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Carlota de Luxemburgo: la Gran Duquesa que desafió al nazismo

Segunda hija del Gran Duque Guillermo IV de Luxemburgo, se casó con Félix de Borbón-Parma y se convirtió en una de las soberanas más carismáticas del siglo XX

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Carlota de Luxemburgo

Fue la segunda hija del gran duque Guillermo IV de Luxemburgo.

© commons.wikimedia

Nadie pensaba que su destino estaría al frente del pequeño estado de Luxemburgo. Pero las circunstancias de Europa tras la Gran Guerra la llevaron a su proclamación como Gran Duquesa en 1919. Desde ese momento se ganó el respeto y admiración de todo su pueblo: combatió desde el exilio la ocupación nazi y a su regreso, supo capitanear la reconstrucción de un país devastado tras la batalla de las Ardenas. Ella y su marido, Félix de Borbón-Parma, vieron como Luxemburgo se transformaba en un país en expansión económica. Guapa, elegante y amante de los diseños de Lanvin, se convirtió en una de las soberanas más carismáticas del siglo XX sin descuidar, nunca, su carácter cercano y afición a la jardinería.

Carlota de Luxemburgo
Se convirtió en monarca de Luxemburgo tras la abdicación de su hermana, la Gran Duquesa María Adelaida el 14 de enero de 1919 ©commons wikimedia

Carlota de Nassau era la segunda hija del Gran Duque Guillermo IV de Luxemburgo y de María Ana de Braganza. Nació en 1896 en el castillo de Berg, durante el reinado de su abuelo Adolfo, para muchos, fundador de la dinastía surgida tras la separación de los Países Bajos. Carlota, al igual que su hermana María Adelaida, se educó bajo la supervisión fervientemente católica de su madre y a la espera del nacimiento de un heredero varón que nunca llegó: los soberanos tuvieron seis hijas que hicieron necesario el cambio de la Ley de Sucesión. La primogénita accedió al trono en 1912 aunque como consecuencia de su implicación pro-germana durante el curso de la Primera Guerra Mundial, Adelaida se vio forzada a abdicar en su hermana Carlota, si querían –decían algunos- salvar la Monarquía. Era el 14 de enero de 1919, tenía 23 años, una deslumbrante belleza y estaba a punto de contraer matrimonio con el príncipe Félix de Borbón-Parma. El “interés de mi pueblo ante todas las cosas” sería su lema.

La pareja estableció su residencia en el Palacio Gran Ducal y pronto vieron ampliada la familia con el nacimiento del primero de sus hijos, Juan. Luxemburgo era una monarquía constitucional y parlamentaria, que durante estas décadas había aprobado una legislación social ejemplar. El pequeño Gran Ducado fortalecía su personalidad internacional de la mano de su potente industria siderúrgica. Fueron días de prosperidad y expansión económica que iban a verse amenazados por la expansión nazi. El 10 de mayo de 1940, los carros de combate alemanes entraban en Luxemburgo y la Familia Ducal se marchaba al exilio. Primero Francia. Pero el avance imparable de los nacional-socialistas les llevó a tener que atravesar España para embarcar en Portugal, rumbo a Inglaterra. Establecieron su residencia en Londres y Carlota utilizó la cobertura que le ofrecía la BBC para animar a sus compatriotas a la libertad y la independencia. Igual que De Gaulle. Todas sus alocuciones comenzaban con un sentido “Queridos luxemburgueses…”. Carlota y Félix se implicaron directamente en la lucha contra Hitler y no dudaron en viajar a Estados Unidos para solicitar a Roosevelt su intervención en la Guerra. Sus hijos que quedaron en territorio americano y ellos volvieron a Reino Unido para seguir alentando a la resistencia.

Félix de Luxemburgo
El 6 de noviembre de 1919, se casó con su primo hermano, el príncipe Félix de Borbón-Parma ©commons wikimedia

A finales de 1944, Luxemburgo era liberado por las tropas aliadas. El norte había quedado devastado tras la batalla de las Ardenas. El 14 de abril de 1945, la Gran Familia Ducal regresaba a su país en loor de multitudes. Queridos, admirados y profundamente respetados. Tocaba reconstruir el país hasta convertirlo en uno de los motores de la nueva Europa. Luxemburgo se integró como miembro de la C.E.C.A. (Comunidad Europea del Carbón y del Acero) y tras el “Tratado de Roma” tuvo que modernizar su industria y transformar la agricultura emprendiendo trabajos de infraestructuras en el campo de la producción energética. Durante todo este tiempo, los Grandes Duques representaron a su país en el plano internacional y se mostraron, siempre, cerca de los suyos.

En 1964, Carlota de Nassau abdicaba en su primogénito Juan, padre del actual soberano. Josefina Carlota de Bélgica –hermana de Balduino y Alberto- pasaba a ser la nueva soberana consorte. Carlota y Félix se trasladaron al castillo de Fischbach, a veinte kilómetros de la capital. Félix de Borbón-Parma falleció en 1970. La Gran Duquesa Carlota le sobrevivió quince años. Moría en 1985 víctima de un cáncer. El país entero se vistió de luto para despedir a todo un símbolo de la libertad e independencia para el pueblo luxemburgués.