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Loretta Harmes, la cocinera que no puede probar sus platos

Debido a una afección que le diagnosticaron hace un tiempo, no puede ingerir ningún tipo de comida sólida

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Una joven cocinando

Aunque Loretta no puede degustar sus creaciones, se guía por el olfato, la vista y por su compañera de piso

© GettyImages

¿Se puede ser cocinera sin probar los platos que elaboras? Aunque parezca contradictorio, Loretta Harmes ha demostrado que es factible. Esta joven británica de Reino Unido cuenta por miles sus seguidores en las redes sociales, donde muestra todas las recetas que elabora… y no come a causa de la dolencia que padece. Esta es su singular historia.

Hace seis años que Loretta comió sus últimos alimentos sólidos: un plato de pollo con patatas asadas que hizo su madre. Después de aquello, los médicos confirmaron que sufría el Síndrome de Ehlers-Danlos (hEDS), una enfermedad que afecta los tejidos conectivos y se manifiesta de diferentes maneras. En su caso la víctima es el estómago, que está parcialmente paralizado y no es capaz de cumplir con sus funciones.

Conectada a una bolsa

Hasta llegar a ese diagnóstico, la vida de Loretta se caracterizaba por un constante dolor de tripa cada vez que ingería alimentos. Tras superar una anorexia a los quince años, los problemas con la alimentación persistían: llegó a pesar 25 kilos porque su médico estaba convencido de que el trastorno alimentario había regresado. La situación terminó con la joven internada en un centro especializado en estas enfermedades.

Todo cambió en 2015 cuando esta joven cocinera sobrevivía a base de comidas líquidas y unas pruebas en el St Mark‘s Hospital de Londres revelaron que tenía el Síndrome de Ehlers-Danlos (hEDS). Desde entonces come mediante un sistema de nutrición parenteral total (TPN): durante 18 horas al día tiene que estar conectada a una bolsa que le proporciona alimentos directamente en su torrente sanguíneo a través de un tubo que tiene en el pecho.

Su abuela Mavis

Y a pesar de no poder comer de una manera convencional, triunfa en las redes como cocinera. Una vocación que adquirió de niña cuando copiaba las recetas de un concurso de la televisión junto a su abuela Mavis. Con once años, Loretta hacía la cena para su familia cada martes: empezó con las recetas de su madre para, después, volar sola.

Cuando estaba en secundaria ganó varios concursos de cocina en los que competían otros estudiantes más mayores que ella. De ahí pasó a las competiciones regionales y mientras lo habitual eran los platos italianos, ella sorprendía preparando lomo de cerdo marinado o estofado de ternera al estilo de Borgoña.

Cuando terminó los estudios obtuvo una plaza en una prestigiosa escuela de cocina de Londres, pero sólo pudo completar el primero de los tres años debido a sus problemas de salud. El coronavirus, el confinamiento y las redes sociales le han dado una segunda oportunidad. Desde su casa cocina guiándose por el olfato (que revive los gustos que hay en su memoria) y la vista mientras Amy, su compañera de piso, prueba los platos y se encarga de la parte audiovisual. Así es como, juntas, han comenzado a construir un negocio trabajando con diferentes marcas para desarrollar recetas y estilizar la comida.