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María Adelaida de Luxemburgo: la Gran Duquesa que ingresó en un convento carmelita

Su indulgencia con Alemania durante la Primera Guerra Mundial hizo que tuviese que abdicar en su hermana Carlota

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Por CRISTINA BARREIRO
María Adelaida de Luxemburgo

No había cumplido los dieciocho años cuando en febrero de 1912 falleció su padre y fue proclamada oficialmente Gran Duquesa de Luxemburgo

© Wikimedia Commons

Se convirtió en Gran Duquesa de Luxemburgo cuando aún no había cumplido los dieciocho años. Muy católica y profundamente conservadora, tuvo que hacer frente a la neutralidad de su país ante el inicio de la Gran Guerra. Pero sus simpatías por el Kaiser hicieron que se tambalease la corona una vez terminado el conflicto y forzaron su abdicación. Era la más guapa de las seis hijas de María Ana de Braganza, aunque permaneció soltera. Una vez liberada de la responsabilidad del gobierno decidió tomar los hábitos e ingresar en un convento carmelita.

Adelaida de Anhalt-Dessau, Gran Duquesa de Luxemburgo, con su nieta María Adelaida
En la imgen, María Adelaida, cuando era niña, junto a su abuela, Adelaida de Anhalt-Dessau, la primera Gran Duquesa de Luxemburgo ©Wikimedia Commons

María Adelaida era la primogénita del Gran Duque Guillermo IV de Luxemburgo y la princesa portuguesa María Ana. Nació en 1894 el castillo de Berg, residencia vetusta de la gran familia ducal. Según habían convenido sus padres, sería educada -al igual que sus cinco hermanas- en la fe católica, religión mayoritaria entre la población de este diminuto estado europeo pero que, hasta la fecha y desde su independencia de Holanda en 1890, había mantenido el protestantismo.

Creció en un ambiente conservador y muy piadoso que se resentía del nacimiento de un heredero varón: en el Gran Ducado de Luxemburgo, la existencia de una Ley Sálica excluía a la mujer de los derechos sucesorios por lo que, ante el nacimiento continuado de niñas, el Gran Duque Guillermo solicitó a la Cámara de Diputados una disposición que posibilitase el acceso femenino al trono. De este modo, en 1907 y en un momento en el que la enfermedad progresiva del soberano comenzaba a hacerse evidente, la joven María Adelaida –que llevaba el mismo nombre que su abuela- era proclamada heredera. Desde entonces, comenzó un periodo de formación acorde con su futuro rango, aunque también se empezaron a barajar nombres de posibles “matrimoniales” que pudiesen acompañar a la joven en sus tareas de gobierno. Pero nunca se casó.

No había cumplido los dieciocho años cuando en febrero de 1912 falleció su padre y fue proclamada oficialmente Gran Duquesa de Luxemburgo. Sin embargo, será su madre, la carismática María Ana de Braganza –hija del exiliado Rey Miguel I de Portugal-, quien desempeñe una breve regencia hasta que María Adelaida pudiese hacer efectivo su reinado, con el cumplimiento, en junio de ese año, de la edad reglamentaria para ello.

María Adelaida de Luxemburgo
Era la más guapa de las seis hijas de María Ana de Braganza y, aunque pronto se barajaron varios ‘matrimoniales’, nunca se casó ©Wikimedia Commons

Desde entonces, la nueva Gran Duquesa decidió participar activamente en la política, respetando el modelo parlamentario, pero dejando muestras claras de sus posicionamientos conservadores en un tiempo de máximas tensiones territoriales en Europa. Un artículo de la periodista malagueña Carmen de Burgos, la célebre Colombine, en 1912, la definía como “de fisionomía graciosa y expresiva, con dominadora dureza en el rictus de los labios, mientras una mirada reflexiva y triste baña sus dulces ojos claros” (Heraldo de Madrid, 24 abril 1912).

Luxemburgo tenía un estatus neutral cuando en el verano de 1914, comenzó la Primera Guerra Mundial. ¿Qué debía hacer María Adelaida?, ¿expulsar a las tropas del Kaiser?, ¿permitirles quedarse? Optó por la segunda opción en una decisión que terminará costando caro tanto a Luxemburgo como a la propia soberana. Una vez terminado el conflicto con la derrota de los Imperios Centrales, muchos echaron en cara la condescendencia que la Gran Duquesa había mantenido con Guillermo I. En el país se empezaron a escuchar voces a favor de una República igual que estaba ocurriendo en tantos tronos europeos. Liberales y socialistas llegaron incluso a declarar el estado como una República, pero la aceptación de la aprobación en la Cámara de la abdicación de María Adelaida por 30 votos contra 19, salvó la Monarquía. Su hermana, la majestuosa Carlota de Nassau comenzaba su mandato mientras que la Gran Duquesa destronada decidía ingresar como religiosa en un convento.

María Adelaida de Luxemburgo
En 1920 María Adelaida tomaba los hábitos en la Orden de Santa Teresa en Módena, Italia, como sor María de los Pobres ©Wikimedia Commons