Un empresario salva a una familia de Valencia que estaba a punto de ser desahuciada

Ellos hablan de 'milagro', aunque solo es un ejemplo de que las buenas personas existen

por Tu otro diario /


"Milagros hay y la gente buena existe". Erika se emociona al contar el giro inesperado que dio su vida, y la de su familia, hace unos días. Alquiló un piso en Valencia hace dos años para vivir junto a su pareja, Ángel, que padece una enfermedad, sus tres hijos menores de edad y su madre, Pepi. Pagaban la renta y lograban salir adelante con los 800 euros que Pepi cobraba a final de mes. Pero un día su suerte cambió y no pudieron seguir haciendo frente al pago del alquiler. Así lo han explicado ante las cámaras de Antena 3. "Me los traje, alquilamos la vivienda sin ningún problema... hasta que se me terminó (el sueldo)", explica Pepi.

Erika y Ángel

Erika y Ángel iban a ser desahuciados cuando recibieron la ayuda de un empresario (Captura de pantalla de Antena 3)

Sin el dinero de la madre de Erika y percibiendo solo 380 euros de la pensión de invalidez de Ángel, era prácticamente imposible que la familia pudiera salir adelante. Recibieron la orden de desahucio en julio. Les echaban de casa. "Este calvario empezó en julio, cuando llegó la demanda de desahucio", explica Erika. Desesperada, suplicó al juez clemencia, le explicó que no tenían a dónde ir y que su marido está enfermo. "Necesitamos un respiro, ya hago bastante con pagar la luz, el agua...", explica. El magistrado les escuchó, pero aun así tenían un pie en la calle justo en el momento en el que el "milagro" sucedió y les dio el soplo de aire fresco que necesitaban. 

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La inesperada llamada de la secretaria de un empresario valenciano que ha preferido quedar en el anonimato, les comunicaba que no tenían que preocuparse más, "la familia no se va a quedar en la calle", le dijo la mujer. Según ha explicado Erika, les ha ofrecido pagar el alquiler de la vivienda hasta que los Servicios Sociales les den una casa.

Ahora, los seis respiran tranquilos de nuevo, con la tranquilidad de que el gesto altruista de un generoso empresario les ha regalado. "Milagros hay, y la gente buena existe", repite la madre, que no puede evitar emocionarse al contar su historia.