin, llegó a ser acusada de su muerte y tuvo que demostrar su inocencia en una larga batalla judicial que se prolongó de 1985 a 1993. A pesar del calvario vivido, nunca han renunciado a saber la verdad, y el año 2000 lograron que se reabriera el caso para realizar una prueba de ADN: se trataba de localizar al autor de los anónimos (apodado por la prensa francesa como 'el cuervo') a partir de una prueba en la saliva que debía haber empleado para pegar los sellos. Por desgracia, aquella prueba tampoco arrojó resultados significativos. Ahora, tras esta decisión judicial, los caminos que puedan conducir a la verdad parecen cada vez más estrechos e inciertos.