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María Leopoldina de Habsburgo: primera Emperatriz de Brasil

Tuvo un papel clave en la independencia del país americano en 1822

3 Minutos de lectura
Emperatriz de Brasil

María Leopoldina de Habsburgo es una figura clave en la historia de Brasil

© Wikimedia Commons

¿Saben a quién se deben los colores de la actual bandera brasileña? El amarillo de los Habsburgo y el verde de los Braganza: sin María Leopoldina no podría comprenderse la actual historia brasileña. Nació Archiduquesa austriaca, pero su matrimonio con Pedro I, heredero del trono de Portugal, la llevó a tierras lejanas.

Mujer culta, amante de la botánica y la música, impulsó muchas de las expediciones científicas que contribuirán al desarrollo médico de su nueva nación. Sin embargo, tuvo que soportar las continuas humillaciones de un marido infiel y de escasa talla política. Quizá de ahí la frase pronunciada por el caudillo independentista José Bonifacio cuando dijo eso de “amigo mío, ella tendría que ser él”.

María Leopoldina de Brasil
Se aclimató a Brasil, un lugar muy diferente al mundo en el que se había criado, y se sorprendió de los aires de independencia que allí se respiraban ©Wikimedia Commons / Jean-Baptiste Debret

Pertenecía a una de las familias con mayor pedrigree europeo: por sus venas corría la sangre de los Habsburgo y de los Borbón. Pero, ¿cómo llegó a convertirse en Emperatriz de Brasil? María Leopoldina era hija de Francisco II, último Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y de María Teresa de Nápoles. Nació en Viena en 1797 en los días en los que la figura del general Bonaparte amenazaba la integridad territorial del continente.

La educaron en el espíritu de la Ilustración del que habían hecho gala sus bisabuelos, Carlos III de España y María Teresa de Austria, aunque los estragos de la consanguineidad fuesen a hacer mella en aquella corte vienesa de Schönbrunn que daría tantos vástagos a las coronas reales.

Era hermana de Fernando I de Austria, de la Emperatriz María Luisa de Francia (segunda esposa de Napoleón) y del Archiduque Francisco Carlos (padre de Francisco José y de Maximiliano de México). María Leopoldina sintió la muerte prematura de su madre en 1807, cuando ella apenas contaba con diez años y acogió con agrado a la nueva mujer de su padre, María Luisa de Austria-Este, a la que quiso con afecto.

Desembarque de Leopoldina en Brasil
Llegada de María Leopoldina a Brasil ©Wikimedia Commons

Tenaz y voluntariosa, María Leopoldina recibió con complacencia de elección acordada entre su padre y Metternich para sellar su destino en la historia: se casaría con Pedro de Braganza heredero del trono portugués. No sabía entonces de las carencias culturales y e impulsos violentos de aquel al que aceptó como prometido.

La boda se celebró por poderes en Viena en mayo de 1817 y tras una travesía de más de tres meses de navegación, en Río de Janeiro. Allí conoció a quien se había convertido en su esposo. Le sorprendió el clima, la lengua, la selva, pero, sobre todo, los aires de independencia que se respiraban en aquellos territorios dependientes de la corona lusitana de su suegro Juan VI de Braganza. 

La ocupación francesa de Portugal en 1808 había llevado a la familia a refugiarse en las posesiones trasatlánticas y desde entonces, las posibilidades de secesión entre los dos territorios no habían hecho más que acentuarse. Leopoldina, joven pero avispada, lo percibió pronto: temía que como había ocurrido con la América española, Brasil se pudiera dividir en varias colonias. Por ello fue decisiva su negativa a regresar a Lisboa en 1821 siguiendo las órdenes de las Cortes Portuguesas.

María Leopoldina de Brasil con sus hijas e hijo
Tuvo varios hijos, entre ellos, el futuro Emperador de Brasil, y falleció poco antes de cumplir los 30 años ©Wikimedia Commons

¿Querían devolver a Brasil su antigua condición de colonia? Leopoldina se opuso. El 2 de septiembre de 1822, Leopoldina, convertida en Regente tras la salida de su suegro hacia Europa, anunció la separación definitiva de Brasil de Portugal. Cinco días después, el Consejo de Estado ratificaba su decisión: Brasil era ya independiente. Nunca más volvió a cruzar el Atlántico.

Leopoldina tuvo varios hijos, entre ellos el futuro Emperador Pedro II y María de la Gloria, por la que años después los portugueses se batirán en una guerra civil de carácter legitimista. Pero su vida matrimonial resulto desastrosa. Domitila de Castro, simple aburguesada reconvertida a duquesa de Santos por capricho de su esposo, se había ganado los favores del Pedro I, la fortuna y posición en el Palacio de Boa Vista.