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La Mona Lisa resuelve uno de sus interrogantes: ¿por qué la del Louvre sí sonríe y la del Museo del Prado no?

La respuesta la encontramos en la técnica del ‘sfumato’ que empleaba Leonardo da Vinci

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Leonardo da Vinci

Ambas obra salieron del taller florentino de Leonardo da Vinci, pero están ejecutadas por personas distintas

© GettyImages

Pocos saben que se trata de ‘El retrato de Lisa Gherardini’, la mujer de Francesco del Giocondo. A lo largo y ancho del planeta es conocida como ‘La Gioconda’ y, sobre todo, como ‘La Mona Lisa’. El cuadro de Leonardo da Vinci ha cautivado al mundo del arte desde el Renacimiento por el halo de misterio que lo envuelve con especial foco en esa enigmática sonrisa. Un gesto que ha generado numerosas preguntas para las que hay pocas respuestas: ¿por qué la Mona Lisa del Louvre sonríe y la del Museo del Prado no?

Por si todavía quedan dudas sobre la mueca de Lisa Gherardini, un grupo de neurocientíficos de la Universidad de Ámsterdam la sometió a diversos programas de reconocimiento emocional que buscan diferencias entre una expresión neutra y cualquier gesto del rostro. Los resultados no dejan lugar para las dudas: muestra un 83 por ciento de felicidad, un nueve por ciento de disgusto, un seis por ciento de temor y un dos por ciento de enfado.

Mona Lisa
Pocos saben que, en realidad, es ‘El retrato de Lisa Gherardini’, la mujer de Francesco del Giocondo ©GettyImages

La técnica del ‘sfumato’

Entonces, ¿por qué hay tanto debate en torno a su sonrisa? José T. Boyano, profesor asociado de Psicología de la Universidad de Málaga, responde en un artículo publicado en The Conversation. Los ojos de un ser humano tienen dos tipos de visión: central y periférica. La central tiene mayor resolución, percibe detalles concretos y, además, reconoce frecuencias espaciales altas (las líneas y los contrastes más fuertes). La periférica ve grandes áreas y se centra en las frecuencias bajas de las zonas borrosas.

Leonardo da Vinci utilizó la técnica del ‘sfumato’ para definir la sonrisa de la Mona Lisa: aplicó suaves pinceladas para lograr un gesto tan sutil. Por esta razón, la visión central de los ojos humanos no detecta la mueca porque no está definida: solo la podemos reconocer con la visión periférica, es decir, mirando la obra de reojo. Si la observamos de frente únicamente veremos una mujer con los labios contraídos que no parece sonreír.

Mona Lisa
La obra que está en Madrid correspondería a un discípulo de Loeonardo y la habría ejecutado bajo su supervisión ©GettyImages

La Mona Lisa del Museo del Prado

Esta explicación, no obstante, no vale para la Mona Lisa que cuelga de las paredes del Museo del Prado. Una y otra salieron del taller que Leonardo da Vinci tenía en Florencia, pero la obra que está en Madrid correspondería (según la restauradora Ana González-Mozo) a un discípulo cercano al artista italiano, que la habría ejecutado bajo su supervisión.

A pesar de que no fueron los mismos pinceles los que dieron forma a ambos retratos, la ausencia de esa misteriosa sonrisa se explica, una vez más, a través del ‘sfumato’. Leonardo no había desarrollado esta técnica cuando su alumno dio forma a la Mona Lisa de la pinacoteca madrileña: la transición de las sombras empleadas para la boca es menos suave y esto da lugar a un semblante más serio.