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Un indígena brasileño carga a su padre a la espalda durante 12 horas para conseguir la vacuna del Covid

La imagen fue captada y compartida por el neurocirujano Erik Jennings, quien quiso mandar un mensaje positivo al mundo en medio de esta ola de contagios

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Antonio aterrizó en el Amazonas

Imagen de la selva del Amazonas, el lugar donde habitan los dos protagonistas de esta historia

© GettyImages

Dicen que el amor de un padre a un hijo es incondicional, pero y ¿el de un hijo hacia un padre? Un hombre en la selva del Amazonas cargó a su progenitor sobre su espalda durante 12 horas para que pudiera recibir la vacuna del coronavirus. El neurocirujano Erik Jennings, afincado en la Amazonia captó el momento y no dudó en difundir la reveladora imagen de Tawy y su padre, Wahu, a quien una vez inoculado llevó de vuelta a su aldea.

Tawy, que tiene 24 años, tuvo que subir cerros, cruzar arroyos y burlar obstáculos para conseguir llegar al centro de salud. No fue fácil para él, sin embargo, sabía que no le quedaba otro remedio si quería proteger a su padre contra el virus. Y es que tan pronto como escuchó el mensaje en la radio de que el equipo médico se encontraba por la zona para distribuir vacunas se puso en marcha colocando a su padre discapacitado en una silla de mano hecha con cuerdas que colocó a sus espaldas.

Esta conmovedora imagen fue realizada hace un año, cuando Tawy y Wahu recibieron la primera dosis de la vacuna, sin embargo el neurocirujano que la captó, quien desde hace veinte años se dedica a la atención de los pueblos de la selva,no ha querido hacerla pública hasta ahora convirtiéndola en un mensaje de esperanzador en medio de la nueva escalada de contagios en el mundo.

El pueblo indígena zó‘é, donde residen este padre y este hijo, ocupa aproximadamente unas 669.000 hectáreas en el estado de Pará, en el norte de Brasil, cerca del río Amazonas, y es un área de la selva considerada altamente preservada y con una enorme biodiversidad.

Según los agentes de salud que trabajan en la región, la población zó‘é está compuesta por unos 325 indígenas que viven dispersos por el territorio en más de 50 caseríos.