Ángela Ruiz Robles: la española que inventó el precursor del libro electrónico... en 1949

Su invento no era electrónico, sino mecánico, pero buscaba lo mismo que los actuales ‘ebooks’: contener en un solo artilugio todos los libros posibles

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30 de Julio 2020 / 11:42 CEST

Precursora del libro electrónico

La española que en 1949 inventó la enciclopedia mecánica

© Wikimedia Commons

Uno de los dispositivos que a día de hoy resultan imprescindibles para viajeros frecuentes, estudiantes y devoradores de libros nació de la mente de una española a quien no se le ha reconocido como es debido por dicho invento. Fue en 1949 cuando Ángela Ruiz Robles inventó la enciclopedia mecánica, un equipo que contenía abecedarios automáticos capaces de formar toda clase de escritos. Aunque lo patentó, nadie quiso comercializar su idea.

El invento del ebook se le atribuye a Michael Hart en 1971, ya que fue él quien creo el proyecto Gutenberg, que facilitaba el acceso a libros digitalizados, sin embargo, el que en verdad podría considerarse como el antepasado del libro electrónico ya se había inventado 21 años antes por Ruiz Robles, en un pueblo recóndito de España durante la postguerra.

En 2016, Google le rindió homenaje a través de un doodle a la autora de dicho invento: una especie de libro mecánico cuyo objetivo principal era poder almacenar en él otros libros y así reducir el espacio que ocupaban. Ángela Ruiz Robles era una maestra gallega que impartía clases de taquigrafía, mecanografía y contabilidad mercantil, por lo que para ella los largos textos eran de primer uso.

  

La maestra nacida en 1895, llegó a ser directora de algunas instituciones, creó su propia academia para adultos y escribió 16 libros de gramática y ortografía. Para ella la educación era lo más valioso y, si con su invento podía contribuir a hacer más fácil la absorción del conocimiento, lo haría sin pensárselo dos veces.

Fue el ver a sus estudiantes sufrir la incomodidad de ir cargados de libros de un lado a otro lo que la hizo crear su enciclopedia mecánica con luces, sonidos y completamente interactiva. En otras palabras, tenía funciones que hoy tienen los libros electrónicos y las tabletas, toda una innovación para la época. Probablemente el hecho de estar tan adelantada a su tiempo fue lo que hizo que el proyecto no resultara de interés para ninguna empresa nacional.

En 1970 llegó la oferta que llevaba casi dos décadas esperando: desde Washington, Estados Unidos, le proponían comercializar su enciclopedia, lo que le hubiera permitido entrar en el mercado americano, pero rechazó la propuesta ya que que tenía la esperanza que su proyecto fuera financiado en España.

Finalmente, Ángela murió en 1975 sin llegar a ver su sueño cumplido. En la actualidad sigue siendo una figura poco conocida a pesar de haber sido la precursora de uno de los soportes electrónicos de lectura casi esenciales para millones de personas. Aun así, nadie borra de la historia su incomprendida visión del futuro y sus loables propósitos de educar de una manera menos convencional.