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Blanca de Aragón y Carrillo de Albornoz: la desconocida madre de la reina Fabiola

La marquesa que desde niña vistió de Balenciaga

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Madre de Fabiola de Bélgica

Blanca de Aragón y Carrillo de Albornoz, madre de la reina Fabiola, era hija del marqués de Casa Torres y descendiente de Enrique IV de Navarra

© GettyImages

La boda de la aristócrata Fabiola de Mora en 1960 con el rey Balduino de los belgas llenó páginas enteras en revistas de medio mundo. En España, aquel enlace fue la apoteosis. Sabemos que pertenecía a una distinguida familia madrileña y que era muy religiosa, pero ¿quién fue realmente la madre de Fabiola? De origen navarro, se convirtió en marquesa de Casa Riera tras su matrimonio en 1916. En su palacete de Zurbano nacieron los siete hijos del matrimonio de Mora y Aragón, a los que educaron en una fuerte fe religiosa y vocación de servicio a la monarquía lo que les llevará al exilio al poco de proclamarse la II República.

Blanca de Aragón y Carrillo de Albornoz
Blanca de Aragón siempre fue fiel al diseñador Balenciaga, a quien ayudó a encumbrar su abuela al dejar curiosear en su armario cuando era tan solo un niño ©GettyImages

Blanca de Aragón y Carrillo de Albornoz nació en Guetaria (Guipúzcoa) en 1892. Era hija del marqués de Casa Torres, influyente aristócrata en la corte de María Cristina de Habsburgo, con quién compartían estancias estivales. Su madre, también llamada Blanca, era hija de Micaela Elio, una de las mujeres más elegantes del país, descendiente del linaje de Enrique IV de Navarra.

Parece que fue ella, la abuela de Blanca, quien empezó a dejar curiosear en su armario al hijo pequeño de una modista de la zona y un pescador. El chico se llamaba Cristóbal y quedó maravillado ante los extraordinarios vestidos y encajes que colgaban en los guardarropas de tan ilustres señoras. Un día, le dejaron confeccionar un diseño para un baile y desde entonces, el buen hacer de Cristóbal Balenciaga no hizo más que despegar. Blanca de Aragón era por entonces una niña que disfrutaba los veranos en el palacete familiar de Aldamar, pero que nunca olvidó aquellas experiencias y siguió, siempre, fiel al modisto al que su madre y abuela habían contribuido a encumbrar. Tenía tres hermanos, que desempeñarán una interesante carrera como diplomáticos.

En Madrid, Blanca conoció a Gonzalo de Mora y Fernández, cuarto marqués de Casa Riera y segundo conde de la Mora, con el que contrajo matrimonio en 1916. Eran los días del reinado de Alfonso XIII, en los que España había conseguido mantener la neutralidad en la Gran Guerra, pero en donde los conflictos sociales, se hacían cada día más preocupantes. El nuevo matrimonio se estableció en el Palacio de la calle Zurbano y pronto fueron llegando los hijos, siete, tres varones y cuatro niñas, de una familia tradicional a la que educaron en un profundo sentimiento católico. Fabiola, la menor, nació en 1928.

Boda de Fabiola y Balduino de Bélgica
La hija de Blanca, Fabiola, se convirtió en reina de los belgas al casarse con el rey Balduino en 1960 ©GettyImages

 

La proclamación de la II República el 14 de abril de 1931, hizo que el matrimonio decidiese abandonar el país, pues no podían comprender una España sin rey. Se instalaron temporalmente en Biarritz y después en París. Los cruentos años de la guerra civil los pasaron en Suiza. Las experiencias del exilio sirvieron a sus hijos para manejarse en diferentes lenguas y conocer costumbres europeas distintas a las suyas lo que, aún sin saberlo, sería de vital importancia para el futuro de la joven Fabiola.

La familia regresó a España en 1939, ya durante el régimen de Franco. Dicen que doña Blanca tenía un carácter fuerte y era bastante intransigente. También que no se entendía del todo con Fabiola, que siempre piadosa y prudente, chocaba con la obstinación de su madre. En ese tiempo el régimen iba tomando cuerpo y los vástagos de los Mora y Aragón, empezaron a casarse con distinguidos jóvenes de la aristocracia patria que, como los Escrivá de Romaní, Narváez o Lécera, monárquicos, supieron adaptarse a un estado en espera de la soñada restauración dinástica que tanto se resistía.

En 1955, en pleno nacional-catolicismo, fallecía el marqués de Casa Riera y doña Blanca se quedaba viuda. Por entonces Fabiola, aún soltera, decidió independizarse e irse a vivir a un apartamento. Pese a su aspecto anodino, siempre fue rompedora, pues aquello era poco habitual entre las familias de su posición.

Jaime de Mora
Jaime de Mora acompañaba a su madre, Blanca de Aragón y Carrillo de Albornoz, en el momento de su defunción ©GettyImages

Pero la sorpresa llegó cuando en 1960 se hizo público el noviazgo entre la aristócrata española, que ya contaba una edad, y el siempre triste Balduino, rey de los belgas. La menor de las hijas de doña Blanca iba a convertirse en reina y a protagonizar un fabuloso enlace en la catedral de Bruselas. El diseñador no podía ser otro que el maestro Cristóbal Balenciaga, que realizó un vestido en satén y visón blanco, que marcó una época. Doña Blanca llevaba un fabuloso abrigo granate combinado con gargantilla de rubíes.

Los Mora y Aragón habían entroncado con la realeza europea, aunque la rama familiar española mantuvo siempre un perfil discreto y prudente. Blanca de Aragón, marquesa viuda de Casa Riera y condesa de Mora, siguió viviendo en su palacete de Zurbano, en el que pasó años de una larga enfermedad. Falleció en 1981, cuando estaba a punto de cumplir los noventa años. En el momento de la defunción, le acompañaba su hijo, el díscolo Jaime de Mora y Aragón. A sus funerales acudieron los reyes de España. Sus restos descansan en la Sacramental de San Isidro, conocido como el panteón de la nobleza española junto a los duques de Denia, Nájera o Fernán-Núñez.