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Ardillas y peras fermentadas, una combinación que terminó con un roedor totalmente ebrio

El animal dio buena cuenta de las sobras que encontró en el patio de una casa, pero no le sentaron demasiado bien

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El pequeño roedor se coló en el patio de la casa de Kathleen Morlok para comerse unos trozos de fruta que habían fermentado

© GettyImages

Una ardilla, ¿puede emborracharse? A tenor de las imágenes grabadas por Kathleen Morlok todo apunta a que la respuesta es afirmativa. Este roedor apareció en su patio para comer los restos de fruta que la mujer había dejado a su mascota sin darse cuenta que había fermentado. Una combinación fatal para el pequeño roedor.

Kathleen Morlok, que vive en Inver Grove Heights (Minnesota, Estados Unidos), había dejado unas peras para su cerdo Hamlet, que solo se comió una. Una ardilla se coló en el patio de la vivienda y dio buena cuenta de la comida que había rechazado la mascota. Al verla, la dueña de la casa decidió darle más alimentos y cuando el animal regresó a por más, se dio cuenta de que sus movimientos eran bastante erráticos.

Una ardilla ebria

El roedor comenzó a tambalearse y se quedó con la mirada perdida, pero no desistió de su manjar y siguió comiendo. A Kathleen le pareció que su comportamiento era muy raro: “Seguía inclinándose mientras engullía la fruta. Fue entonces cuando se me ocurrió que las peras debían haber fermentado en el fondo de la nevera”. Estaba en lo cierto.

Salió, recogió las peras, tiró los restos a la basura y pasó toda la noche preocupada por ‘Lil Red’, el nombre con el que había bautizado al roedor. Al día siguiente la ardilla apareció de nuevo en su patio y Kathleen le dio de desayunar para mitigar los efectos del exceso de alcohol. El animal se recuperó sin problemas y volvió a estar en plena forma: “Fue un accidente con final feliz”.

La tolerancia al alcohol de los animales

Los humanos no sufrimos esos efectos porque hemos desarrollado tolerancia al alcohol a partir de una mutación que evolucionó en nuestro último antepasado común con los grandes simios africanos. La incorporación del etanol en nuestra dieta, a través de la fermentación de frutas y néctares, también influyó en ello.

Y es que, aunque parezca extraño, hay algunas razas que pueden emborracharse si comen fruta fermentada. Un estudio de la Universidad de California ha demostrado que depende de su capacidad para metabolizar el alcohol: 85 mamíferos, entre los que encontramos elefantes, caballos y vacas, no tienen la mutación ADH7 y no son capaces de asimilar el etanol. Los primates y los murciélagos, por ejemplo, sí que tienen esa mutación que les permite metabolizarlo de forma más eficiente.

No en vano, hace un tiempo, un grupo de elefantes se hicieron famosos porque comieron fruta fermentada que había caído de una marula. Los paquidermos empezaron a moverse de manera errática, chocando entre ellos y provocando cierto caos en aldeas cercanas.