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Entrevistamos a Cristina Barreiro: ‘Tenemos que reivindicar los personajes de nuestra historia’

Acaba de publicar su último libro, ‘Las hijas de Isabel II’, un viaje fascinante por las Cortes europeas del siglo XIX y principios del XX

6 Minutos de lectura
Profesora de Historia Contemporánea en la Universidad CEU-San Pablo y colaboradora de Tu Otro Diario

Cristina Barreiro-Gordillo, colaboradora de ‘Tu Otro Diario’, acaba de publicar el libro ‘Las hijas de Isabel II’, que en tan solo una semana de ventas ya ha tenido muy buena acogida por parte de los lectores

© Imagen cedida por Cristina Barreiro-Gordillo

Leer ‘Las hijas de Isabel II’, de Cristina Barreiro Gordillo y editado por La Esfera de los libros, es hacer un viaje al pasado con un billete en primera clase que nos abre las puertas de palacios y nos hace testigos de entresijos políticos, al tiempo que es un escaparate único de las costumbres de la época (de mediados del siglo XIX a mediados del siglo XX). Profesora de Historia Contemporánea en la Universidad CEU-San Pablo y Doctora en Periodismo, Barreiro-Gordillo es también colaboradora de ‘Tu Otro Diario’, donde cada semana retrata los aspectos más apasionantes de las vidas de las Reinas europeas, “las its girls” de entonces, como ella misma las describe. En esta ocasión, la protagonista es la propia autora, con quien hemos hablado con motivo de la publicación de su último libro, que en tan solo una semana de ventas ya ha tenido una muy buena acogida por parte de los lectores.

-Presentas siempre el lado más apasionante de la Historia a través de las vidas de grandes personajes; ¿por qué, de todos ellos, has elegido a las hijas de Isabel II como las protagonistas de tu último libro?

Quería contar un siglo de historia. Y el periodo comprendido entre el nacimiento de la Infanta Isabel en 1851 y la muerte de su hermana Eulalia, en 1958 me lo permitía. Es la historia de una saga familiar: la de las hijas de la reina Isabel II, la “reina castiza”, que se mueve entre Madrid, París y Munich al hilo de un tiempo de cambios y revoluciones. Escribir una historia coral ofrecía posibilidades de contar más cosas, de viajar por los salones de la Corte, los entresijos políticos y las costumbres de la sociedad en la que las Infantas se movían.

Profesora de Historia Contemporánea en la Universidad CEU-San Pablo
©Imagen cedida por Cristina Barreiro-Gordillo

-A partir de ellas, retratas el momento histórico que vivieron con las costumbres palaciegas de España y de prácticamente toda Europa. ¿Cómo ha sido el proceso de documentación?

El libro está construido sobre los materiales que proporciona la prensa de la época, las cartas, la correspondencia de las Infantas y la bibliografía especializada sobre las protagonistas. Las hijas de Isabel II ya habían sido estudiadas como objeto individual, sin embargo, faltaba ese relato que las uniese y las humanizase: no teníamos una narración conjunta de sus vidas, sus confidencias, alegrías y tristezas. Los datos que aporta el libro son reales: las tiendas que visitaban, la composición del ajuar, los carteles para los toros, los miembros de los Gobiernos, los menús que se servían en palacio, miembros del servicio, familiares y cortesanos son reales. La descripción que se hace de las salas, joyas de Ansorena, Meller y los vestidos de Worth, también lo son.

Las licencias las he tomado en las recreaciones de los diálogos y en determinados pasajes con los que se teje el nexo de los acontecimientos. Pero creo que este género novelado permitía explorar mejor las relaciones que las hijas de Isabel II mantuvieron con el mundo que les rodeaba, circunscrito quizá a las élites, pero en el que las Infantas, con un marcado sentido de la responsabilidad institucional, no quisieron dejar al margen los sectores más desfavorecidos de un mundo que era, todavía, bastante miserable.

-Las hijas de Isabel II’ es una novela histórica cuyas protagonistas se encuentran con personalidades de la talla de Sissi Emperatriz o de Napoleón III. ¿Quién es tu personaje favorito de la obra?

No podría inclinarme por uno concreto. Las propias protagonistas eran apasionantes: Isabel, siempre tan protocolaria y al tiempo popular; Paz muy “española”, aunque vivía en Baviera, y Eulalia, una mujer de carácter, contraria a los convencionalismos y con un matrimonio desastroso. ¿Sabes que fue la primera Borbón en viajar a las Américas? La mandaron en 1893 a Cuba a ver si conseguía calmar los aires insurrectos de las colonias. Y nada más desembarcar se presenta con un vestido en celeste, blanco y rojo. ¡Los colores de la revolución! Lo cuenta ella misma en sus Memorias. Luego, el viaje fue un éxito porque tenía mucho don de gentes y encanto femenino.

Pero hay otros actores “secundarios” que son muy interesantes. El Infante Sebastián era un tipo peculiar. Un tanto excéntrico. Hijo de la Princesa de Beira –el alma espiritual del carlismo- y casado en segundas nupcias con la Infanta Cristina de Borbón, prima de la reina Isabel II. Toda la “vida social” se cocía en su residencia de la calle Alcalá. Era un pionero de la fotografía. Pero por las páginas del libro desfila Luis II de Baviera “el Rey loco”, fascinado por Wagner y los castillos de princesas y ¡qué decir de la Emperatriz Victoria! El escenario era en si fabuloso para un relato como el que he tratado de presentar.

-¿A quién va dirigido este libro? ¿A los grandes conocedores de la Historia o al público en general?

