1. home
  2. /Economía

De crear los primeros tintes para el pelo en su cocina a levantar un imperio cosmético: Eugéne Schueller, fundador de L’Oreal

Criado en una familia humilde, logró hacer, a base de trabajo y de esfuerzo, una de las mayores fortunas del mundo, que heredaría su única hija, Liliane Bettencourt

2 Minutos de lectura
Fundador de L'Oreal

En poco más de una década, Eugéne Schueller convirtió a L’Oreal, la empresa que había fundado, en una multinacional

© GettyImages

Eugéne Schueller se crió en el barrio parisino de Montparnasse, en el seno de una familia muy humilde. Su padre era pastelero y él, desde que cumplió los cuatro años, acudía cada mañana antes de ir al colegio a ayudarle en la pastelería, según explica la autora Ruth Brandon en su libro ‘La cara oculta de la belleza’. Toda mano de obra era bien recibida y siempre había algo que el pequeño Eugéne podía hacer.

Quizás eso es lo que lo convirtió en un luchador nato: se las ingenió para estudiar Química a pesar de los bajos ingresos familiares y, en cuanto tuvo los conocimientos necesarios, trabajó incansablemente para elaborar productos que la sociedad demandaba.

Fundador de L'Oreal
Eugéne Schueller se afanó en producir tintes no tóxicos para la salud y los elaboraba en la cocina de su casa ©Wikimedia Commons/Mayns

Y uno de esos productos eran los tintes para el pelo. Algo que hoy es de lo más común, pero que entonces no eran nada habituales y los poco que había eran perjudiciales para la salud, de modo que en 1907, con 26 años, el joven químico montó un pequeño laboratorio en la cocina de su casa y se puso a practicar con sus ungüentos.

No tardó demasiado en dar con la clave y en dos años ya había constituido su empresa: Société Française des Teintures Inoffensives pour Cheveux (Sociedad Francesa de Tinturas Inofensivas para el Cabello). Su gran logro había sido precisamente ese, elaborar tintes no tóxicos, a los que bautizaría primero como L’Auréole, nombre que cambiaría más tarde por el de L’Oreal.

Con un admirable espíritu emprendedor, comenzó vendiendo su tinte a peluquerías locales y, en cinco años, ya había dado a conocer su producto estrella fuera de Francia y lo exportaba, con gran éxito de ventas, a Austria, Italia y a Holanda. Para 1920, poco más de una década después, ya estaba presente en 17 países.

Hija de Eugéne Schueller, fundador de L’Oreal
Schueller perdió a su esposa cuando su única hija, Liliane Bettencourt (en la imagen) tenía cinco años, por lo que se volcó en su educación y siempre estuvo muy unido a ella ©GTres

Demostró ser, además, un auténtico pionero en publicidad. En la década de 1930, contrató a reconocidos pintores de la época para que diseñaran carteles y a estrellas de cine para que se tiñeran el pelo con sus tintes. También compró espacios en la radio para anunciarse y publicitó en circos champú y espuma para el cabello infantil. Su visión para captar nuevos clientes a través de esta vía fue tal que ganó un Oscar a la publicidad en 1953.

Logró así crear todo un imperio cosmético y, en consecuencia, una gran fortuna. Schueller siempre fue un trabajador nato: se levantaba a las 4 de la mañana para ir a sus fábricas, a las que siempre acudía en su Rolls Royce.

Françoise Bettencourt Meyers
Françoise Bettencourt Meyers es la nieta de Schueller y la actual propietaria del imperio L’Oreal ©GettyImages

 

Aunque con fama de ser solitario, se casó dos veces. La primera, en 1909 con Louise Madeleine Berthe Doncieux. Con ella tuvo a su única hija (y heredera universal de su imperio), Liliane, conocida como Liliane Bettencourt tras adoptar el apellido de su marido, Andrè Bettencourt. Cuando Louise falleció, la niña tenía tan solo cinco años y él se volcó con ella, haciendo especial hincapié en que recibiera la mejor educación. Cuando se casó de nuevo en segundas nupcias lo hizo con la institutriz de su hija.

tags: