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Cuando no queda más remedio que solicitar la pensión de invalidez: ¿qué cuantía corresponde?

Existen cuatro grados de incapacidad permanente que establece un tribunal médico y, en función de eso, varía la retribución económica

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Discapacidad

Existen cuatro tipos o grados de incapacidad permanente y la pensión correspondiente varía en función de uno u otro

© GettyImages

Unas 950.000 personas en España -según datos de TKE Home Solutions- no pueden seguir trabajando (o al menos no en las mismas circunstancias en las que lo venían haciendo) bien por padecer una enfermedad o bien por las secuelas producidas en un accidente. En cualquiera de los casos, se tambalea la vida por completo tanto del afectado como de sus familiares a todos los niveles (físico, psicológico, emocional…); también desde el punto de vista económico. De ahí que se haga necesario en la mayoría de los casos solicitar una pensión de invalidez o de incapacidad permanente.

En contra de lo que comúnmente se cree, no es igual para todos los pacientes. Una vez que una persona está 545 días de baja (que es lo que se denomina incapacidad temporal) y aún no se ha podido recuperar, es un tribunal médico el encargado de supervisar su caso y el que establece qué grado, de los cuatro que existen en nuestra legislación, le corresponde. Son los siguientes, tal y como detalla TKE Home Solutions:

1. Incapacidad permanente parcial

Se concede cuando la enfermedad o el accidente ha reducido el rendimiento de una persona en un 33%. Eso significa que podrá seguir trabajando, por lo que no recibirá una pensión todos los meses, sino un único pago. Se paga el equivalente a 24 mensualidades de la base reguladora. Si la invalidez se produce por un accidente (laboral o común) o por una enfermedad profesional, cualquier persona tiene derecho a recibir la pensión. En cambio, si se produce por una enfermedad común, se exige tener cotizados 1.800 días de los últimos 10 años.

2. Incapacidad permanente total

En este caso, el afectado ya no puede volver a su empleo habitual, pero sí trabajar en otro sector o puesto adaptado a su nueva situación. Podría ser el caso de un albañil que pierda una pierna, algo que le obligaría a dejar su puesto actual y pasar a un empleo de oficina, por ejemplo.

Ya que el afectado no puede volver a su puesto habitual, recibe una pensión vitalicia del 55 % de la base reguladora. Se considera que los mayores de 55 años tendrán más problemas para volver al mercado laboral, por lo que se les puede ampliar la pensión al 75%. Si la incapacidad se produce por una enfermedad común, es necesario haber cotizado un mínimo de años para poder recibir la pensión. Por ejemplo, los menores de 31 años deben haber cotizado la tercera parte del tiempo transcurrido desde que cumplió 16 años y el momento de la enfermedad.

Cama de hospital con un enfermo
Existen 950.000 personas en España que, por una enfermedad o un accidente, no pueden volver a trabajar o al menos no hacerlo en las mismas circunstancias que antes ©GettyImages

3. Incapacidad permanente absoluta

Es la situación en la que ya no es posible trabajar. Hablamos de trabajadores que hayan perdido gran parte de la movilidad o con alguna enfermedad grave o crónica, como el alzhéimer o la artritis reumatoide, por ejemplo.

La pensión es también vitalicia y, ya que es una situación en la que no se puede volver a trabajar, es del 100 % de la base reguladora. Ese porcentaje se puede ampliar en algunos casos; por ejemplo, si fue por un accidente de trabajo o una enfermedad profesional derivada de alguna falta de medidas de higiene o seguridad en el puesto de trabajo. Asimismo, la Seguridad Social fija unos periodos mínimos de cotización para recibir el dinero si la incapacidad se produjo por una enfermedad o accidente no laborales.

4. Gran invalidez

Es el caso más difícil, en el que una persona no puede trabajar y, además, necesita ayuda de otros para hacer sus actividades diarias.

Otras ayudas

Además de la pensión correspondiente, diversos organismos e instituciones ofrecen subvenciones y ayudas para reformar las viviendas en aquellos casos en los que sea necesario adaptar algunas zonas del hogar: instalar salvaescaleras, adecuar el suelo para evitar caídas, modificar la altura de las cocinas, mover paredes para hacer el espacio más amplio… Como indica la compañía de salvaescaleras TKE Home Solutions, hay ayudas estatales, regionales e, incluso, locales para destinarlas a tal fin.