Así fraguó su fortuna Ingvar Kamprad, el millonario austero: lápices, cerillas y, por fin, Ikea

A pesar de estar entre los más ricos del mundo, este sueco llevó una vida de lo más moderada

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18 de Junio 2020 / 15:50 CEST

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Fundó Ikea con el dinero que le dio su padre por haber sacado buenas notas

© GettyImages

Sus muebles son conocidos a lo largo y ancho del planeta y casi todo el mundo ha tenido algunos de sus productos en casa. Ikea nació de la mano de Ingvar Kamprad, un hombre que fue calificado por muchos como uno de los ricos más austeros. La historia de este empresario sueco no sólo sirve de inspiración, también es estudiada en multitud de facultades de economía. Así es cómo construyó su imperio.

Cuando hace dos años Ingvar Kamprad falleció, su fortuna de 41.000 millones de euros le situaba en el puesto número catorce de la lista Forbes. A pesar de semejante cifra, el sueco era un hombre sencillo: ‘Tener dinero no significa tener que derrocharlo’. No en vano, conducía un Volvo de más de veinte años, se alojaba en hoteles baratos, volaba en clase económica, aprovechaba cualquier oferta y usaba el transporte público.

Su historia comienza en 1926, año en el que nació. Ingvar creció en la granja que sus abuelos tenía al sur de Suecia y no tardó en evidenciar sus dotes de comerciante: con cinco años compraba lápices al por mayor y se los ofrecía a sus compañeros. No fue su único negocio: ayudado por su tía, adquiría cajas de cerillas en Estocolmo y las vendía por el doble o el triple del precio original. Años También probó en el mundo de la pescadería y de las postales de Navidad… hasta que a los 17 años todo cambió.

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Su primer negocio consistió en vender lápices en el colegio©GettyImages

Funda Ikea con 17 años

Su padre le dio cierta cantidad de dinero como premio por sus buenas notas y con ello creó Ikea. Eso sí, no empezó vendiendo muebles sino un poco de todo. Lo que más éxito tenía era el material de papelería porque en aquel momento, 1940, era toda una novedad en Suecia. Fue entonces cuando pidió su primer y último crédito: unos 47 euros para realizar un pedido a París.

El tiempo transcurrió y un día paseando escuchó a una pareja hablar sobre un sillón que no se podía permitir. En ese momento Kamprad se dio cuenta de una cosa: el mobiliario de lujo no estaba al alcance de muchas personas debido al alto costo. Era 1948 y comenzaba su idilio con los muebles. En los años 50 se hizo con una pequeña y vieja fábrica que le permitió incrementar las ventas y reducir los precios. No fue el único factor que consiguió que Ikea pudiera ofrecer productos asequibles para todos.

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Ikea no empezó a vender muebles hasta los años 50©GettyImages

La clave de su negocio

La Federación Sueca de Madera y la industria de muebles no vieron con buenos ojos su negocio y le boicotearon al no venderle la materia prima. Ingvar, entonces, empezó a comprar los componentes en Polonia, donde eran más baratos. Al mismo tiempo y con el objetivo de reducir costes y espacio, tuvo una genial idea: su mobiliario estaría listo para montar en cajas planas que los clientes podrían recoger en un autoservicio, una idea que se trajo de Estados Unidos.

La fórmula fue un éxito sin igual y en 1963 abrió su primera tienda en Oslo. Un evento al que acudieron miles de personas gracias a un particular reclamo: café y pasteles gratis para todos. Este fue el germen de los restaurantes de Ikea. Diez años después de aquello, los muebles suecos más famosos ya estaban en Suiza, Australia, Holanda, Francia, Estados Unidos… El resto de la historia ya es conocida por todos.