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Mafalda de Saboya: la princesa italiana que murió en un campo de concentración alemán

Hija del Rey de Italia estaba considerada una de las jóvenes más bellas de su tiempo

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Aristócratas

Mafalda de Saboya, junto a sus hijos Maurice y Henry en 1930

© Wikimedia Commons

Pasó de ser una de las protagonistas de los semanarios gráficos a terminar sus días en una barraca del campo de concentración de Buchenwald. Hija de Víctor Manuel III de Saboya, creció en una Italia en la que fascismo se abría paso de la mano de Mussolini. Contrajo matrimonio con un príncipe alemán que simpatizaba con Hitler, pero durante la Segunda Guerra Mundial su posición empezó a verse muy debilitada. Era elegante, glamourosa y había lucido las joyas más fabulosas de su dinastía. Sin embargo, ni su coraje ni los influyentes lazos familiares, fueron capaces de librarla del horror del nazismo.

The Italian Royal Family
Mafalda, en el centro de la imagen, con un vestido rosa, junto a sus padres, Victor Manuel III de Saboya y Elena de Montenegro, y sus hermanos ©GettyImages

Mafalda nació en Roma en 1902. Era la segunda hija del Rey Víctor Manuel III y su esposa, Elena de Montenegro, quienes habían accedido al trono después del asesinato de Humberto I, en 1900. Después de Mafalda nació su hermano Humberto -efímero Rey de Italia- y las Princesas Juana y María. Italia era un país de fuertes tensiones sociales donde el movimiento sindical y del anarquismo cada día se mostraban más virulentos.

Pero Mafalda creció en el Palacio del Quirinal, distanciada de aquellas dificultades políticas, en un ambiente familiar cordial en el que su madre mantuvo una austeridad impropia de las casas reales en ejercicio. Se decía que llegó incluso a cocinar para sus hijos ante la mirada escrutadora de su suegra, la Reina Margarita, siempre estricta con el protocolo. Mafalda había heredado el talle espigado de la Reina Elena y, aunque no era muy alta, pronto se postuló como una interesante princesa casadera.

Italia había entrado en la Primera Guerra Mundial del lado de la Entente, aunque estar en el bando ganador no le proporcionó las ventajas territoriales a las que aspiraba. El país se vio abocado a una espiral de violencia comunista en la que el fascismo no tardó en abrirse camino hasta llegar al poder. En octubre de 1922, tras la “marcha sobre Roma” en la que centenares de “camisas negras” tomaron la capital, Víctor Manuel III encargaba a Mussolini formar Gobierno.

El día de su boda
Mafalda de Saboya y Felipe de Hesse-Kassel el día de su boda, el 23 de septiembre de 1925 ©Wikimedia Commons

Dos años después, el 25 de septiembre de 1925, Mafalda de Saboya se casaba en Roma con Felipe de Hesse-Kassel, sobrino del Kaiser Guillermo II, perteneciente a una distinguida familia de soberanos teutones y que mostraba claras inclinaciones fascistas. “Una boda de Príncipes” tituló el semanario gráfico Nuevo Mundo con bella foto de la novia en portada.

La pareja tuvo cuatro hijos y se instaló en Alemania. Felipe se alistó en el partido nazi y, con la llegada de Hitler al poder en 1933, fue designado gobernador de la provincia de Hesse-Nassau en la que tenía buenos contactos sociales. Durante años mantuvieron una posición privilegiada, pero el giro en los acontecimientos derivados del desembarco aliado en Sicilia, propició un cambio en su condición. En 1943, Víctor Manuel III destituía a Mussolini y pasaba a situarse en el lado aliado. La posición de Mafalda y Felipe empezó a verse seriamente comprometida: Hitler acababa de poner en marcha la “operación Abeba” para detener a los miembros de la Familia Real.

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Mafalda de Saboya en una recepción al aire libre ©CordonPress

Cuando aquello ocurrió, Mafalda estaba en Bulgaria con motivo de los funerales del Rey Boris, esposo de su hermana Juana. Decidió regresar a Italia para ver a sus hijos, a los que había dejado bajo protección del Vaticano, puesto que sus padres huyeron al sur del país. Tras el reencuentro y confiando en que la condición de Roma como “ciudad abierta” podría protegerla, se dirigió a su palacio de “Villa Polissena” en el centro de Roma. Se equivocaba: Mafalda fue inmediatamente detenida por la Gestapo y trasladada en avión a Berlín.

Le dijeron que se encontraría con su marido, quien había sido previamente retenido, acusado de traición. La llevaron al campo de Buchenwald, en el centro-este de Alemania, cerca de Weimar, y en el que malvivían homosexuales, testigos de Jehová y prisioneros políticos. Mafalda de Saboya, Princesa de Italia, quedó aparcada en la barraca 15, el llamado “barracón de aislamiento”, con el nombre de Frau von Weber. La mantuvieron en mejores condiciones que al resto de presos comunes, pero, aun así, su tratamiento distaba de ser aquel al que estaba acostumbrada. En un pabellón aledaño se encontraba el político francés judío Léon Blum y el exministro socialista Edouard Dalalier.

Con sus hijos Enrico, Otto y Maurizio
Mafalda, con sus hijos Enrico, Otto y Maurizio ©Wikimedia Commons

Mafalda soportó unas circunstancias de extrema dureza; durante meses se alimentó de pan negro y mantequilla y no recibió noticias de sus hijos, que seguían asilados en el Vaticano. La Princesa cayó herida durante un bombardeo aliado. Las autoridades nazis, advertidas del ataque, se había negado a evacuar el campo. En la enfermería, una especie de prostíbulo repleta de mutilados, las autoridades postergaron una operación que terminó en gangrena, amputación del brazo izquierdo y muerte agónica unas horas después. Era el 27 de agosto de 1944.

El cuerpo de la Princesa se enterró en una fosa común, en un ataúd con la inscripción “262. Una mujer desconocida”. Su marido, Felipe, consiguió sobrevivir. Tras permanecer varios meses en un campo en Baviera, lo trasladaron a Dachau y posteriormente al Tirol con otros presos “prominentes”. Fue liberado y detenido por los estadounidenses en mayo de 1945. Después de un juicio por su pasado colaboracionista y un breve periodo de retención en Capri, ya en libertad, se hizo cargo de sus hijos.