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Luisa María de Orleans: primera Reina de los belgas

Tras su matrimonio con Leopoldo I en 1832, se convirtió en Reina de la nueva nación

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Reina de los belgas

Luisa María de Orleans era descendiente de los Borbón y los Habsburgo, las dos dinastías de mayor abolengo en Europa

© Imagen cedida por Wikipedia

Hija de Luis Felipe de Orleans, hermana del Duque de Montpensier y madre de la Emperatriz Carlota de México. Por sus venas corría la sangre de los Borbón y los Habsburgo, las dos dinastías de mayor abolengo en Europa. Su vida representa un tiempo de cambios marcados por las olas liberales que transformarán la configuración política del viejo continente. El suyo fue un matrimonio de conveniencia, pero su descendencia iba a dejar su estela en todas las Cortes reinantes.

Reina de los belgas
Su padre, Luis Felipe de Orleans, fue proclamado Rey de los Franceses ©Wikimedia Commons

Luisa María nació en Palermo en 1812. Eran días de guerras y revoluciones en los que la figura de Napoleón Bonaparte cambiaba a su antojo, las fronteras y los Reyes de las antiguas monarquías absolutistas. Hija de Luis Felipe de Orleans y de María Amelia de Borbón Dos Sicilias, sus padres vivían en el exilio a la espera de que Francia pudiese recuperar la legitimidad dinástica usurpada por el Emperador. Luisa María se educó bajo la férrea vigilancia tradicional y la disciplina católica impuesta por su madre, que le supo transmitir un apego familiar inusual en la época.

Terminado el periodo revolucionario y fracasados los intentos de restauración borbónica en Francia, su padre era proclamado Rey de los franceses, comenzando un periodo de marcado carácter liberal y burgués. Luisa pasaba a convertirse en Princesa de Francia.

Los cambios territoriales consecuencia del influjo napoleónico estaban transformando el mapa político. En 1830, Bélgica conseguía la independencia de los Países Bajos y proclamaba a Leopoldo de Sajonia-Coburgo -duque de uno de los Estados alemanes previos a la unificación- como monarca: se establecía así una nueva dinastía reinante. La joven princesa Orleans, se presentaba como una buena candidata para desposar al nuevo Rey, viudo de su primera esposa, Carlota Augusta de Gales, una Hannover con la que no había tenido descendencia. Luisa era joven, católica, bien instruida y pertenecía a una regia familia que podía engrandecer los aires de oropel de la nueva dinastía belga.

Reina de los belgas
El matrimonio de María Luisa de Orleans y Leopoldo I fue concertado, pero siempre mantuvieron una convivencia cordial y fueron buenos amigos ©Wikimedia Commons

El matrimonio se celebró en el Palacio de Compiègne el 9 de agosto de 1832 y, aunque fue un matrimonio de Estado, mantuvieron una convivencia cordial. Se establecieron el castillo real de Leaken, aunque pasaban temporadas en Amberes y en Bruselas, con idea de hacer frente a los intentos neerlandeses por recuperar el afecto de sus antiguos territorios: querían ganarse las simparías de la aristocracia belga que se mantenía orangista. El matrimonio tuvo cuatro hijos y llevaron una vida familiar tranquila.

Luisa mantenía frecuente correspondencia con sus padres Luis Felipe y María Amelia. La Reina cuidó personalmente a sus hijos y conversaba con su esposo sobre su educación de los príncipes: eran buenos amigos. Entre ellos siempre hablaron en francés o en alemán. Frank Winterhalter, el más importante pintor de la época, la retrató en toda su majestuosidad.

Familia real belga
La Reina era quien se encargaba directamente de la educación de sus hijos ©Wikimedia Commons

En esos años Bélgica se amoldó a los nuevos aires liberales que triunfaban en Europa y empezó a convertirse en un país próspero, industrializado y con importante flujo comercial con la Gran Bretaña. En su intento de acrecentar los intereses políticos de Bélgica, Leopoldo I concertó el matrimonio de su sobrino Alberto con la joven Reina Victoria de Inglaterra y el de su hija, Carlota, con el Archiduque Maximiliano de Habsburgo, llamado a convertirse, un día, en Emperador de México.

La Reina Luisa María de Orleans falleció prematuramente en Ostende, el 11 de octubre de 1850. “Imposible es describir el dolor que ha experimentado toda Bélgica con la reciente pérdida de la virtuosa Reina”, leemos en El Heraldo (19 octubre 1850). Tenía treinta y ocho años. Dios, el Rey y sus hijos habían sido sus últimos pensamientos. Su sucesora en el trono de los belgas será María Enriqueta de Habsburgo, esposa de su hijo Leopoldo II.