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Lady Jennie: la madre americana de Winston Churchill

Se convirtió en la socialité más conocida de la corte victoriana

4 Minutos de lectura
Madre de Winston Churchill

Lady Jennie, con sus hijos, Winston (a la derecha de la imagen) y John

© GettyImages

Fue una de las mujeres más polémicas de la sociedad victoriana. Aunque americana de nacimiento y educada en Francia, la madre de Winston Churchill se convirtió en un personaje de referencia de la vida londinense. Atractiva y de fuerte personalidad, tuvo un matrimonio inestable con Randolph Spencer Churchill, prometedora figura del partido conservador. Abanderó campañas de caridad, protagonizó un romance con el príncipe de Gales y se lanzó a escribir en semanarios críticos con el movimiento sufragista. Viuda joven, no dudó en contraer nuevos matrimonios que revolucionaron el puritanismo de la corte. Para su primogénito, Winston -uno de los mejores estadistas de todos los tiempos- su madre, impulsiva y vital, se convirtió en un referente.

Lady Randolph Churchill (1854-1921), American society beauty, 1893.Artist: W&D Downey
Janette Jerome, madre de Winston Churchill, era hija de un millonario estadounidense que se había enriquecido con la especulación de acciones ©GettyImages

Janette Jerome, Jennie, nació en enero de 1854 en una familia americana de Brooklyn. Su padre se había hecho millonario con la especulación de acciones y no dudó en enviar a sus tres hijas a estudiar a Europa en un tiempo en el que se consideraba al viejo continente como el mejor destino para las señoritas de postín. Eran tres hermanas, de las que se decía, “la buena, la ingeniosa y la guapa” y efectivamente, Jennie era muy hermosa. Se establecieron con su madre en París, donde recibieron una educación acorde con la bonanza económica de su progenitor.

Eran los días del II Imperio Francés hasta que la derrota de Napoleón III en Sedán, les forzó a dejar el país y establecerse en Londres. Ellas siguieron frecuentando lugares de alcurnia y fue precisamente en las elegantes regatas de Cowes, centro de reunión de la alta aristocracia británica, donde la bella Jennie conoció a Randolph Spencer Churchill, tercero de los hijos del duque de Marlborough y figura en ascenso del partido conservador. Era un poco excéntrico, “una mezcla de frialdad y fuerza nerviosa” –leemos en The Morning Herald- aunque aquello no fue impedimento para una boda que, en abril de 1874, ocupó las portadas de todos los semanarios gráficos.

Ella pasó a ser conocida como lady Jennie y llegó a decirse que era una de las mujeres más distinguidas de Londres, artista y música consumada, de una perfecta elegancia y la amiga más íntima de la reina Victoria. Mientras, su esposo conseguía hacerse un hueco en el gabinete tory de lord Salisbury. Se establecieron en el palacio de Blenheim (Oxfordshire), residencia principal de la familia y lugar frecuentado por lo más granado de la sociedad victoriana. Aquí nacería en 1874, escasos meses después de la boda, su hijo Winston. Cuatro años después, el matrimonio tuvo otro hijo, Jack, que terminará encargándose de las finanzas de la familia.

Lady Jennie Churchill
Se rumoreaba que tenía un romance con el entonces Príncipe de Gales, el futuro Eduardo VII ©GettyImages

Lady Jennie se movía con soltura en los círculos de la buena sociedad, gastaba sin medida, viajaba por medio mundo y prestaba una atención limitada a sus vástagos. Winston, siendo muy niño, entró en el prestigioso internado de Harrow y más adelante en la academia militar de Sandhurst. Por aquellos días se decía que lady Jennie mantenía un romance con el príncipe de Gales, fututo Eduardo VII, que enfurecía a Alejandra de Dinamarca, su esposa.

También se le atribuyeron amoríos con el embajador del Imperio Austrohúngaro, conde Charles Kinsky. Pese a todo eran una de las parejas más frecuentadas y admiradas de la capital británica. Pero en 1886, la polémica y oposición de lord Randolph a la aprobación de un nuevo presupuesto para el ejército iba a provocar, de manera un poco abrupta y precipitada, su salida del gobierno. Dicen que él mismo llevó la carta de dimisión al Times. Era el fin de su carrera política y de una vida que empezaba a apagarse a causa de la sífilis, aunque otros digan que fue un tumor cerebral.

Lady Randolph Churchill (1854-1921), 30 December 1938
Fue la amiga más íntima de la Reina Victoria ©GettyImages

Cuando se quedó viuda en 1895, lady Jennie guardó el protocolo de luto para lanzarse luego a apoyar la carrera política de su hijo mayor, que acababa de regresar de África del sur, donde había trabajado como corresponsal de guerra y protagonizado un sonado “secuestro” boer con final feliz. Jennie se entendió bastante bien con su nuera, Clementine Hozier, figura clave en los logros políticos de Winston.

Jennie, impulsiva, vividora y gastadora (hizo peligrar el patrimonio familiar con su exceso de gasto), no dudó en volver a casarse. “Dicen los periódicos de Londres que el principal asunto de las conversaciones en los círculos aristocráticos es el anunciado matrimonio de la distinguida lady Randolph Churchill con el teniente de la Guardia Real, Mr. Cornwallis-West”, leemos en La Época (27 junio 1900).

Lady Churchill
Lady Jannie y su nuera Clementine, la mujer de su hijo Winston ©GettyImages

Según parecía, el amor era el único móvil que llevaba a contraer este matrimonio tan desigual en el que “ella es muy rica y él no tiene ninguna fortuna personal”. El novio era mucho más joven y algunas voces apuntaban a que se trataba de una venganza por un desplante del príncipe de Gales. Se divorciaron unos años después. El siguiente marido fue un funcionario británico. Él tenía 44 años y ella pasaba los 60. Aquello volvió a ser el tema de los corrillos de 1918, año en el que Reino Unido empezaba a ver el final de la tragedia que estaba suponiendo la Gran Guerra.

Lady Jennie Churchill murió en su casa de Londres a causa de las complicaciones provocadas por una caída tras regresar de una fiesta. Era el 29 de junio de 1921. Unos años antes había publicado una especie de autobiografía: The Reminiscences of Lady Randolph Churchill.