El escalofriante testimonio de una superviviente de Las Ramblas: 'Mi hijo no está muerto por un segundo'

Un año después, tanto ella como el pequeño de 11 años siguen recibiendo ayuda psicológica

por Efe /


"Mi hijo no está muerto por un segundo". Su nombre es Iolanda Ortiz y el fatídico 17 de agosto de 2017 paseaba con su hijo de 10 años por las Ramblas de Barcelona cuando Younes Abouyaaqoub embistió a dos personas delante de ellos. Se refugiaron en un local del que pensó que no saldrían vivos. Aquel jueves Iolanda salió de su casa acompañada también por su hija, de 4 años, y su madre. Viven en Campdevànol (Girona), situada a pocos minutos de Ripoll, donde habían crecido la mayoría de terroristas, y a todos ellos los conocía de vista. Su plan era pasar un agradable día en familia en Barcelona aunque el ataque terrorista truncó su destino.

Iolanda Ortiz

Iolanda y su hijo, ambos supervivientes del 17-A (EFE)

Tras pasear por la Boquería, se incorporaron a las Ramblas, poco antes de la cinco de la tarde. "Oí mucho ruido, muchos gritos. Giré la vista hacia la izquierda, en dirección a plaza de Cataluña y vi una avalancha de gente que se nos tiraba encima", recuerda. "A partir de aquí, en fracciones de segundo, empecé a oír los golpes de los cuerpos en la furgoneta. Oí la furgoneta, que iba con una marcha corta, muy acelerada, e inmediatamente vi pasar el vehículo, tan cerca que vi al conductor, que iba haciendo fuerza con el volante y con la espalda en su asiento", relata.

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Cuando la furgoneta pasó delante de ella, atropelló mortalmente a dos personas: "Yo tenía a mi hijo al lado y recuerdo que le cogí por la espalda y le tiré hacia atrás con toda la fuerza que pude". "Mi hijo no está muerto por un segundo, y no exagero", cuenta la madre, que asegura que el niño vio cómo la furgoneta mataba a dos personas a sólo un metro de distancia. "Me quedé sorda y, no recuerdo cómo, nos refugiamos en una tienda de cosméticos. Estuvimos unas cuatro o cinco horas. Perdí la noción del tiempo. Estábamos en estado de shock", indica. Una vez dentro de este local, donde no tenían visión de lo que ocurría fuera, les llegó el rumor de que muy cerca había un terrorista amenazando con hacer estallar un cinturón-bomba.

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"Tuve la sensación de que los haría explotar, que no saldríamos de allí. Me pasó una cosa parecida a los viajeros que iban en el avión que se estrelló el 11S en Nueva York, el impulso de llamar y despedirte de la familia. Era una sensación horrible. No sabíamos si saldríamos vivos de allí", rememora la mujer, que un año después recibe atención psicológica, al igual que su hijo.

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La primera cara que vieron fue la de un agente de la Guardia Urbana, que les dijo que quizás se tendrían que quedar a dormir allí y que congenió con su hijo. Con la zona asegurada, horas después, pudieron ser desalojados, aunque quedaron muy desorientados. "Pedí ayuda a los Mossos, que activaron a dos patrullas que nos llevaron al hospital de campaña, porque mi hijo había visto cómo atropellaban a dos personas a un metro de distancia", indica.

Rambla

El altar improvisado para homenajear a las víctimas en plena Rambla (Cordon Press)

De allí les derivaron a un ambulatorio de urgencias en L'Hospitalet de Llobregat (Barcelona), donde les dieron el alta de madrugada. "Nos quedamos colgadísimos. Perdidos. En estado de shock. Suerte que unas amigas de Ripoll nos vinieron a buscar", recuerda. Llegaron a casa justo a tiempo para ver cómo los terroristas, a los que conocían de vista de tantos años de convivencia en Ripoll, cometían un nuevo atentado en Cambrils (Tarragona).

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"Al día siguiente intenté hablarlo con mi hijo, pero no quería hablar, no explicaba nada. Estaba en un estado de shock brutal. El pediatra nos derivó rápidamente al psicólogo", señala. Por recomendación del psicólogo, pidió a su hijo que escribiera o dibujara sus sensaciones, ante lo que el niño redactó una nota dedicada a los agentes de la Guardia Urbana Carlos e Iban, que le ayudaron cuando estaban refugiados. La mujer lo colgó en las redes sociales para intentar dar con ellos. "Nos llamaron inmediatamente, les fuimos a ver a Barcelona, depositamos juntos una vela en las Ramblas y desde entonces hemos mantenido el contacto. Durante meses, llamaron casi a diario a mi hijo para ver cómo se encontraba", resalta.

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La mujer asegura que, pese a que sobrevivieron, han pasado un año muy duro, con secuelas psicológicas, hasta el punto que su hijo se despertaba a media noche con ataques de ansiedad y su rendimiento escolar cayó en picado. "Nos han quedado muchas secuelas de ese día, no podemos estar en sitios donde haya una multitud de gente o mucho ruido, tenemos la alerta continuamente activada. Todo nos da miedo. Por suerte vivimos en un pueblo muy tranquilo y aquí nos conocemos todos, pero no puedo imaginar cómo estaríamos si viviésemos en Barcelona", reconoce.

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Sobre los terroristas, mantiene que para ellos no debe haber "ni olvido ni perdón". "Por mucho que les maquillen, que digan que eran unos niños agradables y amables, esto todavía da más miedo, porque esto quiere decir que son más peligrosos", advierte.