Sarah Burton: la historia de éxito de quien ha pasado de ser alumna a convertirse en maestra

La diseñadora fue la mano derecha de Alexander McQueen y se mantuvo en el anonimato durante 14 años, hasta que la trágica muerte del diseñador la obligó a tomar las riendas de su legado

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25 de Junio 2020 / 23:23 CEST

En el año 2000, fue nombrada por Alexander McQueen, jefa de las colecciones de mujer

En el año 2000, fue nombrada por Alexander McQueen, jefa de las colecciones de mujer

© GettyImages

Originaria de Mánchester (Reino Unido) Sarah Burton es a día de hoy una de las diseñadoras favoritas de las   celebrities. Fue ella la encargada de diseñar el vestido de novia de Kate Middleton, duquesa de Cambridge, y a su vez, la diseñadora favorita de Eddie Redmayne, entre otros. Burton fue criada junto a sus cuatro hermanos en una familia para quienes la educación y la cultura eran prioridad. Su padre era contable y su madre profesora de música y juntos hicieron de la infancia de sus hijos un cúmulo de buenos recuerdos. Es probable que esa sea la razón por la que la ahora exitosa diseñadora ha intentado estar lo más alejada posible de los flashes y vivir una vida tranquila a lado de su marido, el fotógrafo David Burton, y de sus tres pequeños hijos.

Sarah Burton mantuvo en secreto, incluso en su familia, que era ella quien diseñaba el vestido de novia de Kate Middlenton©GettyImages

El antídoto para el temperamento de Alexander McQueen

Sarah llegó como becaria al estudio de McQueen cuando estaba finalizando sus estudios en la Universidad de las Artes de Londres - Central Saint Martins. A su llegada al atelier de McQueen, Burton recuerda haberse quedado de piedra durante la conversación con el imponente modisto, quien entre otras cosas, le preguntó si creía en los ovnis, pero a pesar de que la entrevista estuviera fuera de lo común, Alexander McQueen la contrató y la eligió como su protegida desde ese momento.

Pronto se convirtió en la mano derecha del diseñador, aunque años más tarde ha confesado que tardó tres años en hablar con él, ya que era tanto lo que el también llamado genio de la moda le imponía, que la joven becaria no decía una sola palabra. A pesar de su timidez, sus habilidades al coser y su capacidad técnica la hicieron destacar, además de que esa serenidad que la caracterizaba se terminó convirtiendo en el antídoto para el temperamento de McQueen, ya que ella era la única que le transmitía la paz que el buscó durante toda su vida.

La tímida Sarah nunca quiso, ni por asomo, ser la diseñadora estrella, pero la trágica muerte de su mentor y amigo, le hizo asumir la responsabilidad que el diseñador tenía pensada para ella antes de quitarse la vida en febrero de 2010. La brillante diseñadora se resistió a aceptar el puesto como directiva de la firma, hasta que Francois-Henry Pinault, CEO de Kering (el conglomerado del que Alexander McQueen es parte), le imploró que aceptase.

Los logros de Sarah Burton la han hecho ser considerada como la gran respetuosa de la herencia de McQueen. Después de asumir el puesto, tuvo tan solo cuatro meses para producir la colección primavera-verano 2010, que el diseñador dejó a medias. La talentosa diseñadora terminó por poner en un segundo plano la oscuridad de las prendas que diseñaba su predecesor e hizo que la esencia de la firma fuera más ligera y femenina, lo que le valió cuadriplicar el valor de la marca.