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¿Siete días aislada en una isla remota viendo solo películas? Una mujer lo ha hecho y esta fue su experiencia

Lisa Enroth, una enfermera cinéfila, ganó el concurso de un festival de cine sueco y cuenta que lo vivido le ha enseñado a tomarse la vida de otra forma

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La isla de Pater Noster, en Suecia

© GettyImages

La pandemia del coronavirus ha golpeado a muchos sectores, uno de ellos es el del cine. Una gran cantidad de películas han sido visto aplazadas su estreno hasta por un año y los festivales y galas de premios han cambiado sus fechas y han tenido que adaptarse esta nueva normalidad, sin público o entregando los galardones de forma remota. El festival de cine más grande de Escandinavia, el de Gotemburgo, lanzó hace unas semanas una propuesta novedosa para adaptarse a estos tiempos de pandemia y que llamó mucho la atención: el festival se llevaría a cabo en una isla remota y solo admitiría a un asistente.

El afortunado se quedaría solo en un antiguo faro que ha sido reconvertido en un hotel de la isla de Pater Noster, a donde solo se puede acceder desde un pequeño barco o en helicóptero desde la costa oeste de Suecia y tendría cubierto todas las comidas, además de que no puede llevar teléfono y tendrá la oportunidad de disfrutar de una infinidad de películas.

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Tuvo la oportunidad de relajarse y encontrarse consigo misma ©GettyImages

Lisa Enroth es una enfermera amante del cine y decidió probar suerte postulándose para darse un respiro de su trabajo en la sala de emergencias de un hospital. Ella fue la elegida entre más de 12.000 solicitantes y ahora, tras estar en aquella isla remota confinada, ha narrado su experiencia y cómo le ha cambiado la forma de ver la vida.

El 30 de enero llegó a bordo de un pequeño barco y asegura que su primera impresión del lugar fue increíble, el mar, el cielo y la nieve adornaban el paisaje de este remoto lugar, según cuenta a CNN. Enroth estuvo a solas en su cabaña del faro y tuvo oportunidad de recorrer la isla en ese primer día. Junto a ella, había otra persona en la isla por seguridad, pero tenían que mantener la distancia y no verse.

Sin embargo, la primera noche fue rara, tan acostumbrada a los ruidos de la ciudad y las calles, el silencio y los sonidos del mar la inquietaron. Pero al día siguiente fue testigo de un precioso amanecer que hizo desaparecer los miedos de la noche pasada.

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Vio unos 30 largometrajes y un puñado de documentales ©GettyImages

Sin teléfono ni ordenador, ocupó el resto de sus días profundizando en la selección de películas del festival y también pasando sus ratos pintando, caminando y haciendo un videoblog diario. “Fue genial no estar conectado a tu teléfono y simplemente ver una película sin distracciones”, confesó.

El no tener ningún tipo de distracción le hizo darse cuenta de cómo de conectados estamos los seres humanos, de la facilidad con la que se accede a consultar en internet algo y que ella allí no podía recurrir a nada. E incapaz de poder estar informado por las noticias, su mente le llevó a divagar y a preocuparse por si la pandemia empeoraba aún más durante su ausencia.

Además, reflexionó sobre aquellas personas que no les gustan la soledad pero que por circunstancias de la vida han tenido que vivir con ella.

LO QUE APRENDIÓ

Vio cerca de 30 películas y un puñado de documentales, de los que disfrutó mucho sumergida en esta burbuja de aislamiento.

Su estancia en esta isla remota terminó el 7 de febrero, y a su vuelta a casa se dio cuenta que esta experiencia le había ayudado a comprender varias cosas de la vida, una de ellas es a tomarse con más calma la vida, a no apresurarse tanto y “relajarse un rato”.