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La paradoja de Charlene Heineken: no quería saber nada de la cerveza, pero la convirtió en la mujer más rica de Holanda

Su única relación con la empresa familiar fueron unas prácticas que hizo cuando acabó la universidad, pero todo cambió en 2002

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24 de Junio 2020 / 10:54 CEST

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Hasta 2002, su única relación con la compañía fueron unas prácticas

© GettyImages

Heineken puede presumir de ser el tercer mayor fabricante de cerveza del mundo, algo que consiguió gracias a la labor de Freddy Heineken que hoy en día continúa su hija: Charlene de Carvalho-Heineken. Con semejante presentación no es extraño que se trate de la mujer más rica de los Países Bajos… y eso que ella no quería saber nada de la empresa familiar.

Le guste más o menos, lleva el negocio del alcohol en la sangre. Nació en 1954, en Ámsterdam, en el seno de una familia entregada a esta famosa bebida de cebada y al licor de malta. Freddy, su padre, dirigía la Compañía Heineken que fundó su abuelo y Lucille Cummins, su madre, era una estadounidense que se dedicaba a destilar bourbon.

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Posee el 50 por ciento de la empresa gracias a Heineken Holdings©GettyImages

Parecía que su futuro estaba claramente encaminado cuando Charlene se fue a la Universidad de Leiden, donde estudió Derecho. No sería su única parada universitaria ya que hizo las maletas y se fue a Ginebra para licenciarse en Literatura Francesa. Fue precisamente en Suiza, más concretamente en St. Moritz, donde conoció a su marido: Michel de Carvalho, antiguo actor y deportista olímpico.

2002, el año del cambio

Lo cierto es que Charlene nunca mostró interés en unirse al negocio familiar: su única relación con Heineken fueron unas prácticas que hizo cuando terminó su carrera universitaria. Sin embargo las cosas cambiaron en 2002 cuando su padre falleció. En ese momento, ella entró a formar parte del consejo de administración de la compañía y su esposo pasó a ser miembro del consejo de supervisión.

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Lleva una discreta vida en Londres con su marido y sus hijos©GettyImages

La pérdida de su padre no sólo la introdujo en el negocio de la cerveza, también le dio el impulso necesario para convertirse en la mujer más rica de Holanda. No en vano, había heredado una millonaria fortuna de 4.200 millones de euros y una participación gracias a la cual controla el 50 por ciento del negocio familiar. Y es que en 1952 su padre creó Heineken Holdings para garantizar el control de la compañía, la independencia de la marca y protegerla contra los intentos hostiles de adquisición.

Lejos de los focos

A pesar de su estatus, Charlene vive una vida muy discreta con su marido y sus cinco hijos. Así las cosas, la familia pasa la mayor parte de su tiempo en Londres y no en Ámsterdam. De lo poco que se sabe de ella es que, además de Heineken, dirige dos fundaciones que llevan el nombre de su padre y su abuelo y premian a académicos y artistas cada dos años.