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¿Sabemos todo de Gracia de Mónaco?

Dejó el cine para casarse con Rainiero III en 1956

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Gracia de Mónaco

Grace Kelly pronto deslumbró por su elegancia en la meca del cine, donde rodó once películas y ganó un oscar

© GettyImages

Estrella de Hollywood, musa de Alfred Hitchcock, ganadora de un Óscar y Princesa de Mónaco. Su vida parece hecha para las películas que ella misma protagonizó. Desde muy niña, cuando era solo una aspirante a actriz en un mundo de hienas, deslumbró por su proverbial elegancia. Triunfó en el cine y también, en el corazón del Príncipe Rainiero, que quería hacer de su pequeño Estado un paraíso para turistas y buenos negocios. Grace era una operación perfecta sin saber, aún, que sería ella quien libraría al Principado del aislamiento impuesto por el General De Gaulle, cuando la guerra de Argelia requirió exprimir las arcas recaudatorias de los franceses. Y todo, en parte, gracias al “Baile de la Rosa”.

Realeza
El Príncipe Rainiero se enamoró de ella nada más verla cuando la entonces actriz visitó Mónaco por primera vez para el rodaje de ‘Atrapa a un ladrón’ ©GettyImages

Gracia Patricia Kelly nació en Filadelfia en 1929. Como tantos otros americanos de nuevo cuño, era hija de emigrantes europeos que habían conseguido hacer fortuna. Su padre, de origen irlandés y campeón olímpico de remo en Amberes, se había convertido en un constructor boyante que pudo ofrecer a su familia una vida de abundancia. Su madre, de raíces alemanas, había hecho pinitos como modelo, así que las aficiones teatrales de la bella Grace, la tercera de los hermanos, no les parecieron extrañas. Cuando apenas tenía veinte años, Grace se trasladó a Nueva York para ingresar en una academia de actores y probar suerte en la interpretación. De ahí, a la fama, pasó poco más de un lustro.

‘Mogambo’, de John Ford, con estrellas de la talla de Ava Gardner, la lanzaron a la popularidad en una espiral que no había hecho más que empezar cuando la mano misteriosa de Hitchcock decidió convertirla también en su inspiración con títulos como ‘Crimen perfecto’ o ‘La ventana indiscreta’ con James Stewart. En total fueron once películas y un Oscar en 1955 por ‘La angustia de vivir’. Protagonizó ‘Los puentes de Toko-Ri’, ambientada en la Guerra de Corea, sin saber que un día, el rodaje de ‘Atrapa a un ladrón’ en la Costa Azul, la llevaría a ser la actriz principal de una historia real.

Mónaco
Grace Kelly, el Príncipe Rainiero y sus hijos mayores, Carolina y Alberto ©GettyImages

Rainiero III se había convertido en Príncipe de Mónaco en 1949 tras el fallecimiento de su abuelo Luis II y después de la cesión de derechos realizada por su madre, fruto de los amoríos del soberano con una lavandera, la Princesa Charlotte. Mónaco vivía del casino y de las fortunas europeas –especialmente francesas- que se establecían en el minúsculo territorio por su bajísima presión fiscal. Desde que Alice Heine, esposa de Alberto I, también americana y actriz, había llegado a Montecarlo en 1889, Mónaco se transformó en un referente para el mundo del teatro, la danza y la ópera. Pero, en esos días de Guerra Fría y tensiones internacionales, la bonanza de Mónaco estaba en juego.

Grace Kelly, la bellísima estrella norteamericana, podía convertirse en un reclamo perfecto para que el mundo entero pusiese los ojos en aquel pequeño estado. Dicen que Rainiero se enamoró nada más verla. Y tampoco me extraña. Ella anuló sus contratos con la MGM y decidió convertirse en Princesa, aunque por su sangre –y las de sus vástagos- jamás dejase de correr la vena farandulesca. Se casaron en la Catedral en 1956, con poca presencia de realeza y mucha cinematografía. Ella, como siempre, fantástica con un vestido de Helen Rose. Aunque en el fondo, aquello no dejaba de ser un Principado de cierta opereta engrandecido por la presencia, imponente, la Reina Victoria Eugenia.

Carolina, Rainiero, Grace, Alberto y Estefanía de Mónaco
Rainiero y Grace junto a sus tres hijos, Carolina, Alberto y Estefanía de Mónaco ©GettyImages

Grace de Mónaco devolvió el esplendor al Principado. En el Sporting Club, Onassis y María Callas mientras que, en el Hotel de París, se alojaban todas esas estrellas hollywoodenses que un día habían protagonizado metraje con la ahora Princesa. Pero Mónaco necesitaba inversores y su baja política fiscal favorecía la “fuga de capitales” de la vecina Francia. La crisis llegó en el año 1962, cuando la Francia de la V República del general Charles de Gaulle, convertido en Primer Ministro desde 1958 -tras su retirada posterior a su liderazgo en la Francia Libre durante la Segunda Guerra Mundial-, trataba de hacer frente a una nefasta política colonial en Argelia.

La guerra no iba demasiado bien y Francia necesitaba dinero: París exigió a Mónaco que endureciese su política fiscal contra las empresas francesas. Rainiero se negó. Era como David frente a Golliat, más si tenemos en cuenta que justo en esas fechas, en octubre de 1962, la “crisis de los misiles de Cuba” amenazaba el mundo.

La mofa de la Prensa internacional fue general cuando Francia decidió bloquear todas las carreteras que conectaban la entrada al Principado, en un amago de crisis diplomática; una “comedia de enredos” –decían- ante la amenaza, real, de una catástrofe nuclear provocada por los Estados Unidos y la URSS. Pero ahí Grace estuvo rápida. Ante la negativa de Rainiero a ceder, la actriz reconvertida a Princesa y Presidenta de la Cruz Roja, decidió ser cortés. Invitaría a “le grandeur” –así llamado De Gaulle- al anual baile de la Rosa, una de las fiestas más glamourosas del planeta. Él no podría resistirse, pese a que odiaba este tipo de actos. Su negativa agravaría el problema.

Princesa de Mónaco
Grace Kelly falleció en 1982 en un accidente de tráfico ©GettyImages

Y por eso acudió: la “broma masiva” del bloqueo, como escribió Le Monde, había quedado resuelta merced a las habilidades de la Princesa Grace. En parte, el problema, se había solucionado. A comienzos de 1963, el gobierno francés eliminó el bloqueo, aunque Argelia era ya independiente.