Es un libro para todo el público; una obra fácil y creo que ágil. Mi idea es que lector aficionado pueda disfrutar del pasado y aprender con los acontecimientos que se describen. La historia es real, los personajes también lo son. Pero no pretendo explicar desde el academicismo la génesis de los cambios sociales que se producen en esta época. ¡Todo lo contrario! Es una obra de divulgación histórica, en la que viajamos por diferentes escenarios a través de las vivencias de cuatro Infantas españolas.

Cristina Barreiro-Gordillo
©Imagen cedida por La Esfera de los Libros

-En ‘Tu Otro Diario’ nos presentas cada semana a una reina diferente y revelas aspectos sorprendentes de sus vidas. De todas ellas, ¿quién es la que más admiración te despierta?

De España quizá me incline por María Cristina de Habsburgo. Demostró un magnífico sentido del Estado en un momento de complicaciones. Era archiduquesa austriaca y llega a España en 1879 para casarse con Alfonso XII que nunca la quiso. Al poco tiempo se queda viuda, embarazada y con dos niñas pequeñas a su cargo. Tenía un papelón. Pero lo hizo estupendamente con el respaldo de los grandes estadistas de la Restauración: cumplió estrictamente sus deberes constitucionales y eso que eran días en los que tomaban voz los movimientos regionalistas y perdíamos las colonias. Cuando su hijo, Alfonso XIII alcanzó la mayoría de edad, ella quiso colocarse en un segundo plano. Aunque era el alma de la familia y una abuela extraordinaria. Eso sí: sosa, regia y muy poco seductora.

En Europa tenemos muchas Reinas admirables. Juana de Saboya, que nació princesa italiana y se convirtió en la última zarina de Bulgaria por la llegada del comunismo; Carlota de Luxemburgo, que desafió al nazismo o la Emperatriz Zita, la gran defensora de los intereses dinásticos de los Habsburgo tras el final de la Primera Guerra Mundial. Mujeres de carácter, con fortaleza. Muy alejadas del estereotipo que tenemos de facilidades.

-¿De dónde viene tu pasión por la realeza?

No es en sí por la realeza. Es por quien aporta algo a la historia. Y en el caso de las reinas, además, suelen estar adornadas del relumbrón que les da su vestuario, las joyas, los palacios en los que vivían. Eso siempre es atractivo, pero son figuras que desempeñaron un papel mucho más allá de su veleidosa condición real. ¡Mira Catalina la Grande! Ni se llamaba Catalina ni era rusa, pero ella sola engrandeció el Imperio. O María de Rumanía, que peleó las posesiones territoriales que le correspondían a su país tras el final de la Gran Guerra: Rumanía amplió sus fronteras con la incorporación de parte de los territorios amputados al Imperio Austro-Húngaro. Eso sí, se presentaba ante toda la diplomacia internacional luciendo la moda más deslumbrante y piezas de joyería exquisitas.

-¿Por qué, además de curioso, es importante conocer las biografías de estos personajes históricos?

Nos dan una idea de cómo era el mundo en el pasado. Quizá no es la vida de la gente corriente, ni de los movimientos obreros, sociales o de lucha sindical. Tampoco de la alta intelectualidad, pero sí nos ofrecen una visión de conjunto de lo que era occidente. Por sus relaciones familiares –en el fondo todos son parientes- y también afectivas. Viajan mucho, hablan idiomas, tienen las inquietudes culturales que les confiere su rango y en definitiva nos acercan, en un tono fácil y ligero, a conocer aspectos paralelos al hecho histórico. Gracias a ellos, podemos conocer Europa, movernos por las mejores óperas o teatros y disfrutar, desde la lectura, de unas vidas que de otro modo nos resultarían completamente ajenas.

-¿Crees que está infravalorado el papel de la mujer en la Historia?

No. Para nada. Lo que estaba infravalorado era el papel de muchas mujeres en su momento y contexto. Pero lo que tenemos que reivindicar son los personajes de nuestra historia, los que configuran la riqueza cultural como nación. Hombres o mujeres. Tenemos que darnos cuenta que durante los más de cien años que cubre esta obra, fueron precisamente mujeres quienes llevaron la batuta de sus estados. Pensemos en la Emperatriz Victoria de Inglaterra. O la propia Eugenia de Montijo, que en tres ocasiones tuvo que asumir la Regencia de II Imperio Francés ante las ausencias de Napoleón III. Y en otro sentido, la propia Sissi. Sin duda estas mujeres marcaron un tiempo: eran las “it girls” de la época. Las influencers del cambio de siglo. Y nuestras Infantas no estaban al margen de ese universo femenino. Quizá, quien debió de sentirse un poco fuera de lugar era su hermano Alfonso XII. Como dijo la propia Pardo Bazán, aquello era un “gineceo”, una palabra que refleja muy bien el ambiente en el que se crió el joven Alfonso XIII, al menos hasta la irrupción de Victoria Eugenia.

-¿Cómo crees que un historiador o historiadora del futuro escribiría sobre nuestra época y nuestra realeza?

Con rigor, honestidad y respeto. Igual que sobre cualquier aspecto de nuestra historia. Deben hacerlo alejándose del sensacionalismo. Consultando archivos, manejando fuentes, contrastando datos y tratando de entender la época en sus diferentes manifestaciones, si no el relato siempre resultaría incompleto.

-¿Tienes en mente algún nuevo libro?

Algo ya se está cocinando, pero ahora quiero seguir con la docencia, con las clases de Historia Contemporánea en la Universidad y mis alumnos. Esto es algo muy vocacional. Tengo que terminar artículos académicos pendientes y algunas publicaciones circunscritas al ámbito específico de la investigación. Pero espero volver a atacar pronto en el mundo de la divulgación.