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Augusta de Sajonia: primera Emperatriz del Imperio Alemán

Como resultado de la unificación, Augusta y Guillermo I fueron proclamados Emperadores

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Augusta de Sajonia

Augusta era hija del Gran Duque Carlos Federico de Sajonia, pero quien influyó en su educación fue su madre, María Paulovna, una mujer de carácter fuerte y nieta de la mismísima Catalina la Grande

© Wikimedia Commons

Pese a su regia cuna, pocos pensaron que la joven pudiese convertirse en soberana consorte de uno de los más grandes imperios europeos. Pero las políticas unificadoras y la mano de Bismarck estaban forjando la construcción de un nuevo mapa político. A Augusta le gustaba influir en la política, pero no las guerras. Por eso dedicó todos sus esfuerzos a socorrer a los soldados enfermos y heridos en los frentes de Metz o Sedám. Guillermo I nunca la amó, pero toda Prusia reconoció su labor asistencial en tiempos de revoluciones. No se entendió con su nuera -primogénita de Victoria de Inglaterra- y lloró la muerte prematura de su único hijo varón, Federico III. Pero, sobre todo se volcó en los cuidados a su nieto, el joven Kaiser Guillermo II que en 1888 asumía el trono Imperial.

Augusta de Sajonia, primera emperatriz del Imperio Alemán
Augusta era conocida en la corte por sus simpatías artísticas, científicas y progresistas ©Wikimedia Commons

Augusta nació en 1811 en Weimar como hija del Gran Duque Carlos Federico de Sajonia. Pero quien realmente influyó en la formación de su carácter fue su madre, María Paulovna de Rusia, nieta de la mismísima Catalina la Grande, de la que heredó un carácter fuerte y su interés por la política. Eran días de muchos cambios en Europa derivados del orden posterior a Napoleón y de la reorganización derivada del Congreso de Viena. Educada en la iglesia luterana, Augusta se presentaba como una buena candidata para contraer matrimonio con uno de los muchos príncipes de sangre de la época. El joven Guillermo, hijo segundón del entonces Rey de Prusia, parecía un pretendiente adecuado, aunque éste anduviese enamoriscado de una condesa polaca: tenía pocas opciones de convertirse en soberano, pues algún día su hermano Federico, heredaría el trono.

La boda de Augusta y Guillermo se celebró en 1829 en Berlín y los recién casados se establecieron en el Palacio de Charlottenburg. Tuvieron dos hijos, Federico y Luisa, a los que se educó en la disciplina militar propia de los Hohenzollern pese a las reticencias de Augusta, conocida en la corte por sus simpatías artísticas, científicas y hasta progresistas. Pero su perseverancia se hizo notar: su hijo Federico será también el primer heredero en recibir educación académica universitaria.

El espíritu romántico, el desarrollo industrial y los sentimientos nacionalistas despertaron el inicio de una era de cambios. Prusia, se había convertido en el reino más desarrollado de los muchos que conformaban la antigua Confederación Germánica, pero eran tiempos conflictivos y la llamada “primavera de los pueblos” –las revoluciones de 1848- desestabilizaba el marco político de Europa. Turín, Frankfurt, París…ardían en barricadas y pedían una monarquía constitucional. Durante unos meses, Augusta tuvo que trasladarse a Postdam y Guillermo, abandonar el país.

Fracasadas las asonadas liberales, a Guillermo le nombraron Gobernador de Renania y se fueron a vivir a Coblenza. Pero el fallecimiento de Federico sin hijos en 1861, convertía a Guillermo y Augusta en soberanos de Prusia. Desde entonces y de la mano de Bismark se aceleraría el camino a la unificación. “A sangre y a fuego”. Primero fueron los Ducados daneses, después Austria y finalmente el II Imperio Francés de Napoleón III. Augusta, que compartía los deseos de su esposo de crear una Alemania fuerte, discrepaba en el uso de la fuerza y dedicó sus esfuerzos a fomentar obras asistenciales en beneficio de los jóvenes soldados heridos en el frente.

Augusta de Sajonia y Guillermo I
Guillermo I nunca amó a quien fuera su esposa y la madre de sus dos hijos, Augusta de Sajonia ©Wikimedia Commons

En 1871, en el salón de los espejos del Palacio de Versalles, Guillermo fue proclamado Emperador de Alemania. Augusta era la nueva Emperatriz. Durante ese tiempo se acentuaron los problemas reumáticos que padecía y la llevaron a frecuentes curas de salud en Baden-Baden que la mantenían, por temporadas, distanciada de la corte. Así se alejaba de su nuera, Victoria “princesa real” y primogénita de la todopoderosa Victoria de Inglaterra, a la que acusó de influenciar a favor de los británicos cuando las tensiones con Reino Unido empezaban a ser evidentes. Por el contrario, arropó a la joven esposa de su nieto Guillermo, Augusta Victoria de Schleswig-Holstein, bisabuela de la Reina Sofía. En esos años de la Kulturkampf -de enfrentamiento entre secularismo y libertad religiosa- Augusta supo mostrarse tolerante con el catolicismo, lo que le valió reproches por parte de la clase política y el distanciamiento de Bismark, el auténtico hombre fuerte del Imperio.

Guillermo I fallecía en 1888. Su hijo Federico III se convertía en Emperador, aunque moría apenas unos meses después como consecuencia de un cáncer de garganta. Guillermo II –nieto de Augusta- era proclamado nuevo Kaiser. Eran los días de la llamada “paz armada”, de la industrialización y sobre todo de la militarización. Augusta era una mujer mayor que había vivido en primera persona la transformación de Europa a lo largo de casi un siglo de historia. Tenía setenta y ocho años. Fallecía el 7 de enero de 1890 a causa de una afección respiratoria complicada tras una gripe.