Pedro Sánchez, un superviviente de la política que nunca tiró la toalla

Llegó a ser expulsado del liderazgo del PSOE por sus propios compañeros de partido en 2016, pero meses después fue aupado de nuevo por la militancia y hoy se ha convertido en presidente del Gobierno

por Tu otro diario /


Cuando en octubre de 2016 Pedro Sánchez compareció ante los medios de comunicación para anunciar su dimisión como secretrario general del Partido Socialista, todos dieron por terminada su carrera política. Su convulso mandato al frente del PSOE, a cuya dirección llegó en julio de 2014, terminó en una guerra tan abierta como encarnizada, en la que muchos de los que en su momento le apoyaron en las filas de su partido le retiraron su apoyo tras negarse a sancionar un gobierno socialista que prosperase con acuerdos con Podemos y el apoyo de los grupos nacionalistas. Los mismos que hoy le han convertido en el séptimo presidente de la democracia española tras destituir con una moción de censura a Mariano Rajoy. Y es que Pedro Sánchez, el candidato del 'no es no', ha demostrado ser un político superviente, capaz de resurgir de sus propias cenizas. Resiliencia, llaman a esta cualidad que tal vez se forjó en sus años de competición como jugador de baloncesto en el Estudiantes, un equipo en el que estuvo hasta los 21 años. 

Pedro Sánchez Gtresonline

Pedro Sánchez posa ya como nuevo presidente de España tras ganar la votación de la moción de censura (Gtresonline). 

Nacido en 1972 en el madrileño barrio de Tetuán, estudiante del instituto Ramiro de Maeztu, licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Economía y Empresa por la Universidad Camilo José Cela, Sánchez ha compaginado la carrera docente con la política a lo largo de su vida. Inició su andadura como servidor público de la mano de Trinidad Jiménez, en el Ayuntamiento de Madrid, y tras un paréntesis de años, regresó a la primera línea de la política a partir de 2013: antes había ido en las listas socialistas al Congreso de los Diputados, pero no logró acceder a un escaño hasta que en ese momento la marcha de Cristina Narbona le dejó hueco. Apenas un año después, en 2014, decidió presentarse a las primarias del partido con todo el apoyo del 'establishment' y, tras obtener un 48,6 por ciento de los votos, se impuso a Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias. 

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A partir de ese momento su ascenso a La Moncloa se convirtió en un espinoso camino. Pedro Sánchez ostenta el contradictorio mérito de haber alcanzado la presidencia con un PSOE que ha obtenido los peores resultados de su historia. Primero en 2015, cuando logró 90 escaños ante un Rajoy al que entonces pasaban ya factura tanto los escándalos de corrupción como la gestión de la crisis económica. Luego, en 2016, cuando el bloqueo institucional llevó a repetir las elecciones, bajó aún más el suelo electoral, hasta los 84 diputados. Después vino la pérdida de confianza de los suyos y su renuncia. Pero no se rindió. Cogió su coche, recorrió pueblo a pueblo las agrupaciones socialistas de España, y tras una campaña en la que se presentó como el verdadero opositor al Partido Popular, logró renovar la confianza de la militancia imponiéndose a Susana Díaz en las primarias celebradas en mayo de 2017. Ya estaba de nuevo aquí. 

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Entre quienes nunca han dudado de Sánchez y su capacidad se encuentran sus padres, Magdalena Pérez-Castejón, de 64 años, y su padre, Pedro Sánchez Hernández, de 67 años. Tiene también un hermano, David, que trabaja como director de orquesta a caballo entre San Petersburgo y Madrid. Pero si hay un apoyo fundamental en la carrera de Pedro Sánchez es el de su mujer Begoña Gómez, quien siempre le acompaña en los momentos clave. Él mismo contó a un programa de televisión cómo se enamoró de ella "perdidamente" cuando ambos eran estudiantes. "Una cosa que me encanta es que no se dedica a la política", bromeaba. Con ella tiene dos hijas, Ainhoa, que nació en 2005 y juega al baloncesto como él, y Carlota, su hija menor, que nació dos años después. Toda la familia debe de estar ya preparando las maletas para una mudanza a La Moncloa que hace apenas una semana a todos les parecía imposible. A todos, menos tal vez a Pedro Sánchez.