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Ana María de Saboya: la predecesora de Sissi en el Imperio austrohúngaro

Casada con Fernando I de Austria se entregó a los cuidados de un Emperador incapaz

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Emperatriz de Austria-Hungría

Ana María de Saboya recibió una educación profundamente católica y se empapó del espíritu contrarrevolucionario

© Wikimedia Commons

Creció en la corte de los Saboya aunque su vida está marcada por el Imperio austrohúngaro y un matrimonio desdichado. En unos días de cambios y revoluciones, cuando tras las guerras napoleónicas debía rehacerse el mapa político de Europa, la bella Ana María tuvo que enfrentarse a las limitaciones físicas y mentales de un marido inepto para las cuestiones de gobierno. Sin hijos, afrontó su desdicha desde unas férreas convicciones religiosas y dejando paso al joven Francisco José, heredero del Imperio y llamado a sellar el destino del continente durante su largo mandato.

Emperatriz de Austria-Hungría
Los magníficos brillantes que lucía en su cabeza el día de su boda la hirieron y cayeron algunas gotas de sangre por su frente, lo que el pueblo interpretó como un mal augurio ©Wikimedia Commons

Ana María nació en el Palacio Colomma de Roma en 1803. Con ella, vino también al mundo su gemela, que un día se convertiría en Gran Duquesa de Parma. Eran hijas de Víctor Manuel, Rey de Cerdeña, y como correspondía a su rango y condición, fueron bautizadas por el Papa Pío VII, el mismo que meses después presenciaría la coronación de Bonaparte como Emperador en Notre Damme.

Las guerras napoleónicas condicionaron la juventud de la princesa que, debido a la ocupación francesa del Piamonte, tuvo que trasladarse con su familia al espléndido Palacio Real de Cagliari, en pleno corazón de Cerdeña. Recibió una educación profundamente católica y se empapó del espíritu contrarrevolucionario que se respiraba en la Corte. Por ello, terminada la convulsión napoleónica y en plena era de Congresos, su nombre sonó como una buena opción para desposar al heredero del Imperio Austriaco.

El todopoderoso Metternich, se erigía ahora como el hombre fuerte de la “Europa de Congresos” en unos días en los que había que reordenar el mapa político y regresar al absolutismo. El candidato a la mano de Ana María no era otro que Fernando I, primogénito de Francisco I, primer Emperador del Imperio Austriaco, que acababa de ser proclamado Rey de Hungría.

Coronación como Reina de Bohemia
Coronación de Ana María de Saboya como Reina de Bohemia 1836 ©Wikimedia Commons

Era hermano de María Luisa, aquella que, por maniobras diplomáticas había llegado a convertirse en segunda esposa de Napoleón, aunque a la hora del exilio volviese a refugiare con los Habsburgo. Pero el joven Fernando padecía una serie de limitaciones físico-mentales que limitaban sus capacidades y que muchos han atribuido a la consanguineidad de sus progenitores: era epiléptico, tenía hidrocefalia y dificultades en el habla y movilidad. La impresión en la elegante Ana María, no pudo ser más deplorable.

La boda se celebró por poderes en Turín en 1831 y meses después, el 27 de febrero, en Viena. Se cuenta que el día que hizo su solemne entrada en la capital, corrió el grave riesgo de que los seis caballos que arrastraban su carroza, espantados por la multitud, se desbocaran. Al mismo tiempo sus damas advirtieron que por la frente de la joven se deslizaban algunas gotas de sangre: los magníficos brillantes de familia que lucía hacían demasiado pesada la diadema y la habían herido. El pueblo, supersticioso siempre, vio en aquel hecho un augurio de muerte.

El nuevo matrimonio se estableció en el Palacio Imperial de Hofburg e iniciaron una relación que apenas podría tildarse de afectuosa: ella le atendía, acompañaba y asistía en sus carencias corporales, aunque jamás tuvieron vida marital.

Cuentan también que todas las noches después de la comida, ella y su marido, su primera dama, y el chambelán de palacio, bailaban una quadritte grave y solemne, que se reducía a una serie de reverencias silenciosas, cadenciosamente ejecutadas al sonido de la flauta. En 1835, a la muerte de su padre, Fernando era proclamado Emperador y Ana María se convertía en Emperatriz. Un año después, en Praga, eran coronados como Reyes de Hungría.

Marido de Ana María de Saboya
Ana María atendía y acompañaba a su esposo, Fernando I de Austria, con grandes limitaciones por padecer epiles ©Wikimedia Commons

El suyo fue un mandato coartado por las tensiones políticas y amenazado por las nuevas oleadas revolucionarias que estallaban en cada punto de Europa. Fernando, sin energías ni capacidades y asistido permanentemente por un Consejo de Estado, parecía incapaz de hacer frente a los nuevos aires que exigían un cambio político. En diciembre, tras el estallido de la Revolución de 1848, abdicaba en su sobrino Francisco Fernando, hijo de su hermano Francisco Carlos, quien jamás había mostrado un mínimo interés en la sucesión. Había triunfado la “Primavera de los Pueblos”.

Fernando y Ana María se trasladaron a Praga, la capital checa de su Imperio. El antiguo soberano falleció en 1875. Su esposa en 1884 en el Palacio de Hradschín, antigua y magnífica residencia de los Reyes de Bohemia. Habían pasado treinta años desde que Isabel de Baviera, Sissi, se convirtiese en Emperatriz del Imperio Austro-Húngaro, dispuesta a hacer de su vida una leyenda.

Ana María está enterrada en la Cripta Imperial de Viena, la misma en la que se inspiró Joseph Roth para escribir el trabajo que mejor ha descrito la decadencia de un Imperio crisol de cultura, arte y religión. Nombró heredero a su sobrino, el Duque Roberto de Parma. Su fortuna ascendía a veinte millones de florines, además de varios legados destinados a diferentes conventos de Praga y de Italia, a sus confesores y a la Condesa de Chambord.

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