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De exitosa ejecutiva en Silicon Valley a monja de clausura: Montse Medina, una ‘millennial’ fuera de lo común

Era directiva y socia de Deloitte y había fundado una startup de éxito que vendería a PayPal, pero lo ha dejado todo para ingresar en un monasterio de Castellón

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Montserrat Medina ha decidido consagrarse como monja de clausura de la orden de las agustinas

© GettyImages

La valenciana Montserrat Medina había conseguido, a sus 36 años, todo aquello con lo que muchos ni siquiera se atreven a soñar. Con dos másters y una beca con la que cursaba el doctorado en ingeniería matemática y computacional de la prestigiosa Universidad de Stanford, en Estados Unidos, se labró una fulgurante carrera profesional en Sillicon Valley, la meca mundial de las tecnológicas, y ha sido galardonada con premios de gran reconocimiento en el sector empresarial. Con el prestigio y el éxito, llegó el poder y el dinero, pero Montse ha renunciado a todo. Y lo ha hecho por un motivo cada vez menos habitual en nuestros días: por seguir a Dios.

Creó su propia empresa, Jetlore, una startups que creció rápidamente en Sillicon Valley y que atrajo la atención de la multinacional Pay-Pal, que la adquiriría años después a cambio de una más que suculenta cantidad de dinero. Más tarde, Medina llegó a ser socia y directora del Área de Analítica Avanzada e Inteligencia Artificial en Deloitte. Además, fue galardonada en 2017 con la Medalla de Bronce de los Stevie Awards for Women in Business (un prestigioso premio para ejecutivas y emprendedoras) y, en 2019, apareció en la lista de Businness Insider de los 21 jóvenes líderes del mundo de las startups. Pero seguía sin encontrar su camino... hasta hace dos meses.

Poco antes de Navidad presentó su dimisión en Deloitte y envió una sorprendente carta de despedida en la que explicaba sus razones a sus compañeros: “Creo que Dios me está llamando a dejarlo todo para seguir a su Hijo Jesús más de cerca”, confiesa Medina en esa carta, que reproduce la publicación religiosa Canta y camina. “Él ha puesto en mí un fuego que enciende una insaciable necesidad de amarle y servirle”. Y así lo ha hecho. Ha pasado del corazón de Sillicon Valley al Monasterio de Santa Ana, en el municipio de Sant Mateu, en Castellón.

Monjas
Medina se dedicará ahora a la vida contemplativa y a las tareas diarias de un convento ©GettyImages

Ha sustituido el trasiego y las prisas por la quietud de la vida contemplativa. Seguirán los madrugones, eso sí, pero para acudir a la oración de la mañana (se levantará, a partir de ahora, cada día a las 6 para asistir a misa). El cambio no puede ser más opuesto, ya que el de Santa Ana no es un monasterio cualquiera, sino un convento de clausura total, de modo que no podrá salir de él. Por eso aprovechó las Navidades para visitar a su madre y a sus hermanos y despedirse de ellos antes de ingresar en la orden de las agustinas, que es la que lleva este monasterio.

Ahora se encuentra en el aspirantado, una etapa previa a la toma de votos. Será en abril cuando finalice esa etapa y pueda consagrarse. De momento aún puede pasar temporadas con su familia; cuando oficialice su auténtica vocación, ya no podrá hacerlo. Se dedicará exclusivamente a la oración y a la vida contemplativa.

“Desde hace años quería decir que sí a Jesús, pero no lo hacía sino tímidamente y solo por dentro”, dice la ya ex directiva en la carta de despedida a sus compañeros. “Ciertamente, mi meta no era otra que lo que la sociedad me enseñó desde mi niñez: estudiar, posicionarme con un trabajo bien remunerado, casarme y tener hijos”. Tras la difícil decisión de renunciar a todo por sus creencias, su perfil de Linkedin es fiel reflejo de los caminos radicalmente opuestos que ha seguido: empleo anterior, socia en Deloitte; empleo actual, “sierva de Dios”.

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