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Princesa Irina Alexandrovna: la esposa de Félix Yusúpov, el asesino de Rasputín

Fue una de las miles de nobles rusas exiliadas como consecuencia de la Revolución

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Felix Felixovich Yusupov und Princess Irina Alexandrovna of Russia

Irina Alexandrovna y su marido, Felix Felixovich Yusupov

© GettyImages

Nieta del Zar y miembro de la Familia Imperial Rusa. Su boda en 1914 con Félix Yusúpov, unía a los Romanov con la fortuna más grande del Imperio. Él tenía fama de excéntrico, pero sus riquezas eran infinitas. Pero pocos pensaban que se atrevería a ser el cabecilla de un complot dispuesto a terminar con la vida de Rasputín, el monje curandero que tenía fascinada a la zarina por sus capacidades para aliviar los dolores de su hijo, víctima de la hemofilia.

Irina no participó en el asesinato, pero acompañó a su esposo cuando la Revolución Bolchevique de 1917 les forzó al exilio. Consiguieron salvar un puñado de joyas y dos lienzos de Rembrandt que les aliviarían económicamente en el destierro. En París, Irina y Félix fundaron una casa de modas, Irfé, que hacía las delicias de las nuevas millonarias americanas que veían como algo exótico que fuesen nobles rusas arruinadas quienes bordaban sus diseños.

Portrait Of Princess Irina Alexandrovna Of Russia (1895-1970)
La Princesa Irina Alexandrovna era desdenciente del zar Nicolás I ©GettyImages

Irina Alexandrovna nació en 1895 en el Palacio Peterhof, cerca del golfo de Finlandia. Era la única hija (el resto eran varones) de la Gran Duquesa Xenia, hermana menor del zar Nicolás II. Su padre era el Gran Duque Alejandro –Sandro en familia- miembro también de los Romanov como nieto de Nicolás I y que prestaba sus servicios en la Marina Imperial Rusa. La joven, muy bella, creció en la corte de San Petersburgo bajo la atenta mirada de su abuela, la inflexible María Fiodorovna, nacida Dagmar de Dinamarca.

En aquellos días, Rusia se había convertido en la última autocracia europea y se desangraba en conflictos internos marcados por los atentados anarquistas y las nefastas consecuencias de la derrota en la guerra ruso-japonesa de 1905. Sin embargo, la capital parecía vivir ajena a las dificultades económicas del pueblo ruso. La vida social brillaba desde el Palacio Moika, la fabulosa residencia que los Príncipes Yusúpov tenían a las orillas del Neva. En 1913 iban a celebrar el regreso de su único hijo, Félix, de la Universidad de Oxford: era joven, atractivo y el heredero de la más fabulosa fortuna del Imperio. El candidato perfecto para casarse con una sobrina del zar.

La boda de Irina y Félix Yusupóv se celebró el 22 de febrero de 1914. Sangre y riqueza unidas en una ceremonia fastuosa en la que el interés se unía con la presencia, imponente, de la joven pareja. Pero pocos meses, con el estallido de la Primera Guerra Mundial, el Ejército Imperial comenzaba a desangrarse en las trincheras.

La Princesa Irina Alexandrovna y Félix Yusupóv
Su boda con Félix Yusupóv unía a los Romanov con una de las dinastías más ricas de Rusia ©GettyImages

Eran muchas las voces entre los propios Romanov que pedían al débil Nicolás II que introdujese medidas políticas que diesen mayor autonomía a la Duma y que, sobre todo, cortase la influencia que Rasputín estaba ejerciendo sobre su esposa. El excéntrico monje siberiano parecía tener poderes curativos en el joven zarevich Alexei. Pero el zar no hizo nada. Las bacanales que organizaba el starets eran la comidilla de la aristocracia rusa.

Félix Yusúpov, nacionalista radical de gustos sofisticados y bisexual, decidió asesinarlo. Para ello contaría con la colaboración de su pariente, el Gran Duque Dimitri. Invitarían a Rasputín a una fiesta en el Palacio Moika. El curandero no podría resistirse. Irina, mientras tanto, esperaba en Crimea.

Exiled Russian Aristocrats
Al huir de su país, solo pudieron llevarse algunas joyas y dos cuadros de Rembrandt ©GettyImages

Era la noche del 16 de diciembre de 1916. Primero trataron de envenenarle con pasteles de cianuro, varios disparos y golpes con una barra de hierro. Rasputín seguía sin morir. Tuvieron que arrojar su cuerpo al gélido río Neva, donde falleció por ahogamiento. El asesinato causó una hondísima impresión en San Petersburgo. La zarina, indignada, pedía justicia. Los Romanov, clemencia. Al final Félix Yusúpov fue deportado a su finca de Kursk. Pocas semanas después, estallaba la Revolución Bolchevique.

Félix e Irina lograron regresar a su palacio y salvar algo de lo que quedaba de su extraordinario patrimonio: cogieron joyas y dos cuadros de Rembrandt que colgaban de sus paredes. El resto de riquezas y propiedades fue incautado por Lenin y los comunistas. Desde ahí viajaron a Crimea para embarcarse en el buque de guerra británico HMS Marlborough que les llevó al exilio. Malta, Italia, Londres y finalmente París. La madre de Irina, la gran duquesa Xenia, y los padres de Félix, también huyeron.

Family of Tsar Nicholas II of Russia
La Princesa Irina, de niña, junto a su madre, La Gran Duquesa Xenia Alexandrovna, y su hermano, Andrei ©GettyImages

Irina y Félix se establecieron en la capital de Francia con su única hija, también llamada Irina, de dos años. En 1924 montaron la casa de modas Irfé: empleaba a rusas emigradas y ofrecía piezas pintadas a mano en satén, terciopelos, chantilly o hilo de oro. En la actualidad se conservan pocos diseños de la boutique, ya que las americanas arrancaban las etiquetas para evadir los derechos de aduana. Pero la firma tuvo que cerrar en 1931 tras la pérdida de poder adquisitivo de sus clientas provocada tras la “Gran Depresión” del 29.

Irina y Félix fueron vendiendo los restos de su patrimonio, las joyas y finalmente las pinturas de Rembrandt: “El hombre del gran sombrero” y “Mujer con abanico de plumas de avestruz”, que se exhiben en la National Gallery of Art de Washington. Félix Yusúpov murió en 1967 en París. Irina el 26 de febrero de 1970 a los 74 años de edad. Las Memorias de Félix Yusúpov y la recopilación de crónicas de Chaves Nogales, ‘Lo que ha quedado del Imperio de los Zares’, son testimonios estupendos para entender la vida de esta fascinante pareja.