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Charles Pfizer, la historia del hijo de pastelero que acabaría salvando millones de vidas

Aprendiz de boticario y con formación en gestión empresarial, claves del éxito sin precedentes que lograría con ayuda de su primo

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Fundador de Pfizer

Karl Christian Pfizer, más conocido como Charles Pfizer, se vio obligado a emigrar a Nueva York, donde crearía todo un imperio farmacéutico

© Wikimedia Commons

Corría el año 1848. Una época muy convulsa en Alemania que obligó a muchos jóvenes del país a cruzar ‘el charco’ buscando un futuro mejor. Entre ellos, Karl Christian Pfizer, hijo de un exitoso pastelero que le prestó 2.500 dólares, que equivaldrían a unos 84.000 dólares actuales (uno 76.000 euros) para ayudarlo en su aventura. Así, llegó en 1849 a Nueva York en compañía de su primo, Karl Erhart Pfizer. Ellos aún no lo sabían, pero estaban destinados a salvar millones de vidas en todo el mundo.

Chemical Lab with People Working
Los primos Charles Pfizer abrieron en 1849 un laboratorio en Brooklyn especializado en productos químicos que apenas se fabricaban por entonces en Estados Unidos ©GettyImages

Con el dinero prestado de Pfizer padre, los dos Charles (adoptarían la versión inglesa de su nombre), compraron un pequeño edificio en Brooklyn. Juntos, formaron la unión perfecta. Karl Erhart se había formado como pastelero, como su tío, y Karl Christian, como boticario y además recibió formación de gestión empresarial.

En aquel edificio instalaron un laboratorio especializado en productos químicos que por entonces no se fabricaban en Estados Unidos. El primero de los productos que crearon, la santonina, fue todo un éxito. Conseguía que el organismo eliminara las lombrices intestinales, muy comunes en la época, pero es que además apostaron por unir los conocimientos que uno y otro tenían y el resultado fue totalmente innovador: dieron al medicamento forma de caramelo e incluyeron azúcar en la fórmula para paliar el sabor amargo, de tal modo que resultaba agradable de tomar incluso para los niños.

La formación que Karl Christian había adquirido en gestión empresarial también dio sus frutos: antes de invertir dinero en la elaboración del producto, cerraron acuerdos con farmacéuticos de la zona. Una vez se hubieron asegurado una determinada cantidad de compras, se pusieron manos a la obra con la fabricación, sabiendo exactamente el dinero que debían destinar a la misma.

Workers in Pharmaceutical Plant
Durante la Guerra de Secesión, se dispararon las ventas de analgésicos ©GettyImages

Pronto incrementaron tanto las ventas que tuvieron que buscar un edificio más grande y se trasladaron, en 1857, a Manhattan y, tan solo una década después, a las proximidades de Wall Street. En medio, los dos Charles viajaban a menudo a Alemania, donde se enamorarían de sus futuras esposas: Karl Christian, de Anna Hausch, y Karl Erhart, de Frances Pfizer, su propia prima. La descendencia de ambos dirigía muchos años más tarde la compañía a la muerte de sus respectivos padres.

El primer gran reto fue durante la Guerra de Secesión de Estados Unidos. A pesar del duro golpe que supuso en todos los aspectos para el país y para ellos mismos, económicamente les supuso un gran impulso porque se dispararon las ventas de analgésicos, pero también de conservantes, de desinfectantes y de químicos como el ácido bórico o el ácido tartárico.

Pfizer Pharmaceutical Plant
Tras fundar Charles Pfizer & Co, no tardaron en trasladarse a sedes más espaciosas y en abrir fábricas en todo el mundo, como la de la foto, ubicada en Folkstone, Inglaterra ©GettyImages

En torno a 1870, Charles Pfizer & Company, como se llamaba entonces la compañía, tenía unos ingresos anuales de un millón y medio de dólares (1,37 millones de euros), una auténtica fortuna para la época. Lo mejor de todo es que salvaron, literalmente, miles y miles de vidas. Primero con la producción en cantidades ingentes de penicilina durante la Segunda Guerra Mundial.

Después, con el paso ya de varias generaciones e incluso con la familia Pfizer ya fuera de la empresa, vendría la elaboración de antidepresivos y ansiolíticos. Pero si hay algo que todos tenemos en mente es su vacuna contra el coronavirus. La rapidez con la que trabajaron en ella y, una vez comprobada su eficacia y seguridad, con la que lograron elaborar dosis a repartir en todo el planeta marcó un antes y un después en la historia de la ciencia. Y, lo más importante, se han salvado millones de vidas.