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Ghislaine Dommanget: de la comedia francesa y el espionaje a Princesa de Mónaco

Fue capaz de engatusar a un solterón como Luis II hasta convertirlo en su esposo

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Actriz

Ghislaine Dommanget formó parte, antes de casarse con Luis II de Mónaco, de la compañía artística de la prestigiosa actriz Sarah Bernhardt, representada en esta imagen

© Wikimedia Commons

Aunque nació en París será en Montecarlo donde esta actriz de origen plebeyo, alcance la gloria. Casada en dos ocasiones con anterioridad y madre de un hijo, su presencia era tan imponente que el entonces soberano de Mónaco cayó rendido ante su proverbial belleza. No importaba tampoco que fuese treinta años más joven. El Principado acababa de salir de la ocupación alemana como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial y recibía a su nueva Alteza Serenísima. En la familia nunca la aceptaron: la ilegítima hija del desposado siempre la vio con recelo y el joven Rainiero, decidió despojarla de todas sus prebendas.

Príncipe soberano de Mónaco entre 1922 y 1949
Luis II quedó fascinado por Ghislaine cuando la vio actuando en el teatro y se casaron cuando él rondaba los 80 años ©Wikimedia Commons

Era hija de un simple coronel francés. Ghislaine nació en 1900 en el París arrollador de principios de siglo en el que los tranvías y los cabarets inundaban de vitalidad la bulliciosa capital del Sena. En esa Tercera República, tan liberal y laica, todavía coleaban los últimos ecos del escándalo Dreyfus que había conmocionado la vida del país.

En pleno proceso de expansión colonial y mientras se escuchaban las canciones de Maurice Chevalier, Ghislaine crecía en un entorno militar marcado por los destinos de la familia y los recursos limitados. Aprendió artes marciales y recibió clases de interpretación. Pero ella era muy bella y arrollaba con su carácter; desenvuelta, ingenua, coqueta. Pronto, entró a formar parte de la compañía artística de Sarah Bernhardt.

Actor
El también actor André Brulé fue el segundo marido de Ghislaine y padre de su único hijo ©Wikimedia Commons

En 1923 contrajo matrimonio con un tal Paul Diey, mucho mayor que ella y del que rápidamente se divorció. Parece que fue por esas fechas cuando su propio padre decidió reclutarla para prestar, eventualmente, servicios en la inteligencia del ejército francés. Se trataba de espiar, de ver, oír y luego contar lo que se cocinaba en los salones del París. Ghislaine lo bordaba: enfundada en vestidos largos de color hueso y cola corta, conseguía sonsacar información a generales y aristócratas de la Europa de entreguerras. Contraía un segundo matrimonio con el también actor André Brulé con el que tuvo a su único hijo, Jean Gabriel, en 1934 y del que también se separó.

Fue en ese ambiente en el que conoció a Luis II de Mónaco, el soberano que había heredado la corona de su padre, el Príncipe Alberto I en 1922. Educado en Alemania debido al temprano divorcio de sus padres, de fuerte militarismo y aguerrido legionario en Argelia, se había mostrado indiferente al matrimonio, aunque no a los amoríos con una humilde lavandera, de nombre Marie Juliette Louvett. De esa relación nacería su única hija, Carlota, reconocida como legítima Grimaldi cuando la falta de descendencia amenazaba la integridad del minúsculo principado. Bajo el mandato de Luis II se crearía el equipo de fútbol y el estadio que lleva su nombre.

Luis II con su hija, Carlota, su yerno y su nieta
Las relaciones de Ghislaine con su familia política nunca fueron buenas (en la imagen, Luis II con su hija, Carlota, y su nieta) ©Wikimedia Commons

Luis conoció a Ghislaine en el teatro. Ella se había hecho muy popular por sus papeles en la “Comedia Francesa” y había llegado a Montecarlo para representar la obra L´Aiglon. Primero fueron amantes. Dicen que ella le espiaba. Eran los días de la Segunda Guerra Mundial. Mónaco se declaró neutral, aunque las simpatías del soberano por la Francia de Vichy del mariscal Petain eran evidentes. El Principado fue ocupado primero por los italianos y después por los alemanes. El país de los casinos y el juego, autorizó una orden de deportación de 90 judíos con dirección a campos de trabajo. Entre ellos René Blun, fundador de la tan glamourosa Ópera de Montecarlo. Mónaco fue liberado por las fuerzas aliadas a comienzos de 1944.

El romance entre Luis y Ghislaine ya no se ocultaba. Se casaron el 24 de julio de 1946. Ella era mucho más joven y aunque él rondaba los ochenta, la posibilidad de un embarazo complicaba la sucesión. Apenas un años antes, la ya legítima Carlota había sido designada Princesa heredera, aunque renunciaba a sus derechos en nombre de su hijo Rainiero. El bebé nunca llegó, pero Ghislaine Dommanget se había convertido en Princesa de Mónaco.

Anuncia la muerte de Luis II
Luis II fallecía tan solo dos años después de haber contraído matrimonio con Ghislaine Dommanget ©Archivo

La pareja pasaba la mayor parte del tiempo en su residencia de Marchais, cerca de París. Dos años después fallecía Luis II. Las relaciones con su familia política nunca habían sido buenas y apenas le dejaron un dormitorio en Palacio además de las joyas y regalos que había recibido. Los Grimaldi habían impugnado el testamento por lo que Ghislaine recibiría, sólo, una pequeña pensión del Gobierno.

La ya Princesa viuda de Mónaco se retiró a París. Volvió a escena y apenas se dejó ver en algún acto público del Principado, como el entierro de Grace Kelly, a quien Ghislaine dedicó sus Memorias. Murió en París en 1991.

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