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La historia del ‘Océanos’, el crucero que sobrevivió a un temporal gracias al guitarrista de la orquesta

Cuando comenzó el peligro, el 4 de agosto de 1991, los oficiales superiores huyeron en los botes salvavidas

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El crucero MTS Oceanos

El crucero, con casi 600 personas a bordo, naufragó en medio de la noche y de una gran tormenta, mientras sus oficiales superiores huían sin rescatar a pasajeros y tripulación

© Wikipedia/Peter J. Fitzpatrick

Pocos imaginaban que aquella noche del 4 de agosto de 1991, el trayecto del MTS Oceanos de East London a Durban, en Sudáfrica, sería el último. En este crucero griego trabajaba Moss Hills, un guitarrista de Zimbabue que llevaba años tocando en cruceros junto a su mujer, Tracy, quien, a su vez, tocaba el bajo. Solían tocar en las fiestas que se organizaban en la cubierta de la piscina del barco. Sin embargo, ese día, en el Océanos, la fiesta se trasladó al interior por el fuerte temporal de viento y lluvia.

En la fiesta, al total de 581 pasajeros y tripulantes a bordo les empezaba a costar mantener el equilibrio, incluído a Hills. Él y Tracy tocaban mientras observaban cómo a los camareros les caían las bandejas, algo insólito para una tripulación acostumbrada a los tambaleos. La tormenta se fue poniendo cada vez peor y el barco navegaba cada vez con más dificultad: ya casi no se oía el rugir de los motores, perdía potencia, se estaba desacelerando.

Los pasajeros empezaron a reunirse en el salón, pero ningún oficial acudía a explicar qué ocurría y qué hacer. Hills comenzó a cantar junto con otros músicos, para destensar el ambiente, hasta que notó que el barco se escoraba, lo que significa que no regresaba a su posición de nivelación tras ser sacudido por las aguas y el temporal.

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Posted by Moss Hills on Thursday, January 1, 2015

Sabiendo que era mala señal, Hills y un mago de Yorkshire llamado Julian Butler, decidieron bajar a la sala de máquinas. Allí no había nadie a cargo, ni el capitán ni ningún oficial. Después descubrirían, incrédulos, que gran parte de la tripulación y los oficiales superiores habían abandonado el barco en varios botes salvavidas en cuanto vieron el peligro.

Tracy, Moss, Julian y otros miembros de la tripulación que no se habían marchado decidieron comenzar a evacuar el crucero, sin tener ninguna noción sobre cómo hacerlo. Moss Hills suplió su falta de conocimiento con maña y la mejor de las actitudes: cuando la gente subía a los botes salvavidas, él colocaba una pierna en la cubierta del Océanos y otra en el bote salvavidas, para mantenerlo firme.

Así, conseguían cargar los botes con hasta 90 personas en su interior, pero no sabían cómo encender los motores de los botes ni dónde estaban las llaves, por lo que los dejaban navegando a la deriva de las olas, el frío y la oscuridad más absoluta. No quedaba otra opción: tenían que continuar sacando gente del barco.

Cuando el creciente balanceo hizo que las olas se acercaran cada vez más a cubierta, tuvieron que dejar de cargar gente en los botes. Ya no era seguro, había que buscar una solución para los 200 pasajeros que aún quedaban a bordo del Océanos.

Hills y Julian decidieron entonces acudir al puente de mando del barco y contactar por radio para solicitar auxilio. De camino, encontraron al capitán, quien fumando y en estado de shock, les contestaba que no era necesario pedir ayuda. Sin embargo, ellos consiguieron lanzar una llamada de “Mayday”, que alguien respondió. “¿Cuál es su posición”, “¿Cuáles son sus coordenadas?”, “¿Qué rango tienes?”. Hills no sabía responder, era solo el guitarrista del barco. No obstante, gracias a ese laviso las autoridades sudafricanas organizaron un plan de rescate.

Mientras esperaban las tres horas que tardó en aparecer el primer helicóptero y los buzos de la armada, rezaron para que Tracy o Moss sobreviviera, alguno de los dos, y no dejar huérfana a su única hija. Por suerte, ése no era su destino.

Escalando a través de un cable y con arneses, rescataron uno por uno a los miembros y pasajeros que quedaban a bordo. No fue una evacuación fácil, pues los fuertes vientos hicieron tambalear y caer del cable a varios pasajeros. Afortunadamente, todos sobrevivieron. Tracy y Moss ayudaron a todos los evacuados y fueron de los últimos en ser rescatados, justo 45 minutos antes de que el Océanos desapareciera engullido por las aguas bravas del Índico.

Meses después, una investigación condenó por negligencia al capitán y a la tripulación y oficiales superiores que huyeron del barco sin prestar socorro a sus pasajeros. Por su parte, Moss y Tracy continuaron amenizando cruceros y, como cualquier buena película de acción, este héroe fue debidamente recompensado, pues Moss Hills, con el tiempo, acabó siendo director de cruceros.