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La rocambolesca historia del joven galés que se envió a si mismo por correo en una caja desde Australia

Brian quería volver a casa, pero no se podía pagar un billete de avión así que decidió facturarse como carga en un vuelo

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TU OTRO DIARIO
Brian Robson

Brian Robson viajó en una caja con la maleta

© GettyImages

Trasladarse a vivir a otro país no es tarea fácil. Y menos aún, adaptarse a un nuevo estilo de vida, cultura diferente y en ocasiones a otro idioma. Algo que le pasó a Brian Robson, un joven galés que emigró a Australia y cuya historia parece sacada del guion de una película de comedia por la forma en la que decidió regresar a su país de origen tras no conseguir adaptarse.

Corría el año 1964, Brian, de 19 años, trabajaba como conductor de autobús en Gales cuando decidió probar suerte y solicitar un trabajo en Victoria, Australia, como operador del transporte ferroviario. Tras ser aceptado, tuvo que hacer una larga travesía en avión que le llevó a hacer escala pasando por Teherán, Nueva Delhi, Singapur, Yakarta hasta llegar a su destino: Sydney.

Brian Robson
No podía permitirse un billete de avión ni devolver el dinero a las autoridades de Australia ©GettyImages

“Fue un viaje increíble”, recuerda Robson en una entrevista a la ‘CNN’. A su llegada, el galés se hospedó en un hostal, al que le había asignado la propia compañía ferroviaria, y que era un “agujero infestado de ratas”. Lo que vio le decepcionó completamente y pasó un tiempo viajando por el país.

Sin embargo, con el paso de los meses, Robson estaba cada vez más decidido a que jamás llegaría a adaptarse a vivir allí y quería regresar a casa. Pero tenía un problema, y es que debería de devolver al Gobierno australiano el coste del vuelo que le habían sufragado, además de que él tendría que pagarse el billete de vuelta. “Costaba entre 800 y casi 1000 euros. Pero solo ganaba alrededor de 34 euros a la semana, así que era imposible”, explica.

Perdido y sin ninguna idea de cómo hacer para regresar, Robson fue a visitar el hostal en el que se quedó al principio y allí conoció a John y Paul, dos jóvenes irlandeses que también acababan de llegar a Australia. Se hicieron los tres rápidamente amigos y juntos fueron a ver una exposición. Allí había una empresa de mudanzas británica con un cartel que ponía: “Podemos mover cualquier cosa a cualquier lugar”. Al verlo, Robson pensó con humor que tal vez lo podrían llevar a él.

Brian Robson
A su llegada a Los Ángeles, la prensa cubrió su rocambolesca historia ©GettyImages

Y aunque empezó como una broma, no se lo pudo quitar de la cabeza esta descabellada idea y al día siguiente se acercó a una de la oficinas de envío para recopilar todo tipo de información respecto al tamaño de la caja y peso permitido. Tras reunir todo lo necesario, le contó a sus nuevos amigos su plan y estos al principio lo tomaron por loco, pero luego se sumaron ayudarle.

Adquirió una caja de gran tamaño que le permitió meterse dentro a él y a su maleta. También puso una almohada para estar más cómodo, una linterna y así como víveres para poder sobrevivir allí adentro. Cuando ya estaba todo listo, se embarcó en una aventura que le llevó a hacer cinco escalas hasta ser descubierto en la bodega del avión.

Una dura experiencia abordo

El primer viaje duró 90 minutos desde Melbourne hasta Sydney. Recuerda que sus rodillas le empezaron doler y que notaba la falta de oxígeno en la bodega al no estar esas aeronaves presurizadas. Luego le siguieron otras escalas y una que no estaba planeada, ya que él había reservado que iría en un avión de Qantas hasta Londres directamente, pero como estaba lleno todo el equipaje lo metieron en otro vuelo con dirección a Los Ángeles. Esta travesía duró 5 días.

Brian Robson
Ahora, 50 años después, busca a sus dos amigos irlandeses que le ayudaron ©GettyImages

A su aterrizaje en suelo norteamericano, y él sin ser consciente de ello, salió de la caja con la idea de regresar andando hasta su casa. Pero dos trabajadores del aeropuerto lo descubrieron como polizón. Tras comprobar la causa que le había llevado allí y que no suponía ninguna amenaza, lo trasladaron hasta el hospital y posteriormente las autoridades le pagaron un vuelo de regreso en primera clase a Robson a su casa.