¿Por qué Francoise Bettencourt-Meyers se siente abrumada a causa de su enorme fortuna?

La segunda mujer más rica del mundo ha confesado a un buen amigo no sentirse libre desde que heredó L’Oreal, el imperio de cosméticos y belleza construido por su madre

2 Minutos de lectura

06 de Julio 2020 / 20:19 CEST

La heredera de L’Oreal disfruta más de la tranquilidad de estar en casa que de visitar lujosos restaurantes o hacer costosos viajes por el mundo

© GettyImages

Francoise Bettencourt-Meyers, quien a día de hoy ocupa el segundo puesto de las mujeres más ricas del mundo, según la revista Forbes, con el hermetismo y austeridad que la caracteriza, llegó a confesar a su buen amigo el escritor Jean d’Ormesson que “llega un momento en el que defender y conservar la fortuna es tan duro como acumular un patrimonio consecuente” y que él reveló al diario ABC. Se refería a la herencia que recibió en 2017 de su madre Liliane Bettencourt, la legendaria dueña de L’Oreal.

La millonaria siempre ha preferido llevar una vida sencilla, tranquila y lo más alejada posible de los medios, como ha mencionado en algunas entrevistas, desde pequeña haberse sentido como en una cárcel a causa de la inmensa fortuna que ostentaba su madre. Francoise acudió a una escuela elitista y siempre estaba muy bien vigilada por guardias de seguridad, a día de hoy lo sigue estando, situación que no le ha permitido disfrutar de, incluso, una simple cena en un restaurante de manera convencional.

El también vecino de los Bettancourt Jean d’Ormesson comentó en ABC que la dueña de L’Oreal no sabía qué hacer con su fortuna, ya que era consciente de que los intereses de su única hija estaban enfocados más bien a las letras y al arte. Aún así, la nombró heredera a ella y a sus dos nietos, quienes junto a su padre se hacen cargo de las finanzas de la empresa de cosméticos y belleza.

Liliane Bettencourt heredó a su hija y a sus nietos su empresa L‘Oreal, el imperio de cosméticos y belleza que su padre, Eugene Schueller, fundó en 1909©GettyImages

Encerrada en una prisión dorada

Francoise Bettencourt-Meyers además de velar por la herencia de su madre, junto a su esposo e hijos, también es presidenta del consejo de administración de un sinfín de sociedades, fondos de inversión y fundaciones (todo parte de la herencia de Liliane Bettencourt), lo que le hace invertir gran parte de su tiempo en eventos, reuniones y papeleos que a su vez la limitan para dedicarse a sus pasiones artísticas: escribir y tocar el piano, por ejemplo.

Su enorme fortuna (43.555 millones de euros) y todas esas obligaciones forzosas a las que se debe, la han llevado a no poder dar un paso fuera de su casa si no es en compañía de su grupo de guardaespaldas que la protege de día y de noche y a donde quiera que va, haciendo que la culta mujer desconozca la sensación de dar un paseo en solitario por el parque. Todo en conjunto la ha hecho ganarse la fama de austera, pues es sabido por todos sus conocidos que la multimillonaria disfruta más de sus cenas en casa que del foco público.