La conmovedora historia de Tarzán, el perro alicantino que asistía a bodas y funerales y terminó siendo adoptado por todo un pueblo

Actualmente, el animal cuenta con una estatua, un documental y un parque en su honor

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21 de Octubre 2020 / 19:06 CEST

Perro al atardecer

Tarzán, el perro alicantino que asistía a bodas y funerales y terminó siendo adoptado por todo un pueblo

© GettyImages

Ha pasado ya más de medio siglo desde que comenzó a escribirse la historia de Tarzán, el perro que fue encontrado hace 60 años por unos niños que jugaban en el cauce del río Tarafa, en la provincia de Alicante. Después del hallazgo, Tarzán se convirtió en el perro del pueblo y nunca se perdía una boda, en las que solía estar siempre festejando a lado de los novios; ni un funeral, en los que acompañaba, con lo que parecía un enorme respeto, a los familiares de los difuntos.El animal era simplemente el más fiel compañero de todos los habitantes de Aspe, en Alicante.

La historia de Tarzán ha salido a la luz después de que Carlos Torres, un periodista originario de Aspe, compartiera a través de su cuenta de Twitter la emotiva vida del perro que, en palabras del usuario de la red social: “si hubiese nacido en Japón y se llamara Hachiko, tendría una película protagonizada por Richard Gere”. Lo cierto es que el paso de Tarzán por el pueblo ha dejado una huella imborrable que forma ya parte de la memoria popular.

¿Cuál es la historia de Tarzán?

Durante la década de los 60, era habitual que camadas enteras de perros sin dueño fueran sacrificadas, por lo que todos los hermanos del cachorro estaban muertos cuando él fue encontrado por el grupo de niños que, como primera acción, pensó en llevarlo a casa y darle un hogar. Lamentablemente los padres de los pequeños se negaron, por lo que tuvieron que dejarlo en un árbol de la Plaza Mayor, junto a la basílica del pueblo.

Los pequeños rescatistas dejaron al can con la intención de que fuera protegido por los visitantes de la iglesia del pueblo, ya que conocían de sobra a su comunidad y sabían que nadie le haría daño. Después de darle lo que creían sería un hogar temporal, comenzaron a pensar en el mejor nombre para su nuevo amigo e inspirados por la última película que habían visto en el cine del pueblo, lo llamaron Tarzán.

Los niños que encontraron a Tarzán se turnaban para alimentarlo, acompañarlo y lavarlo©GettyImages

Ya con un sitio seguro donde pasar las noches y con un nombre, los niños comenzaron a turnarse para alimentarlo, acompañarlo y lavarlo en la fuente de la iglesia con agua y con jabón cada vez que lo necesitara, además de que, entre todos, le daban todo el cariño que el animal se merecía. Tanto lo protegían que incluso llegaron a arrojarle piedras a un empleado municipal que, al ver que el perro no tenía dueño ni las vacunas correspondientes, intentó llevárselo en una ocasión para sacrificarlo, por lo que rápidamente los pequeños iniciaron una colecta entre los vecinos para vacunarlo y así pudiera tener las placas identificativas que harían que las autoridades lo dejaran tranquilo.

A partir de ese momento, además de los críos que le daban todos los cuidados, los adultos del pueblo también empezaron a considerarlo un miembro más de la comunidad. Muy pronto, Tarzán se volvió el invitado de honor en ocasiones importantes, como las bodas celebradas en la iglesia, en las que, de acuerdo con varias fotos de aquella época, se ve al perro acompañando a los contrayentes de la iglesia hasta el convite, donde sabía que le tocaría parte del banquete como un invitado más.

“No había boda, comunión o bautizo que no contara con la presencia del perrete”, menciona el periodista en su hilo de mensajes en Twitter. Pero además de las grandes fiestas, Tarzán también solía estar presente en las ocasiones tristes, como cada vez que un habitante del pueblo moría; él esperaba en la puerta de la iglesia a que saliera el féretro para acompañar a los dolientes hasta el cementerio.

Y así continuó transcurriendo la vida del noble Tarzán hasta que un día, después de asistir a un entierro, no volvió más al árbol de la iglesia. Los vecinos lo buscaron incansablemente, pero fue inútil, el amoroso perro había desaparecido dejando un hueco enorme en los corazones de los habitantes de Aspe.

Finalmente, y tiempo después de que Tarzán desapareciera, el tenor Alfredo Kraus, cautivado por la historia, pidió al alcalde que se construyera una estatua en honor al can y así se hizo. Por su parte, los alumnos del Taller de Cortos de la Villa de Aspe realizaron un documental basado en la historia del animal poco antes de que el Ayuntamiento construyera un parque canino que lleva su nombre. Todas fueron grandes formas de homenajear al perro que los acompañó y cuidó durante años.

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