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El Ecce Homo y otras restauraciones fallidas de España se convierten en llaveros fetiche en Japón

Los productos han tenido mucho éxito y la empresa encargada de producirlos no descartan lanzar más unidades

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El Ecce Homo y otras restauraciones fallidas de España se convierten en llaveros fetiche en Japón

Una turista fotografía el popular Ecce Homo de la iglesia zaragozana de Borja, restaurado por Cecilia Giménez

© GettyImages

Hace ocho años que el municipio zaragozano de Borja, de 5.000 habitantes, se convirtió en el centro de atención de España y parte del mundo. Medios nacionales e internacionales se desplazaron hasta el lugar para inmortalizar la restauración fallida por parte de Cecilia Giménez del Ecce Homo de la iglesia. Sus retoques de la imagen no fueron los más acertados y su escaso parecido con el original lo convirtieron en todo un fenómeno social.

Pero no fue el único, la “reparación” de la escultura de San Jorge de la iglesia de San Miguel en la localidad navarra de Estella generó la indignación de algunos y las risas de otros, al comprobar que el rostro del santo había sido tan alterado que parecía el de un cómic.

Y si estas dos restauraciones generaron un gran aluvión de comentarios y cientos de memes, la forma en la que fueron pintadas las tres tallas de la ermita de Rañadoiro en Asturias, no les fue a la zaga. Los colores elegidos no fueron los más adecuados ni tampoco sus expresiones.

  

Conscientes de la repercusión que tuvieron estos trabajos tan peculiares, una empresa de Japón se ha decidido a lanzar una colección de llaveros con las diferentes imágenes y su éxito ha sido tal que ya se han convertido en uno de los complementos fetiches en el país nipón.

Hideyuki Toyoda, presidente de Rainbow, la empresa encargada de poner en ventas estos productos, ha confesado a Verne que en un principio solo lanzaron al mercado 1.000 unidades, pero que su demanda fue tal, que lanzaron otras 3.000, recibiendo incluso algunos pedidos desde fuera del país.

En Japón los llaveros pueden ser adquiridos en unas máquinas expendedoras llamadas Gachapon, donde al introducir una moneda de cien yenes cae una especie de huevo de plástico en cuyo interior se encuentra el preciado tesoro.