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El sueño cumplido de Beto Pérez, creador de la Zumba: de dormir en un banco a tener un imperio de 30 millones de euros

Tras una infancia y adolescencia difíciles, creó el popular método de manera completamente casual, por un descuido

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Creador de zumba

Beto Pérez, de orígenes humildes, inventó la Zumba por casualidad, cosechando un éxito inimaginable

© Beto Pérez

La Zumba es algo tan habitual (si no la practicas, seguro que conoces a alguien cercano que sí lo hace) que parece ya un baile o ejercicio aeróbico tradicional. Pero no es así. Lo inventó a mediados de los 80 Alberto Pérez, Beto, que hoy en día es multimillonario gracias a su exitosa idea y tiene una fortuna estimada en unos 30 millones de dólares (cerca de 25 millones de euros). Y todo gracias a la Zumba. Antes de eso llegó a dormir una temporada en un banco en la calle. Esta es su historia.

Creador de Zumba
Antes de lograr una beca en la academia de baile donde la cambiaría la vida, tuvo que trabajar como albañil y vendedor de helados siendo tan solo un adolescente ©Beto Pérez

Nació en Cali (Colombia) en una familia con pocos recursos. Su madre, soltera, se las ingeniaba como podía para criarlo a él y a sus otros dos hijos. Nunca le faltó, eso sí, un plato en la mesa gracias al esfuerzo sobrehumano de la mujer, que compaginaba tres empleos precarios para poder hacer frente a los gastos más básicos. Eso no incluía la formación académica. Beto tuvo que costearse por sí mismo sus estudios de danza, disciplina en la que era brillante y que era claramente su vocación.

De adolescente, trabajó como albañil y como vendedor de helados. Tiempos difíciles para el joven Beto que, además, coincidieron con la marcha obligada de su madre a Estados Unidos para buscar una vida mejor tras ser víctima inesperada de una bala perdida. No se pudo llevar a su hijo con ella y tardaron en volver a verse diez largos años.

Justo un año después de quedarse solo en Cali, Beto consiguió a los 16 años una beca en una academia de baile. Allí, además de recibir formación, impartía clases como instructor de coreografías pop. Fue en una de esas clases, y gracias a un descuido, donde tiene su origen la Zumba.

Beto Pérez
Beto durante una ‘masterclass’ en Madrid en 2018 ©GettyImages

Un día olvidó en casa el casete con la cinta con la que impartía su lección, así que improvisó algo sobre la marcha. Por suerte, llevaba en su mochila una cinta con canciones latinas. Esa música no tenía nada que ver con lo que a priori interesaba a sus alumnos, pero no le resultó difícil echarle imaginación y fingió haber preparado una nueva coreografía con pasos propios del merengue y la salsa.

Fue todo un éxito. No solo creyeron a pies juntillas que efectivamente estaba preparado de antemano, sino que quedaron encantados con la novedad. Le pidieron, además, que les diera más clases como esa. “Cada vez que enseñaba, aparecían más personas y daban una clase. Había filas de personas en la puerta que esperaban entrar, se corrió la voz rápidamente”, decía en una entrevista a la BBC. “Este fue el comienzo del Zumba”.

Beto Pérez
©GettyImages

Tras unos años aprovechando el tirón en su Cali natal, decidió trasladarse a Miami con un claro objetivo: cumplir el sueño americano. De nuevo, época más que difícil. No hablaba inglés y no conocía a nadie, de modo que no le quedó más opción que dormir en un banco de un parque. Con gran tesón, logró encontrar empleo como instructor de baile y la historia de la anterior academia se repitió: cada vez más alumnos se interesaban por sus clases hasta tal punto que uno de ellos decidió presentarle a su hijo y a un amigo para que se asociara con ellos y fundaran una empresa.

Y la cosa funcionó. Alberto Pérez se asoció a Alberto Perlman y a Alberto Aghion, un trío de Albertos o de ases cuya primera decisión empresarial fue poner nombre a esta disciplina aeróbica, Zumba. Después, pensaron una idea que hoy es de lo más común: grabar clases para que cualquiera pudiera ponerse el vídeo en su casa y siguiera las rutinas sin necesidad de instructor. Empezaron grabando en un garaje y, en solo tres años, ya contaban con miles de profesores latinos que daban clases de Zumba. Por supuesto, primero debían certificarse en esta especialidad y pagar por ello. En unos años más, los instructores especializados se repartían por todo el mundo y la empresa está hoy valorada en unos 500 millones de dólares (unos 416 millones de euros).