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Genie Wiley, la niña que paso diez años confinada en su casa

Las autoridades detuvieron a su padre y a su madre por un delito de negligencias infantiles

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Portrait of Genie Wiley

En la actualidad apenas hay información sobre ella y parece que estaría viviendo en un centro para personas con necesidades

© GettyImages

En una casa ubicada Temple City, en las afueras de Los Ángeles, vivía la familia Wiley formada por Clark y Dorothy hasta que, en abril de 1958, vino al mundo su hija. Lo hizo en el seno de una familia muy pobre para la que llegar a final de mes era muy complicado: tan grave era la situación que no se podían hacer cargo de la pequeña. Esta es la historia de por qué Genie Wiley pasó diez años encerrada.

Las cosas empeoraron cuando la llevaron al médico: tenía un año y seis meses, pero no había aprendido a andar ni a hablar. El pediatra les comunicó que el desarrollo de Genie (nombre ficticio con el que se conoce a la protagonista de esta historia) era más lento de lo habitual debido a un problema: razón por la que el padre pensó que los servicios sociales podrían quitarles a la niña… y la encerró.

Pasó diez años sin salir de su habitación: comía cuando su padre le daba lo poco que conseguía, no se relacionaba con nadie y tampoco iba al colegio como el resto de niños. La madre tenía un problema de ceguera y, además, sufría maltratos: una situación que la impedía tomar las riendas de la situación. Pasados los años, Dorothy consiguió llevar a Genie hasta una oficina de servicios sociales. A sus trece años no podía hablar, ni caminar, tampoco podía enfocar sus ojos ni extender sus extremidades y tenía incontinencia.

Casa de Genie Wiley
Pasó diez años sin salir de su habitación y comía cuando su padre le daba lo poco que conseguía ©Pantallazo de Mirror

Ligera mejoría

Fue en busca de ayuda, pero, inevitablemente, las autoridades la detuvieron junto a su marido por un delito de negligencias infantiles: Clark se quitó la vida antes de llegar al juicio. En aquel momento, Genie no sabía relacionarse y apenas conocía veinte palabras: comenzó un periplo por centros de menores y hospitales hasta que los tratamientos hicieron efecto y la mejoría empezó a ser visible.

Aprendió a masticar, a ir al baño y a vestirse. Amplió su vocabulario, le enseñaron en lenguaje de signos, comenzó a jugar y fue capaz de dibujar figuras para comunicar lo que no podía expresar con palabras. El problema es que los fondos que el Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH) había donado para su tratamiento se agotaron y no pudo seguir adelante.

Genie pasó por varios hogares transitorios y por diferentes centros sanitarios hasta que regresó a casa de su madre, pero Dorothy era incapaz de hacer frente a todos los gastos y su hija volvió a manos del Estado. Casi nada se sabe de ella hoy en día aparte de que tiene 63 años y podría estar viviendo en un centro de ayuda para personas con necesidades.